[OPINIÓN] Vientos en primavera: reflexión a 6 meses de las revueltas árabes
Juan Cirino, Mariano Lanzi, Marcelo Sztern, Aníbal
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02/08/2011 - 22:32 |

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Militar Egipcio en Tahrir - Imagen: AFP
El 17 de diciembre pasado, Mohamed Bouazizi –un joven desempleado con estudios universitarios- decidió inmolarse en la localidad tunecina de Sidi Bouzid para protestar contra los abusos de poder. Nunca imaginó que su muerte desencadenaría una trascendental ola de cambios en su país y en toda la región del norte de África y en gran parte de Medio Oriente. Desde entonces, comenzó a evidenciarse un complejo fenómeno socio-político denominado como la “primavera árabe”. Hoy a seis meses de los principales acontecimientos que significaran las caídas de los gobiernos en Túnez y Egipto, la intensidad del fenómeno, aún en proceso, parece aletargarse en países como Libia y Baréin, mientras que se recrudece en los casos de Yemen y Siria.
Túnez, la innovadora revolución
La inmolación de Mohamed Bouazizi pasó a ser considera un ícono de la resistencia contra el gobierno de Zine el-Abidine Ben Ali, el hombre fuerte que, con absoluta celosía, mantuvo el poder durante 23 años, en el pequeño país norafricano.
Luego de masivas movilizaciones y de abiertos pedidos de renuncia al autocrático líder, el 14 de enero Ben Ali huye del país abandonando el poder y siendo reemplazado por Beji Caid Essebsi de manera provisional. Luego se anunciaría que las elecciones serán realizadas el 23 de octubre próximo, siendo que la Asamblea que surja de ese proceso electoral redactará una nueva Constitución y un plan para realizar elecciones legislativas y presidenciales; además de decidir si se adopta un régimen parlamentario o presidencialista.
Luego de la salida de Ben Ali, Túnez se enfrenta a un desafiante proceso fundacional que aspira a establecer instituciones más democráticas, de carácter laico y de aspiraciones ciertamente más occidentalizadas. Más allá del éxito de la revuelta y el proceso re-fundacional, lo cierto es que el fenómeno animó a los demás países árabes de la región a encarar procesos similares, en donde quedó demostrado que los cambios de gobierno ya no se daban por golpes de Estado o “revueltas” palaciegas, sino a través de la movilización social.
Egipto, en busca de la unidad nacional
La caída de Ben Ali animó al pueblo egipcio a la movilización en contra de su ancestral líder. Luego de varias semanas de protestas concentradas en la Plaza Tahrir de El Cairo, Hosni Mubarak se vio obligado a renunciar el 11 de febrero y, desde entonces, debe enfrentar un largo proceso judicial por corrupción, enriquecimiento ilícito y abuso de poder.
Desde entonces el poder ha estado en manos de una junta militar liderada por Mohamed Hussein Tantaui, la cual anunciara que el país celebrará elecciones parlamentarias en septiembre y que recién entonces los egipcios volverán a las urnas para escoger a su nuevo presidente.
Un limbo llamado Yemen
La incertidumbre ronda a Yemen desde el viernes 3 de junio, cuando Ali Abdullah Saleh -en el poder desde 1990- resultara gravemente herido durante un ataque al palacio presidencial, teniendo que ser trasladado a la vecina Arabia Saudita para recibir tratamiento médico. Desde entonces, el frustrado país sur-arábigo ha vivido bajo un frágil cese al fuego que amenaza con romperse en cualquier momento.
El Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico (CCG) ha tratado de reanudar su liderazgo para impulsar un acuerdo entre el gobierno y los opositores, pero existe demasiada resistencia en ambas facciones. La oposición espera iniciar un proceso de transición antes de que Saleh regrese, pero el mandatario aseguró que ya se está recuperando y piensa volver en los próximos días. La principal amenaza es que la red terrorista internacional Al Qaeda, que tiene una fuerte presencia en ese país, termine por aprovechar el vacío de poder que dejare un virtualmente “auotexiliado” Saleh.
Libia, entre la guerra civil y la intervención
La revuelta en Libia comenzó en febrero, con el “día de la ira”. A partir de entonces, las fuerzas del orden intentaron suprimir un levantamiento que por momentos parecía conquistar raudamente la totalidad del territorio. No obstante, el éxito de los rebeldes no fue tal y a pesar de haber conseguido el apoyo de la comunidad internacional, hasta ahora no logran doblegar a los leales al régimen.
La intervención de la comunidad internacional en Libia ya cumplió tres meses y aún no hay claridad sobre el futuro de ese país. Muamar Gadafi sigue aferrado al poder y no cesan los ataques contra los rebeldes. El dictador, que ya perdió a un hijo y a tres nietos en uno de los bombardeos de los aliados, reafirmó días atrás que no tiene ninguna intención de abandonar el país.
Los rebeldes por su parte, siguen buscando el reconocimiento internacional. La Unión Europea ya les otorgó respaldo explícito y Estados Unidos incluso les permitió abrir una delegación en Washington.
Aunque la guerra civil ya tomó la totalidad del país la Unión Africana sigue contando con que haya una solución política pacífica al conflicto. Pero en Libia, más que en ningún otro país de la bulliciosa región, la incertidumbre es más grande.
Siria, modelo de represión brutal
El gobierno de Bashar al-Assad está tan desesperado por no perder el control que ha incrementado la represión contra la población civil. Naciones Unidas publicó un informe en el que revela que desde que empezaron las protestas, 1100 personas han muerto y 10 mil han sido detenidas arbitrariamente. Más aún, miles de ciudadanos han tenido que refugiarse en Turquía
La dictadura se ve cada vez más débil, pero su negativa a abandonar el poder hace que aumenten los temores de una guerra civil abierta. La oposición, mientras tanto, ha tratado de organizarse en el exilio para discutir el futuro de Siria y formar un “Consejo de la Revolución”. Días atrás, Al-Assad anunció un discurso televisado en el que propondría reformas constitucionales pero la oposición ha declarado que no acepta ninguna reforma que no incluya la salida de Al-Assad y su familia del país dar paso a la transición. Pase lo que pase, el fin de la dinastía Assad parece inevitable.
Baréin, ¿una revolución fallida?
Contrario a lo que ha pasado en la mayoría de los países en los que ha habido protestas, en Baréin el gobierno parece haber controlado las revueltas sin tener que dar nada a cambio. Con el apoyo de tropas de Arabia Saudita y con una fuerte represión, el rey Hamad al-Khalifa aplacó a los manifestantes. Aunque todavía no se puede dar por vencidos a los opositores, la situación parece regresar a la normalidad. Tanto así que el gobierno ya levantó el estado de emergencia que había decretado al inicio de las protestas.
* Especial para Observanto.