La intransigencia de Gaddafi desata el caos en Libia

Rafael Eduardo Micheletti *   | 23/02/2011 - 00:06 |  | Enviar por e-mail |
Flamea bandera real libia - Imagen: AP
A diferencia de la rebelión egipcia, la protagonizada por los libios chocó contra el fanatismo y la intransigencia de Muammar Gaddafi, quien ejerce el poder en dicho país desde hace 42 años. A pesar de las aparentes similitudes entre ambas sociedades, las diferentes reacciones que han tenido estos regímenes ante las revueltas responden a disímiles entramados institucionales y tipos de liderazgo.

En contraste con el pragmatismo de Mubarak, Gaddafi expresa una de las supervivencias del “tercermundismo” de los 60-70. En esta línea, profesa, por lo menos en el discurso y más allá de su reciente acercamiento con Occidente, un antiimperialismo mezclado con socialismo que no dista mucho del llamado “socialismo del siglo XXI” o neopopulismo latinoamericano.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha revelado que ha estado en contacto telefónico con el líder libio para expresarle su solidaridad en momentos en que esa nación árabe está sumergida en el caos por las revueltas que piden el fin del régimen del coronel. No por casualidad llegó a rumorearse en algún momento que el dictador podría llegar a refugiarse en Venezuela.

Por otra parte, en Egipto el ejército, muy popular entre los ciudadanos, se convirtió en un reducto de institucionalidad capaz de ejercer el rol de árbitro relativamente imparcial de la contienda. Por el contrario, en Libia, hasta ahora se ha visto una subordinación casi total de las Fuerzas Armadas, más allá de algunas excepciones de aviadores que solicitaron asilo político en otros países al desistir de acribillar a sus conciudadanos. El cuerpo diplomático es el que mayores gestos de rebelión ha demostrado. De hecho, en la Embajada de Libia en Londres pudo verse izada la bandera original de Libia, la bandera monárquica, aquella anterior a la llegada de Gaddafi al poder, y que hoy es el símbolo de la revuelta libia inaugurada el pasado 17 de febrero con el denominado “día de la ira”.

Sin embargo, el portazo más sonoro lo dio el Ministro del Interior, Abdel Fatah Younes, quien anunció el martes su dimisión y su adhesión a la denominada “revolución del 17 de febrero”. Al Jazeera emitió un video que muestra a Abidi sentado en su escritorio leyendo un comunicado en el que también instó al Ejército libio a unirse al pueblo y sus “demandas legítimas”. “El bombardeo contra la población civil es lo que me ha hecho unirme a la revolución. Nunca imaginé que íbamos a llegar a disparar contra la gente. Gaddafi se ha desmoronado y el régimen ha traicionado a la revolución”, afirmó Younes.

Otra diferencia entre ambas sociedades es que Libia fue colonia italiana, mientras que Egipto fue colonia inglesa. El principal socio de Egipto, Estados Unidos, no tardó en despegarse del régimen cuando se percató del tinte democrático de las protestas. Por el contrario, Italia, al contrario de lo que podría esperarse de una democracia en un mundo crecientemente globalizado, ha pesado dentro de la Unión Europea a los efectos de evitar condenas contundentes y sanciones hacia el Estado libio.

En efecto, Gaddafi tiene dos poderosos argumentos de “realpolitik” entre sus manos: además de ser una plataforma natural para que miles de inmigrantes africanos den el ilegal salto a Europa, el país posee el 3 por ciento de las reservas mundiales de crudo. Italia es desde siempre un gran consumidor de los hidrocarburos libios, al tiempo que teme un aluvión inmigratorio si el Estado libio se desplomara o Gaddafi decidiera vengarse de Europa abriéndoles las puertas de salida a los emigrantes, como ya ha deslizado.

“No deberíamos dar la impresión equivocada de que queremos interferir, o de que queremos exportar nuestra democracia: tenemos que ayudar, tenemos que apoyar la reconciliación pacífica”, aseguró el Ministro de Relaciones Exteriores italiano, Franco Frattini. Al mismo tiempo, advirtió sobre el riesgo islamista radical en el país africano en caso de que el régimen de Gaddafi cayera, como sucedió antes con Túnez o Egipto. “¿Pueden imaginarse tener un emirato islámico en las fronteras de Europa?”, se preguntó.

“Lucharé hasta la última gota de mi sangre. Muammar Gaddafi no tiene un cargo oficial del que pueda dimitir, no es un presidente. Muammar Gaddafi es el guía de la revolución, sinónimo de sacrificios hasta el fin de los días. Este es mi país, el de mis padres y el de mis antepasados”, proclamó el líder libio durante un duro discurso por la televisión estatal, en un simbólico lugar en ruinas, en donde una de sus hijas muriera a causa de un bombardeo norteamericano en los 80’s, cuando Gaddafi era enemigo de Occidente.

“Libia no se rendirá. Yo terminaré como un mártir”, declaró Gaddafi, que realizó su alocución televisiva en momentos en que el Consejo de Seguridad de la ONU se reunía en Nueva York para discutir la situación del país norafricano y miembro de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), y una de las principales voces de la Unión Africana.

El emir de Qatar, Hamed bin Jalifa Al Zani, lanzó un desesperado llamado a la ONU para que intervenga urgentemente. El emir le pidió a Ban Ki-Moon, secretario general de la entidad, “una rápida intervención para detener el uso de la fuerza contra los civiles” durante una conversación telefónica llevada a cabo durante la madrugada.

En conclusión, una menor institucionalidad interna junto con una mayor complicidad externa son factores que parecieran haberse combinado y retroalimentado para generar una reacción más violenta e intransigente que la de Egipto por parte del régimen libio. Sin embargo, la magnitud de las movilizaciones hace pensar que difícilmente pueda sostenerse por mucho tiempo un dictador que, además de haber cumplido más de cuarenta años en el poder, para muchos parece haber perdido la cabeza.

Hacia dónde evolucionen las protestas será una decisión de los libios que se sientan asfixiados por una dictadura de casi medio siglo. Por su parte, el grado de colaboración y apoyo a la democracia desde el exterior será una responsabilidad de la cual las democracias occidentales, muy proclives a hablar de derechos humanos, jamás se podrán desligar.


Diplomáticas dimisiones

Más allá de las altisonantes deserciones, es el cuerpo diplomático libio quien más casos de renuncia a la revolución de la Gran Jamahiriya, y de donde provienen las voces más reacias al régimen. De hecho, el embajador adjunto de Libia ante la ONU, Ibrahim Dabbashi, exigió la dimisión de Gaddafi, a quien acusó de cometer un "genocidio". La misión diplomática libia ante las Naciones Unidas anunció la ruptura con el régimen.

Por su parte la embajada de Libia en Australia rompió sus relaciones con Trípoli, anunció el consejero cultural de la legación, Omran Zwed, al diario The Australian. En Malasia, el personal de la embajada libia condenó la "masacre" de manifestantes opuestos al gobierno, y retiró su apoyo a Gaddafi. "No somos leales a él (Gaddafi), somos leales al pueblo libio", declaró el embajador, Bubaker al Mansori, a AFP.

El lunes, ya el Secretario adjunto de la representación libia en China, Husein Sadiq al Musrati, renunció a su cargo durante una entrevista en vivo y en directo en el canal de televisión qatarí Al Jazeera, mientras se recibían informaciones no confirmadas de que el embajador libio en Bangladesh también había dimitido. Musrati fue precisamente quien arrojó el rumor de la huída del líder libio a Venezuela.

Pero el primer diplomático en romper con el régimen fue su representante ante la Liga Árabe, con sede precisamente en El Cairo. El domingo pasado, el representante permanente de Libia ante tal histórica organización, Abdel Moneim al Honi, abandonó ese puesto para "unirse a la revolución" que tiene lugar en el vecino país.

* Estudiante avanzado de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) interesado especialmente en el derecho y la política internacionales. Columnista de varios medios y de www.democracialibreya.blogspot.com. Becario de la organización Fulbright y de la Fundación Friedrich Naumann Stiftung fur die Freiheit para asistir a cursos y seminarios en Estados Unidos y Alemania. Contacto: rmicheletti@observanto.net.

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