Pocos consensos en una nueva reunión de la Liga Árabe

Adriano Bosoni *   | 31/03/2009 - 13:13 |  | Enviar por e-mail |
La Liga Árabe y M. Abbas - Imagen: Agencia AFP
En un rincón, los países “moderados”. En el otro, los “extremistas”. El resultado: una cumbre de Estados árabes que, como se preveía, estuvo marcada por el disenso y no logró acuerdos sustanciosos. Paradójicamente, el único punto en que los gobernantes islámicos pudieron acercar posiciones fue el apoyo unánime a Omar al Bashir, el controvertido mandatario sudanés que fue recientemente acusado por la Corte Penal Internacional (CPI) por presuntos crímenes de guerra en Darfur.

Los pronósticos para la XXI cumbre de la Liga Árabe, celebrada este lunes en Qatar, no eran auspiciosos. Los líderes allí convocados llegaban a la reunión enemistados por diversos asuntos, algunos antiguos y otros más recientes. Tal era el clima de disenso que el cónclave finalizó el mismo lunes, cuando originalmente se esperaba que concluyera al día siguiente.

Uno de los episodios que más dividió las aguas en los últimos tiempos fue la dispar actitud que los gobernantes islámicos tuvieron ante el reciente recrudecimiento del conflicto palestino-israelí. Las naciones “moderadas”, encabezadas por Egipto y Arabia Saudita, apoyan al líder de Al Fatah, Mahmud Abbas. Estos países miran con recelo el contacto estrecho que algunos de sus colegas, como Siria y Qatar, mantienen con Hamás, la facción palestina que actualmente gobierna la Franja de Gaza.

Más aún, denuncian que detrás del vínculo con la organización extremista palestina se esconde la influencia de Irán, un país no árabe cuyo creciente peso político en la región despierta cierto escozor en sus vecinos. En este contexto, la ausencia del presidente egipcio Hosni Mubarak en la cumbre ilustra de modo contundente la ruptura que actualmente tiene lugar en el seno de la Liga. Egipto pretende consolidar su liderazgo natural entre la comunidad árabe, y no ve con buenos ojos la creciente injerencia de actores considerados externos.

Así las cosas, el documento final de la cumbre apenas pudo esbozar una condena a la “brutal agresión” israelí contra Gaza, pedir la reconciliación entre Hamás y Al Fatah y reclamar el fin del “injusto bloqueo” que la Franja sufre desde 2007. Como en otras oportunidades, la Liga insistió en la propuesta que presentó en 2002, que establece que para pacificar la región Israel debe retirarse de los territorios árabes ocupados en 1967.

En rigor, el episodio más destacado de la jornada fue el apoyo unánime a Al Bashir. A comienzos de marzo, la CPI emitió una orden de arresto contra el mandatario en razón de supuestos crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco del sangriento conflicto en Darfur. Desde entonces, al Bashir no sólo se ha mostrado despreocupado por la acusación, sino que incluso ha visitado varios países de la región y participó de la cumbre en Doha. En su declaración final, la Liga Árabe estableció que “respaldamos a Sudán en todo lo que pueda afectar su integridad, unidad y estabilidad” y prometió millonarias ayudas al país africano.

Pero además de esta victoria política, el líder sudanés se anotó un triunfo simbólico. Mucho se especuló respecto de la presencia del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, en Qatar, especialmente luego de la expulsión de las ONG que prestan servicios en Darfur. De modo estoico, el diplomático coreano debió presenciar el recibimiento con honores que tuvo el dictador africano y ser testigo de la declaración conjunta en defensa de la “soberanía” sudanesa.

Por otra parte, la cumbre sirvió de escenario para una nueva puesta en escena del líder libio, Muammar al Gaddafi, quien interrumpió la ceremonia inaugural para increpar al rey saudita Abdalá Bin Abdelaziz. Ambos dirigentes mantienen una relación fría desde 2003, cuando el libio acusó al saudita de haber asistido a Estados Unidos en la antesala de la primera Guerra del Golfo. Horas más tarde, Gaddafi se reunió a solas con el monarca para saldar diferencias.

Finalmente, con la llegada de los principales presidentes de Sudamérica la XXI cumbre de la Liga Árabe derivó, este martes, en la II Cumbre de Presidentes de América del Sur y los Países Árabes (ASPA). Dicho foro de encuentro tiene, entre otros objetivos, la meta de profundizar los lazos entre ambas regiones y dar impulso al floreciente comercio Sur-Sur, que en los últimos tiempos se ha incrementado de forma sustancial. Entre las figuras más destacadas que participaron de la reunión se encuentran los mandatarios de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; de Argentina, Cristina Fernández; y de Venezuela, Hugo Chávez.

Queda claro entonces que las naciones árabes aún tienen un largo camino por recorrer, y que serán necesarios muchos más encuentros si pretenden alcanzar posiciones comunes sólidas. Desafíos de larga data, como el conflicto palestino-israelí, y otros más recientes, como la creciente influencia de Irán en Medio Oriente y el flamante gobierno de derecha en Israel, requieren consensos que vayan más allá de las declaraciones formales que caracterizan a este tipo de cumbres y que logren acuerdos profundos y sustentables.

* Editor General de Observanto. Licenciado en Periodismo (Universidad del Salvador, Argentina) y Master en Relaciones Internacionales (Università di Bologna, Italia). Realizó cursos de posgrado sobre instituciones políticas y desarrollo económico. Posee amplia experiencia en prensa gráfica, radiofónica y digital, y escribe asiduamente columnas de análisis y opinión. En 2009 publicó el libro “La Unión Europea y sus instituciones”. - Contacto: abosoni@observanto.net

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