Crisis e interdependencia: Mercosur en la encrucijada

Ignacio Iglesias *   | 19/06/2016 - 18:48 |  | Enviar por e-mail |
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Aprobado el mecanismo constitucional de impeachment, Brasil entra en un proceso desconocido para su política doméstica que provoca un impacto directo sobre su posición en el esquema internacional, y más aún, sobre las relaciones exteriores argentinas y su flujo comercial con el Brasil.

Luego del escandaloso debate en la Cámara de Diputados, del que gran parte de nuestra población fue observadora, el ‘si’, es decir, la aprobación por parte de los congresistas del inicio del juicio político, triunfó ante el ‘no’. Lo mismo sucedió días atrás, cuando la Cámara de Senadores de Brasil concluyó que Dilma Rousseff debería ser desplazada de sus funciones por 180 días, para comenzar el debido procesamiento –que también será llevado a cabo por la cámara alta-. Esta situación lleva a replantearnos si los sistemas políticos están mutando hacia un nuevo modelo de cogobierno, entre el Poder Judicial y el Poder Legislativo, perdiendo así peso la democracia electiva.
Diversos autores han indagado acerca de los fenómenos de interdependencia en la política internacional. Sin embargo, en la situación de América Latina es posible ahondar aún más para catalogar distintos regímenes internacionales, donde resalta el Mercosur y la Alianza del Pacífico, como de interdependencia compleja. Esta teoría, desarrollada por Robert Keohane y Joseph Nye, establece que las relaciones entre los Estados son, además de político-militares, económicas.
La región atlántica de América Latina, anclada en el Mercosur como principal motor comercial en términos de integración, puede sufrir un importante golpe con los desfasajes internos del Brasil, principalmente en los términos de intercambio y en la confianza y credibilidad que proyecta. "En esta relación, la asimetría generada en los últimos diez años entre el crecimiento económico y social brasileño y el argentino –con un saldo a favor de los primeros- puede ser determinante. La economía brasileña, a pesar de haber sido víctima de una importante recesión en 2014 y de políticas de ajuste de 2015 –situaciones que provocaron marcados descontentos populares- muestra tasas sostenidas de evolución en su PBI desde 1999 hasta el año 2013, siendo muy superiores a las de nuestro país2. Si bien esta situación puede ser normal -ya que en la variable intervienen implícitamente la cantidad de habitantes el crecimiento de la economía brasileña fue exponencialmente superior al de la argentina, demostrado no sólo en el valor superior de su PIB, sino también en el sólido incremento de éste, frente al argentino, que sufrió un decaimiento en los años 2007-2008 en su espiral ascendente.
La política exterior argentina, que fue la primera en reconocer la legitimidad del impeachment, tiene frente a sí una doble jugada –tentativa cuanto menos-: Por un lado, tiene ante sí la decisión de intentar desplazar a Brasil como líder regional del Mercosur, aplicando en este caso la cláusula democrática (que años atrás fue utilizada debido al juicio político del que fue objetivo Lugo en Paraguay), adjudicando que Brasil debe ser excluido del régimen internacional por la “ruptura del orden democrático”, congelando así una relación de amistad entre los dos países, que fue consolidándose con el paso de los años, desde mediados de la década de 1980. Esta opción encuentra sus limitaciones a partir de la teoría de la interdependencia compleja, con un ejemplo de crucial importancia. Argentina, sin Brasil como socio de mercado, se volvería altamente sensible al impacto que tendría en la relación entre ambos países la industria automotriz. En ésta hipotética instancia, nuestro país no sería capaz de abastecerse, tanto a sí mismo como al mercado del Mercosur, debido a su insuficiente desarrollo en manufacturas de esta rama industrial. El desarrollo de su industria en general, y de la rama automotriz en particular, enarbola a Brasil como líder regional en este tipo de producción, por lo que su lugar en el comercio suramericano lo convierte en un Estado hegemónico en cuanto al fluir económico, del que, en el ejemplo citado, Argentina no podría hacerse cargo debido a su escasa capacidad de respuesta.
Por otro lado, el gobierno argentino puede sostener su vínculo con el gobierno brasileño a pesar del cambio en la presidencia, que necesitará de una redefinición de las relaciones, reconociendo el proceso de impeachment pero dejando de lado la herramienta de la cláusula democrática. El Mercosur podría así continuar con su funcionamiento, y las relaciones bilaterales entre ambos países líderes en este bloque comercial (y obviamente político) no se verían deterioradas. Siguiendo el análisis de Keohane y Nye, el Mercosur reafirma la idea de la interdependencia compleja, generando un clima de mayor desarrollo y menor conflicto. A su vez, se vuelve importante destacar el concepto propuesto por los autores de canales múltiples. Con el ascenso al poder de Michel Temer en Brasil, de la mano de un reacomodamiento ministerial, se vuelve menester para la política exterior de ambos países la regeneración de relaciones no solo interestatales, sino también de relaciones transinternacionales y transgubernamentales, es decir, la creación o reafirmación de interagencias que trasciendan las Cancillerías. De este modo, nutrir el Mercosur -y no destruirlo perdiendo un socio vital- se convierte en objetivo primario para el Gobierno argentino en este duro proceso político interno que atraviesa Brasil. Sostener el régimen internacional facilita la formación de acuerdos mutuamente beneficiosos, además de que estimula la confianza construida a base de largas discusiones diplomáticas.
El riesgo más grande, entonces, gira en torno a la estabilidad política que adquiera Brasil tras el crítico proceso interno que sufre su Estado. Los nexos construidos con el mundo, específicamente con sus socios regionales, pueden verse deteriorados, principalmente en lo que los teóricos realistas definirían como prestigio. Por otra parte, una marcada caída en el registro económico brasileño, implicaría un saldo negativo para el Mercosur, ejemplificado en la reiterada frase de que “si Brasil estornuda, Argentina tiene neumonía” mencionada por la Canciller Malcorra. El devenir de la política brasileña será así observada desde cerca por un Mercosur que sabe que suspender al líder regional puede acarrear problemas, incurriendo en costos altos de transacción e información con un Brasil como negociador bilateral y no como socio dentro del régimen que le otorga principios, normas, reglas y procedimientos de toma de decisión, alrededor de los cuales convergen sus expectativas.

* Licenciado en Ciencia Política, Universidad de Buenos Aires (Argentina)

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