¿El principio del fin? La muerte de Alfonso Cano y el conflicto colombiano
Luis Fernando Pacheco
*
|
10/11/2011 - 01:47 |

|

|
Alfono Cano con barba - Imagen: El espectador
La primera semana de noviembre las Fuerzas Armadas de Colombia abatieron al jefe máximo de las FARC, Guillermo León Saenz alias “Alfonso Cano”, en una impecable operación militar denominada Odiseo, en territorio rural del sur-occidente del país.
Cano, vinculado al grupo guerrillero desde la década de los ochenta y proveniente de la Juventud Comunista, era catalogado como “el intelectual” del grupo armado. En 2008, tras la muerte del fundador de la Guerrilla, Manuel Marulanda Vélez alias “Tirofijo”, Alfonso Cano había asumido el mando de la organización armada hasta la semana pasada. Al día de la publicación de este artículo, no es claro quién será su sucesor.
La muerte de Cano es un triunfo más para el gobierno de Juan Manuel Santos. Las principales operaciones militares que han traído ciudadanos a la libertad o que han dado de baja importantes cabecillas del Grupo Armado se dio durante su gestión, como Ministro de Defensa primero y como Jefe de Estado después. Sin embargo, la pregunta realmente importante es: ¿verdaderamente estamos frente al principio del fin del conflicto armado más crudo de Sudamérica?
Quizá antes de dar respuesta a esta pregunta valga la pena un brevísimo análisis histórico…
De la selva a Caracas, del Caguán a una morgue
Cano acompañó los principales momentos del accionar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), se sumó a ellas en los difíciles momentos de la década de 1980 cuando el narcotráfico empezaba a permear la rancia oligarquía política colombiana. Las dictaduras empezaban a colapsar en todo el continente y el Gobierno percibía a las guerrillas por primera vez como una amenaza a la estabilidad nacional de Colombia, el país que hasta ese momento se preciaba de ser la democracia más estable de Latinoamérica.
Por ende, Alfonso Cano, intelectual y burgués de origen, empezó a tener relevancia en los procesos de paz que se desarrollaron entre 1985 y 1992 entre los gobiernos de Belisario Betancourt, Virgilio Barco y Cesar Gaviria Trujillo. Vocero de Manuel Marulanda Vélez en las negociaciones que el grupo emprendió en Caracas en 1992, se destacó por un perfil inteligente y sumamente argumentativo, sin dejar de lado un carácter testarudo que se negó a negociar cualquier acuerdo que no fuese estructural. Dos hechos precedentes marcarían el fracaso de las negociaciones: el exterminio de las guerrillas desmovilizadas en 1989 y agrupadas en el movimiento democrático Unión Patriótica UP, y la promulgación de la nueva Constitución Política de 1991, proceso del cual las FARC se habían marginado.
Cano continuó visibilizándose como un elemento importante al interior de la estructura de las FARC, tesis que se afianzaría en los fallidos diálogos de San Vicente del Caguán, gestionados por el gobierno de Andrés Pastrana Arango en 1999.
Resulta paradójico que la prensa colombiana registre imágenes de Cano y otros importantes líderes de la Guerrilla (hoy abatidos o huyendo) en medio de los diálogos eufóricos y magnánimos del proceso de negociación. Entonces eran vistos con expectativa por un pueblo que esperaba que las negociaciones pusieran fin a años de barbarie. Sin embargo, los diálogos fracasaron en medio de la pérdida de credibilidad de las FARC que habían llegado a secuestrar en pleno vuelo al Presidente de la Comisión de Paz del Congreso, el liberal Jorge Eduardo Gechem, el cual recién recuperaría la libertad en 2007 bajo las gestiones del gobierno del mandatario venezolano, Hugo Chávez Frías.
Con la asunción de Álvaro Uribe Vélez en 2002 la guerrilla empezó un “camino en descenso”, la política de seguridad democrática partió de un trabajo armónico y eficaz de todas las Fuerzas Armadas que permitieran golpes certeros a la estructura de las FARC. Los resultados se empezaron a ver: Raúl Reyes, Iván Márquez y la liberación de 13 secuestrados, incluyendo a Ingrid Betancourt y los tres contratistas estadounidenses en cautiverio fueron los más significativos. Manuel Marulanda Vélez, líder político y fundador de las FARC, moría en la selva a causa de la avanzada edad.
El nuevo Gobierno, en cabeza del Ex Ministro de Defensa, artífice de los principales golpes, asestó nuevos: la muerte del Mono Jojoy, máximo líder militar fue el preludio de la Operación Odiseo. A su muerte, Cano estaba abandonado, solitario y en un extraño símbolo macabro, había prescindido de la barba que lo inmortalizó en su lucha armada. Nada de ello sirvió, Cano cayó la semana anterior en medio de la euforia de la población que curiosamente aseguran representar.
Sin embargo la muerte de Cano, no necesariamente garantiza el fin del conflicto, principalmente porque las FARC viven del negocio de la droga y mientras este subsista, es poco relevante quien lo administre, alguno correrá los riesgos y otro (más o menos ideologizado, eso poco importa) puede asumir la coordinación del negocio. Nadie duda que uno de los principales problemas que enfrenta la guerrilla en su interior, es la doble calidad de líder político y gerente narcotraficante que asumen muchos de sus principales cabezas –como por ejemplo, “el Negro” Acacio.
El verdadero triunfo puede empezar a predecirse cuando se susciten las desmovilizaciones de guerrilleros afectados por la muerte de su líder, cuando células del grupo empiecen a fragmentarse y se empiecen a dar fenómenos como la solicitud de treguas y acuerdos de paz por separado, empezando a quebrar la monolítica institución.
El Gobierno sabe esto perfectamente, no en vano el día martes 8 de noviembre, el Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón hablaba del tema ante los altos mandos militares; no se puede dudar tampoco de la inteligente estrategia del Gobierno de insistir en que Cano murió traicionado por sus propios hombres, lo que reforzaría una estrategia de paranoia colectiva. Pero ¿Verdaderamente el Gobierno, y sobre todo, la Sociedad colombiana está preparada para asumir la desmovilización, el proceso de negociación, la reinserción civil y el cumplimiento de los postulados de Justicia, Paz y reparación? Solo la respuesta a esta inquietud es garantía firme de que el flagelo del conflicto armado terminará y Colombia puede entrar en una nueva fase.
* Máster en Relaciones Internacionales (Rsd). Docente Universitario. Analista en temas de Política Internacional. Director del Observatorio de Colombia del Centro Argentino de Estudios Internacionales CAEI. Coordinador de Relaciones Institucionales de Observanto.