La Alianza del Pacífico altera el tablero latinoamericano

Rafael Eduardo Micheletti *   | 16/05/2011 - 17:26 |  | Enviar por e-mail |
Los cuatro signatarios - Imagen: AFP
2011 podría marcar un punto de inflexión en la geopolítica latinoamericana. En estos días la región está viendo nacer la Alianza del Pacífico, un nuevo polo de poder económico y comercial integrado por Chile, Perú, Colombia y México que podría alterar las actuales relaciones de influencia en el continente.

En una ceremonia realizada en Lima, los presidentes de México, Felipe Calderón; de Perú, Alan García; de Colombia, Juan Manuel Santos; y de Chile, Sebastián Piñera; firmaron el documento que establece una primera etapa de cooperación en materias como movimiento de personas, comercio, integración y cooperación aduanera. Naturalmente el nuevo bloque tiene su mirada puesta en el sector de Asia-Pacífico, y por ello se planteó la integración de Colombia en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), del que México, Chile y Perú ya son integrantes.

Pero probablemente la novedad más estruendosa haya sido el anuncio de la creación del Mercado Integrado de Latino América (MILA), una bolsa de comercio unificada entre Colombia, Perú y Chile que sería la segunda más importante de la región luego del Bovespa de Brasil.

En rigor, los países que integran la Alianza presentan muchas características comunes. Por un lado son naciones con muy fuertes lazos de cooperación con Estados Unidos. Además se trata de democracias que, aunque en algunos casos muestran serias imperfecciones y cuentas pendientes, poseen un carácter estable y en la última década han evidenciado un ritmo de crecimiento económico sostenido y particularmente acelerado. En igual sentido, todos estos países tienen una política comercial abierta, con tratados de libre comercio con Estados Unidos y otras potencias del globo y con acuerdos de libre comercio entre sí (con la única excepción de México y Perú, que están negociando uno).

Como era previsible, esta iniciativa genera interrogantes y suspicacias respecto de su relación con los demás procesos de integración que conviven en la región. El canciller peruano, José Antonio García Belaunde, no escatimó elogios para referirse al nuevo proyecto: "la Alianza del Pacífico puede constituirse en la vanguardia del arco del Pacífico y ser una alternativa más ambiciosa que la Comunidad Andina de Naciones", declaró. Por su parte, Calderón aseguró que "mientras el comercio total del Mercosur llega US$ 543.000 millones, la Alianza del Pacífico tendrá 872.000 millones".

Este significativo acuerdo confirma que la sociedad entre las cuatro naciones latinoamericanas es un proyecto real, serio y con una clara tendencia a la integración comercial global y al alineamiento con Estados Unidos. Además, es trascendente por dos razones. En primer lugar, porque se trata de una consolidación de la independencia de la región andina con respecto al ALBA creado por Hugo Chávez, que nuclea a países como Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia y que aspiraba a seguir expandiéndose por dicha región para rivalizar con Brasil. Por otra parte, es también un freno o equilibrio al liderazgo brasileño que claramente fortalece a los Estados Unidos.


Hacia nuevas formas de integración

En rigor, la integración latinoamericana ganó fuerza en la década de 1990 con el Tratado de Asunción, donde Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay le dieron forma al Mercosur. Este proyecto tenía objetivos no sólo económicos, sino también políticos y sociales, al punto de que tuvo a la Unión Europea como espejo constante.

Pero luego del fracaso estrepitoso del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) propiciada por los Estados Unidos, el continente ingresó en una etapa que podría denominarse “realismo plural”. Lejos de los sueños de integración a gran escala propios del auge neoliberal posterior al derrumbe soviético, la década que va de 2000 a 2010 parece haber incubado en silencio y con perfil bajo un nuevo proceso de integración como el que conformaron Chile, Perú, Colombia y México.

Se puede decir que el realismo plural llevó a mecanismos de integración más acotados y al mismo tiempo más sólidos, reflejo de la diversidad política y geopolítica que vive aún el continente latinoamericano. Los grandes beneficiarios son los tres países que han logrado este nuevo frente de integración, con gran proyección hacia el Sudeste asiático, con todo lo que ello conlleva.

Para Brasil, implica un límite claro a su intentada hegemonía regional, y más aún al anhelo de desplazar la influencia estadounidense. Puede decirse que Itamaraty deberá asumir con realismo esta nueva realidad, tratando a este bloque como un actor casi a la par de su propio país, sin que esto signifique que el camino del flamante bloque regional sea sencillo, en especial en lo que se refiere a integración política.

De todas maneras, más allá de las ventajas y desventajas coyunturales para las posiciones geopolíticas y comerciales de los distintos países de la región, el éxito de este proceso de integración es claramente un dato alentador para la región toda. Si la Alianza del Pacífico llegara a consolidarse con éxito, seguramente sería un camino atractivo y un ejemplo a seguir por otros países, por lo que se estaría dándole un nuevo impulso al proceso de integración regional.

* Estudiante avanzado de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) interesado especialmente en el derecho y la política internacionales. Columnista de varios medios y de www.democracialibreya.blogspot.com. Becario de la organización Fulbright y de la Fundación Friedrich Naumann Stiftung fur die Freiheit para asistir a cursos y seminarios en Estados Unidos y Alemania. Contacto: rmicheletti@observanto.net.

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