El fantasma del populismo se apodera de Europa
Adriano Bosoni
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20/04/2011 - 15:49 |

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¿Peligra la UE? - Imagen: Unión Europea
Mientras la inestabilidad económica se prolonga y los países recortan gastos, piden rescates y lidian con el descontento ciudadano, el populismo gana terreno en Europa. De la mano de una crisis que ha generado inusuales tasas de desempleo y recortes en la seguridad social, el viejo continente está protagonizando el renacimiento de una derecha que, valiéndose de un discurso nacionalista y a veces xenófobo, gana peso en el escenario político.
Más allá de las peculiaridades de cada país, los argumentos son similares: la Unión Europea ha crecido en exceso, la moneda común es el origen de todos los males financieros, los socios en peligro no deben ser rescatados y la inmigración –especialmente si es africana o musulmana- debe ser repelida.
Curiosamente, en estos discursos aparecen dos elementos que se superponen: el rechazo a todo lo que es diferente –a nivel étnico o religioso- se complementa con el rechazo a la integración europea. Así, estos partidos populistas se oponen tanto a la inmigración extraeuropea como a la asistencia a los socios continentales que atraviesan dificultades financieras. Estas ideas están resultando inusualmente atractivas para la población, como bien lo demuestran las recientes victorias electorales que los partidos nacionalistas han tenido en los últimos tiempos.
Sin duda, la estrella más fulgurante en esta constelación de populistas de derecha es Marine Le Pen, heredera en las formas y en las palabras de su padre Jean Marie, el fundador de la Alianza Nacional francesa. Su propuesta política es franca y directa: los inmigrantes deben ser devueltos a su país de origen, Francia debe evaluar el abandono del euro y las fronteras entre vecinos europeos -que el Acuerdo Schengen eliminó- deben ser nuevamente instauradas. En otras palabras, plantea que Europa debe volver a una situación anterior a la Unión, donde los países ponían trabas a la circulación de personas y no existían mecanismos de solidaridad económica.
"No rechazamos la inmigración por principio. Pero, con el desempleo que hay en Francia, con la deuda que tenemos, con el déficit que sufrimos, no podemos asumir a nadie más", declaró ante la prensa internacional. Respecto de la UE, consideró que "el euro se hunde. Como la Unión Europea, que es una estrella muerta que aún brilla. Y debemos prepararnos para este hundimiento. Gobernar es prevenir". Parece que estas ideas gustan a los franceses: de acuerdo con una encuesta reciente, la Alianza Nacional supera en intención de voto al socialismo de Martine Aubry y al centro-derecha de Nicolás Sarkozy.
Consciente de que su partido pierde votos por derecha, Sarkozy no tuvo mejor idea que competir en el mismo terreno. Así, en 2010 Francia escandalizó al mundo con la expulsión de inmigrantes gitanos, a quienes se acusó de atentar contra el orden público. Casi en simultáneo el gobierno lanzó un debate nacional sobre “qué significa ser francés”, discusión que muy pronto degeneró en una polémica sobre la presencia del Islam en el país.
De hecho, Francia se asemejó peligrosamente al sueño de Le Pen cuando, durante algunas horas, cerró sus fronteras con Italia para evitar que un tren repleto de inmigrantes africanos ingresara en territorio galo. La situación no sólo tensó la relación entre Roma y París, sino que puso el foco en un problema adicional: los miles de africanos del norte que en las últimas semanas han llegado al sur de Italia como consecuencia de las revueltas en Túnez, Egipto y Libia. Mientras hombres, mujeres y niños se hacinan en la isla italiana de Lampedusa, los socios europeos rechazan la propuesta italiana de repartirlos por todo el continente.
La fobia el extranjero también gana peso en Holanda, país que sorprendió al mundo a mediados de 2010 cuando la derecha xenófoba liderada por Geert Wilders obtuvo el tercer lugar en las elecciones. En aquella oportunidad, el titular del Partido por la Libertad declaró que “Holanda ha votado por menos Islam, menos inmigración y más seguridad”. Desde entonces, la coalición de liberales de derecha y democristianos que gobierna Holanda depende del apoyo parlamentario de este controvertido partido.
Algo parecido ocurrió luego en Suecia, donde el Partido de los Demócratas Suecos logró en 2010 ingresar al Parlamento por primera vez en su historia. Su líder, Jimmie Aakesson, ganó votos calificando a los inmigrantes como “parásitos” que consumen la ayuda social del país. Tras conocer los resultados en la vecina Finlandia, Aakesson declaró que “estamos muy entusiasmados de que las críticas a la inmigración masiva y la supranacionalidad europea hayan recibido un apoyo tan amplio”.
Rechazo a los planes de ayuda financiera
La más reciente victoria de los euroescépticos tuvo lugar en Finlandia, donde el partido de los Auténticos Finlandeses recibió a mediados de abril una cantidad récord de votos, que le permitió cuadruplicar su presencia en el Parlamento y posicionarse en una situación estratégica de cara a la formación de un nuevo gobierno. Esta agrupación no sólo aborrece la inmigración, sino que es furiosamente antieuropea y se opone al rescate financiero de Portugal.
Su líder, Timo Soini, lo expresó con contundencia: “la Unión Europea está en coma”, declaró tras conocer el resultado de las elecciones. Su postura respecto del rescate de los vecinos del sur refleja el sentimiento de millones de europeos: “¿Por qué nuestro dinero tiene que ir a destinos inciertos? Si la vaca es finlandesa tenemos que ordeñarla en Finlandia y no enviar su leche al extranjero".
El rescate a los morosos vecinos del sur también genera resquemor en Alemania, la locomotora económica de la UE. Desde que estalló la crisis hace más de tres años, el gobierno de Angela Merkel ha estado bajo presión por los rescates a las economías más golpeadas. ¿Por qué debe la próspera y trabajadora Alemania derrochar su dinero ayudando a la despilfarradora y despreocupada Grecia?, se preguntaron muchos germanos cuando se aprobó el rescate al debilitado vecino helénico. Desde entonces, el descontento popular ha golpeado al oficialismo en todas las elecciones regionales.
En rigor, el crecimiento de la derecha coincide con el debilitamiento de la centro-izquierda. En España, Irlanda, Grecia y Portugal los gobiernos socialdemócratas decidieron aplicar ajustes y recortes, muchos de ellos con fuerte impacto sobre la seguridad social. El resultado no se hizo esperar: el oficialismo perdió las elecciones en Irlanda; el Primer Ministro portugués, José Sócrates, pidió un rescate a Europa y luego anunció su renuncia; y José Luís Rodríguez Zapatero adelantó que no será candidato a la reelección en España. En Inglaterra, los laboristas fueron expulsados el año pasado tras una década y media en el poder, en buena medida por lo que se percibía como una pobre gestión de la crisis.
Naturalmente, existe una relación directa entre turbulencia económica y apogeo del populismo. Cuando la economía es débil, el desempleo abunda y los beneficios sociales se recortan, el terreno se vuelve fértil para aquellos discursos que buscan un enemigo a quien culpar. Este enemigo suele ser “el diferente”, es decir, aquél que viene desde afuera y que no comparte la identidad nacional. En Europa a veces este chivo expiatorio es el inmigrante –legal o ilegal- y otras veces es el socio empobrecido. En la actualidad, lo son ambos.
* Editor General de Observanto. Licenciado en Periodismo (Universidad del Salvador, Argentina) y Master en Relaciones Internacionales (Università di Bologna, Italia). Realizó cursos de posgrado sobre instituciones políticas y desarrollo económico. Posee amplia experiencia en prensa gráfica, radiofónica y digital, y escribe asiduamente columnas de análisis y opinión. En 2009 publicó el libro “La Unión Europea y sus instituciones”. - Contacto: abosoni@observanto.net