[OPINIÓN] Después de Osama, ¿qué?

Luis Schenoni *   | 02/05/2011 - 17:53 |  | Enviar por e-mail |
Bin Laden, asesinado - Imagen: AFP
La mayoría de los artículos publicados sobre la muerte de Osama Bin Laden en las últimas horas se han abocado a analizar las características del operativo, el manejo del cuerpo, las implicancias de esta noticia para la organización de Al Qaeda, la guerra en Afganistán o la política paquistaní. Todos estos análisis son de extremo interés para comprender la situación actual del terrorismo internacional, pero ninguno captura a mi juicio la esencia histórica de este momento.

La muerte de Osama Bin Laden tiene un significado mucho más profundo que merece ser resaltado: simboliza el fin de una era en la política internacional. Si la política norteamericana hacia el mundo aprovecha esta noticia para consolidar los cambios hasta ahora tímidamente presentados por la administración Obama, el fin de la Guerra Global contra el Terror puede encontrar hoy un hito histórico. Un análisis empírico poco podría capturar de un fenómeno histórico de esas características, por eso recurriré excepcionalmente a otra estrategia para mi exposición.

Asistimos al desenlace de una historia que comenzó en algún momento de la década de 1990, cuando ante el nuevo orden mundial Estados Unidos definió las amenazas que, como potencia unipolar, debería afrontar en su rol de policía global. El intervencionismo humanitario y las guerras contra el narcotráfico, el crimen transnacional o el terrorismo fueron las distintas caras de un mismo fenómeno. Como destacó Hobsbawm, la palabra guerra comenzó a ser utilizada con un sentido que nunca había tenido. Las amenazas clásicas (particularmente la guerra entre grandes potencias) pasaron al olvido en un proceso que alcanzaría su cenit con los atentados del 11-S.

Desde entonces, Osama Ben Laden (un personaje bastante importante antes de "los atentados") personificó esa amenaza, la existencia misma de algo tan vago como el Terror. Pero en los años posteriores el mundo comenzaría a cambiar. Por un lado, el problema del terrorismo no pudo ser controlado en aquellos lugares donde los Estados Unidos intervinieron para erradicarlo. La guerra en Afganistán sólo trasladó el problema a Pakistán y a otras regiones del mundo con la diáspora de una Al Qaeda paradójicamente fortalecida (en términos de reclutas e influencia política) por la misma relevancia que Washington le había otorgado.

Pero mientras Estados Unidos se sobreexpandía en el combate de enemigos difusos, del otro lado se encontraban muchos Estados carcomidos por la insurgencia que aprovecharon este contexto para fortalecerse llamando a sus respectivos rebeldes “terroristas”. Colombia frente a las FARC, Rusia frente a la insurgencia chechena, Sri Lanka frente a los Tigres de Tamil Elam, Uzbequistán frente al Movimiento Islámico, China frente a la insurgencia uigur, sólo por mencionar unos pocos dentro de una lista interminable de países con importantes problemas domésticos, lograron beneficiarse de su participación o simple aquiescencia frente a la Guerra Global contra el Terror. En suma, como producto del debilitamiento americano y el fortalecimiento del resto, o lo que Fareed Zakaria llamaría sin más vueltas “el ascenso de los demás”, los Estados volvieron a ser la amenaza. Desenlace realista si los hay.

Más allá de las teorías conspirativas, mucho se habló sobre la solución que los atentados del 11-S dieron a lo que Barry Buzan llamó el “déficit de amenaza” que sufrían los Estados Unidos al enfrentarse a la post-Guerra Fría. Sin enemigos a la vista muchos grupos de interés en los Estados Unidos debían resignar su posición, Washington mismo debería resignar el mismísimo liderazgo que ostentó en el occidente de posguerra, simplemente por el hecho de que no había nadie contra quien luchar, nada contra lo cual defenderse.

Los atentados al World Trade Center solucionaron ese problema en el corto plazo, pero no podían hacerlo por siempre. Tarde o temprano el terrorismo iba a dejar de verse como una amenaza global. El hecho de que Osama Bin Laden haya caído, si no pone fin a esta historia, es el comienzo estridente de su último capítulo.

Aunque Obama se esfuerce en convencernos de lo contrario, algo debería estar claro: lejos estamos de presenciar una victoria americana. Al fin y al cabo sólo un hombre ha caído. Más aún, quizás los problemas sean mayores para Washington ahora que ya no existe Bin Laden. Sin dudas estas deben ser horas difíciles para algunos especialistas en el Pentágono, el Consejo de Seguridad Nacional y en otras tantas instancias de la burocracia encargadas de averiguar y eventualmente decidir cuál será la nueva amenaza a la que Estados Unidos (y de ser posible, el mundo occidental) tiene que combatir con toda su fuerza. Muchos grupos de interés deben estar financiando académicos para crear una amenaza conveniente. Éste es el momento de publicar libros sobre China, las armas nucleares o el narcotráfico.

Así como la caída del muro de Berlín pasó a la historia como el símbolo del fin de la Unión Soviética y la amenaza comunista (aún cuando la Unión Soviética permanecía de pie), también la muerte de Bin Laden puede tenerse como el símbolo más fuerte del agotamiento de la Guerra Global contra el Terrorismo y el paso a una nueva era en las relaciones internacionales.

* Becario Doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Analista internacional. Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina y Coordinador del Programa de Estudios sobre América Latina de la misma. Director de la revista Ágora Internacional de la Asociación para las Naciones Unidas de Argentina (ANU-AR).

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