Los caminos conducen al cambio: España se quedará sin Zapatero
Pablo Maldonado
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09/08/2011 - 22:09 |

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Zapatero previo anuncio - Imagen: Reuters
España está viviendo grandes cambios, trastocamientos donde el modo de vida se fue configurando junto a la crisis económica. Las repercusiones sociales se observan en las distintas plazas públicas del territorio ibérico: los indignados han configurado un movimiento que transfigura y reclama una manera de expresarse frente a los errores de la política y de la economía.
A fines de julio el Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció en la Moncloa el fin de su carrera como político profesional y su próxima retirada de la administración de los complicados asuntos ibéricos que le ha tocado llevar en gran parte de la última década. La consideración recae en los argumentos propios del Partido Socialista y la insistente presión del líder de la oposición, Mariano Rajoy, para llegar a la presidencia del gobierno.
En primer lugar se deben considerar tanto las propias intrigas en el seno del Partido Socialista como la renuncia de Zapatero a una nueva reelección. En este intrigante “juego” se observa la unción de Alfredo Pérez Rubalcaba como precandidato a la presidencia, luego del fastidio de quizás una de las grandes promesas políticas del socialismo catalán, Carmen Chacón -actual Ministra de Defensa- quien pretendía disputar en un proceso de primarias el liderato con Rubalcaba. Finalmente Zapatero se decidió por este último, eliminando cualquier posibilidad de desgaste interno de las propias figuras presidenciables y del mismo partido que, después de las elecciones autonómicas y municipales, dejaron en un punto muy débil a las bases partidarias del PSOE.
La elección de un hombre fuerte en este momento es considerada por los principales laderos del partido como la opción más segura a una figura nueva o elegida sorpresivamente de una elección interna. Se necesita un hombre sólido, conocedor de asuntos complejos, y el desgaste amenazaba con producir mayores complicaciones entre Zapatero y los principales líderes socialistas autonómicos.
En segundo lugar se debe considerar a la oposición que, desde hace más de dos años, ha puesto todos sus esfuerzos en una renuncia anticipada de Zapatero. Esta desgastante labor poseía un objetivo puntual, concreto y expreso: volver al gobierno y salir de la crisis económica.
La crisis no se resuelve con el pedido de renuncia pero sí trae consigo un cambio hacia nuevas perspectivas políticas y económicas. El problema de la oposición está en que esa salida depende en parte de que el propio actual gobierno genere empleo sostenido y bases sostenibles para la economía nacional. No obstante, otro gran porcentaje depende de Bruselas y de los “remedios” que está solicitando a todos los países de la eurozona en riesgo de default.
A simple vista el problema económico persistirá independientemente de quién sea el nuevo partido gobernante, al menos por ahora. Sin embargo, la oposición tendrá que tener en claro que la solución deberá estar consensuada en el Parlamento, y de ahí que el PP, por más fuerte que sea, no debe ser rupturista. En definitiva, ambas fuerzas se necesitan mutuamente.
Finalmente, el anuncio del adelanto de elecciones para noviembre próximo y su no postulación significó el develamiento de una realidad que era considerada vox populi, no sólo por la irrupción de los indignados y el “15-M” en la escena política española –y si requiere europea- ni por los constantes errores políticos cometidos por el partido y el propio Zapatero en los últimos tiempos; sino que ya el Comité Federal del PSOE celebrado el 2 de abril había predestinado la suerte del catalán.
Gran parte de esos errores tienen que ver con la poco exitosa política parlamentaria como consecuencia del desastre económico. La frustración de cualquier gobernante de agotar la legislatura se debe en parte al contexto crítico de la economía ibérica, pero sobre todo a una clara pérdida de legitimidad del partido de gobierno y del propio Zapatero, fenómeno que –en parte- ofrece grandes fundamentos para “indignarse”.
Más allá de todo no hay que dejar de resaltar la firmeza de Zapatero en la toma de decisiones y en la creencia, a pesar de algunas traiciones a su programa original de gobierno, de que la salida a la crisis pasaba por las conquistas sociales y no por la autorregulación mercantil; axiomas que a lo largo del gobierno fue desprestigiado incluso por sus pares. En consecuencia los cambios eran ya inevitables, aunque las reformas hayan sido impulsada por el difícil contexto.
Los imbricados caminos enmascarados en la soledad de la decisión de Zapatero han implicado ya un cambio de rumbo, ese rumbo quizás pueda lograrse con un nuevo gobierno, sea de signo socialista o popular, seguido de cerca por la atenta mirada de Bruselas y sin desligarse de consensos parlamentarios que serán necesarios para no continuar aplicando medidas que incrementen el disgusto social, especialmente de una gran cantidad de jóvenes indignados, que no se sienten representados y que aspiran a contar con posibilidades concretas de integración.
* Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y Magíster en Comercio Internacional de la Universidad del Salvador. Profesor de Economía Internacional y Profesor Interino de Teoría del Estado, Universidad del Salvador (USAL, Ciencias Económicas).