[OPINIÓN] Escalofriante final y esperanzador nuevo comienzo en Libia

Rafael Eduardo Micheletti *   | 23/10/2011 - 02:08 |  | Enviar por e-mail |
Festejos en Misurata - Imagen: G.Valle-EFE/Al Jazeera
El jueves 20 de octubre escalofriantes videos de la muerte de Gaddafi circularon por los medios de comunicación y las redes sociales. Fue el anuncio de un final impensado tan sólo unos meses atrás, cuando el dictador libio aparecía en escena con su risa y soberbia características, empuñando un fusil y exudando poder.

Gaddafi era un dictador de mano dura, a quien no le temblaba el pulso para masacrar opositores bajo la excusa de que quien se oponía a su particular “revolución” no merecía vivir. Tenía en sus manos una vasta reserva de petróleo y gas que manejaba a discreción y que había abierto a los países occidentales, especialmente europeos, a los efectos de alcanzar un blindaje político internacional.

La muerte de Gaddafi no ha sido esclarecida aún. Mientras la versión oficial inicial de Concejo Nacional de Transición (CNT) dice que la causa de la muerte fue un “fuego cruzado”, crecen las sospechas de una ejecución sumaria que, según el derecho internacional, constituiría un crimen de guerra.

Sin lugar a dudas la forma en que fue derrotado Gaddafi no fue la mejor. Hubiese sido preferible que se lo sometiera a un proceso judicial, se lo obligase a escuchar todos sus cargos y que sus víctimas (o algunas de ellas) pudieran mirarlo a la cara y decirle cuánto han sufrido como consecuencia de su inmadurez y egoísmo. Un proceso habría significado también un símbolo de la superioridad moral de la democracia sobre los autoritarismos, si bien el hecho de que la muerte de Gaddafi haya causado polémica y se esté investigando es ya una demostración de la verdadera y profunda diferencia que hay entre ambos sistemas.

Más allá de lo anterior, resulta evidente que se hizo justicia con Gaddafi y que su escalofriante muerte no puede dejar de impactar en la mente de los dictadores que aún subsisten en nuestro amado planeta. Si un dictador con un poder absoluto, con un culto artificialmente creado en torno a su persona, con buenas relaciones con las democracias y con vastos recursos naturales en su poder pudo caer de manera tan estrepitosa e imprevista, no puede haber gobernante autoritario alguno que no se sienta limitado de aquí en más al momento de apretar los resortes de su dominación.

El mundo se va uniendo de a poco al ritmo de la expansión de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Es cada vez más difícil para los dictadores mantener el poder concentrado y monopolizar la información. Por su parte, las democracias son cada vez menos ajenas a los desastres humanitarios evitables en un mundo cada vez más interconectado, interdependiente y empático.

En este marco, la experiencia libia abre una nueva ventana para avizorar un futuro de paz y concordia entre todos los seres humanos del planeta Tierra. Significó la consagración del principio de intervención internacional humanitaria, del creciente acercamiento entre el interés nacional y el interés planetario, de la consolidación de la cooperación entre países democráticos a través de la OTAN en defensa de los derechos humanos y de la pretensión de esos países de actuar en el mundo en materia de seguridad respetando los procedimientos establecidos por la normativa internacional.

La revolución libia aún se encuentra abierta. El hecho de que un dictador caiga no es garantía de que la democracia florezca de entre los escombros. Pero fue un acto de justicia y una experiencia novedosa para el pueblo libio, que ahora tendrá la oportunidad de imaginar un futuro mejor.

* Estudiante avanzado de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) interesado especialmente en el derecho y la política internacionales. Columnista de varios medios y de www.democracialibreya.blogspot.com. Becario de la organización Fulbright y de la Fundación Friedrich Naumann Stiftung fur die Freiheit para asistir a cursos y seminarios en Estados Unidos y Alemania. Contacto: rmicheletti@observanto.net.