Italia post-Berlusconi: crisis y oportunidades
Adriano Bosoni
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17/02/2011 - 14:51 |

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Berlusconi todavía sonríe -
La catarata de escándalos que rodea al premier italiano Silvio Berlusconi ofrece a Italia motivos tanto para la desazón como para la esperanza. En plazo inmediato, porque la acumulación de procesos legales contra il Cavaliere amenaza con paralizar aún más a un Ejecutivo que gasta más energías en garantizar su propia supervivencia que en gobernar un país en pleno deterioro económico e institucional. En largo plazo, porque la grave crisis que atraviesa Italia y el cansancio generalizado que siente buena parte de la población respecto de la forma en que se ejerce la política en la península pueden llevar a las reformas que el país necesita.
Enumerar los casos de corrupción y abuso del poder que giran en torno a Berlusconi sería un ejercicio a esta altura inagotable. El más reciente de ellos –y que probablemente no sea el último- coloca al Primer Ministro en una posición por demás incómoda: se lo acusa nada menos que de corrupción de menores, un delito cuyas implicancias superan las tradicionales denuncias de malversación de fondos y de enriquecimiento ilícito que suelen manchar a dirigentes de todo el planeta.
Desde que irrumpió en la escena italiana hace casi veinte años, tanto desde lo discursivo como en sus actos Berlusconi moldeó un país a su imagen y semejanza, donde la división de poderes es débil, las leyes se dictan a medida para salvar al líder y la Justicia es bajada a la arena política como si fuera un partido más.
En buena medida, la figura personal de Berlusconi es causa y efecto de la degradación institucional e incluso moral que vive Italia. En las últimas dos décadas el empresario milanés se erigió como el estandarte de la anti-política, es decir, el líder mesiánico que carga sobre sus hombros con la tarea de “lograr que las cosas se hagan” sin reparar en los absurdos obstáculos la burocracia estatal.
A una ciudadanía que no confía en el Parlamento, il Cavaliere le dio la razón: Italia no puede esperar los tiempos del Poder Legislativo, no puede quedar como rehén de esa “máquina de impedir”, argumentó el líder en reiteradas ocasiones. Y a una ciudadanía que desconfía de la Justicia, Berlusconi volvió a decirle que estaba en lo cierto: después de todo, los jueces son para el premier una cofradía de conspiradores comunistas cuyo único objetivo es derribar al Ejecutivo.
La permanencia de Berlusconi en el centro de la vida política italiana también tiene motivos socioculturales. Durante años la ciudadanía toleró –y hasta celebró- los “deslices” del premier. Ocurre que el Primer Ministro vivía aquella vida que a muchos italianos les gustaría vivir: rodeado de bellas mujeres, en lujosas mansiones y disfrutando de fiestas interminables. Su vida, una exaltación del materialismo y el hedonismo, era una aspiración para muchos votantes.
Sin embargo todo parece tener un límite, como bien lo demuestran las multitudinarias marchas que exigieron la dimisión del Primer Ministro y reclamaron un liderazgo político más digno para Italia. Pero aunque el cansancio por los continuos escándalos explica buena parte de la caída en la popularidad del líder, también es cierto que Berlusconi no cumplió con su parte del trato: la economía italiana está estancada y la crisis internacional se siente. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (Istat) el Producto Bruto Interno (PBI) de Italia se contrajo un preocupante 5,1% en 2009 luego de caer un 1,3% en 2008.
A su vez, la deuda pública se consolida como una de las más altas del mundo: 1.843 billones de euros a fines de 2010, un crecimiento del 4,5% respecto de 2009 según el Banco de Italia. Si bien la entidad no indicó el porcentaje exacto, los analistas calculan que esta deuda equivale aproximadamente al 120% del PBI nacional. Finalmente, el desempleo se ubicó en 2010 en torno al 8,6%, lo que significa que más de dos millones de italianos no tienen trabajo.
Desde lo estrictamente político, il Cavaliere también tiene motivos para preocuparse: desde que en 2010 la Alianza Nacional de Gianfranco Fini, su tradicional aliado electoral, rompió con el oficialismo, Berlusconi ha quedado rehén del apoyo que le ofrece su otro socio, la Liga Norte de Umberto Bossi. De momento la Liga apoya a Berlusconi porque está interesada en votar la ley de federalismo, pero no está claro durante cuánto tiempo el magnate de los medios seguirá conectado a este respirador artificial.
De todos modos, también es cierto que la oposición sigue desorientada: el centro-izquierda en su múltiples variantes todavía no posee un líder capaz de aglutinar el voto anti-Berlusconi. El Partido Democrático, que nació en 2007 con la esperanza de ofrecer a la ciudadanía una alternativa electoral creíble, permanece hundido en el desconcierto desde la derrota de Walter Veltroni en los últimos comicios generales. Esto sirve al golpeado Berlusconi para hacer gala de uno de sus argumentos preferidos: sólo él le ofrece a Italia un gobierno estable, mientras que la izquierda es incapaz de mantenerse en el poder durante una legislatura completa. En otras palabras, la oposición es víctima del oficialismo, pero también es responsable de sus propios errores, sus dudas y su incapacidad para sacar ventajas ante las debilidades de Berlusconi.
Pero el panorama no tiene porqué ser necesariamente negro. Más tarde o más temprano los escándalos de corrupción derribarán al septuagenario líder y será el momento de barajar y repartir de nuevo. Tal vez ello abra la puerta para repensar un mecanismo electoral ineficiente y un sistema de partidos atomizado, y para dar lugar a las reformas económicas e institucionales que permitan sacar al país del preocupante estado de degradación que actualmente sufre.
* Editor General de Observanto. Licenciado en Periodismo (Universidad del Salvador, Argentina) y Master en Relaciones Internacionales (Università di Bologna, Italia). Realizó cursos de posgrado sobre instituciones políticas y desarrollo económico. Posee amplia experiencia en prensa gráfica, radiofónica y digital, y escribe asiduamente columnas de análisis y opinión. En 2009 publicó el libro “La Unión Europea y sus instituciones”. - Contacto: abosoni@observanto.net