[OPINIÓN] La difícil salida de Egipto

Pablo Maldonado *   | 09/02/2011 - 20:11 |  | Enviar por e-mail |
Disturbios en El Cairo - Imagen: EFE
La tensión y el reclamo de cambios políticos en la Plaza Tharir de El Cairo se han convertido en un hábito de todos los días. Las cadenas internacionales de noticias muestran cómo este espacio no sólo es el lugar de manifestación por excelencia de los egipcios descontentos por la hostilidad del régimen de Hosni Mubarak, sino que además es un lugar “preparado” para que la vida doméstica de muchos ciudadanos sea más fácil ante tantos días de protesta. Se venden desde cigarros, comida callejera y periódicos, como si ese fuera un lugar más de los cientos que existen en la ciudad ofreciendo tales productos.

Pero por sobre todo la Plaza Tharir es el lugar donde emerge la fuerza de una sociedad cansada de las políticas de Mubarak y que reclama una demorada apertura política. Este pedido de apertura se condice con una tendencia que ha comenzado a instaurarse en el Mundo Árabe: la necesidad de modificación de un modelo político que combinó una fuerte autoridad con un aparato de represión oficial y otro paralelo; una situación de emergencia y alarma permanente, que obstruía la democratización de las voces en contra, y la sombra de la ilegalidad política para aquellos que no coincidían con el régimen o directamente se oponían a él. Justamente, esta ya histórica plaza está pidiendo más apertura y menos represión.


El rol opositor

Una de las aristas que recrudecen los largos días de protestas es el papel de una oposición política que aboga abiertamente por una transición y una renovación; un cambio que conduzca a un nuevo sistema político. Ahora bien, ¿la transición hacia lo que vendrá, cómo y de qué manera se hará? La inmanencia de los hechos hacia un cambio del status quo permite observar que la transición resultará de una mezcla entre los ejes más liberales del desfalleciente régimen, la presión de facciones provenientes de la Hermandad Musulmana, y aquellos que se alineen tras el reconocido diplomático Mohamed el-Baradei.

Esto implica en la mesa de negociación un problema difícil de resolver, y es justamente la legalización de la Hermandad Musulmana como espacio político. El temor al extremismo islámico y la base de sus objetivos políticos hace complejo que este partido (por ahora considerado ilegal) pueda ganar peso en este momento de decisión y consenso forzado. De igual manera, la Hermandad en cuanto partido también se enfrenta a los dilemas que le impone la realidad política en estos momentos.

Por su parte, el Premio Nobel de la Paz de 2005 y ex Director de la Agencia Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas, Mohamed el-Baradei, podría ser una persona clave en un gobierno provisional más aperturista, en buena medida gracias al apoyo que pueda recibir por parte de la diplomacia internacional.

En consecuencia, en esta presente y acuciante actualidad egipcia la ruptura revolucionaria no sería el camino más apropiado, pues las condiciones extremas se polarizarían y esto engendraría un foco de guerra civil que en este momento es poco recomendable ante la delicadeza del contexto local y regional. En efecto, el camino se enmarcaría hacia un escenario de negociación que tienda a una oxigenación del actual sistema político egipcio.

El ánimo del futuro puede sustentarse no sólo en la salida de Mubarak, sino en la creación de las condiciones institucionales, entre ellas un sistema de partidos sólido con vocación democrática, y un sistema político comprometido a afianzar procesos eleccionarios justos y libres de corrupción y fraude; elementos que han marcado al país durante este régimen.


Egipto en el mundo

Otras de las aristas a tener en cuenta es la inserción internacional de Egipto de cara al futuro. Este país ha sabido ser una potencia regional, al menos desde una óptica puramente geopolítica. La historia ha mostrado a este Estado como un factor de resguardo y equilibrio en el mundo árabe. En rigor, Estados Unidos y la Unión Europea lo han considerado como un elemento balanceador del poder entre los pueblos árabes y judío.

En este futuro hasta ahora desconocido, el papel del “tensiómetro político” de Medio Oriente está puesto en duda y requiere del aval de las potencias occidentales. Para ello depende de quién será finalmente el que lleve la transición a cabo y bajo cuáles términos, considerando además el profundo vacío de poder existente en el Partido Nacional Democrático, al menos en lo que se refiere a la injerencia en la toma de decisiones gubernamentales.

Por estos días la herencia política dejó de ser un título adquirido para caer en sacos rotos, al menos así se ha visto en el comportamiento de Gamal Mubarak, el “businessman”, hijo y sucesor político del actual presidente, quien ha renunciado a su cargo en el partido de gobierno. La realidad marca el pulso de la acción de los nuevos actores así como de la influyente opinión de las potencias de la arena internacional.


Es la economía…

Por último el factor económico ha sido uno de los ingredientes de esta fórmula que toma la protesta y el cansancio como punta de lanza para el cambio. La crisis internacional y el aumento del precio de los alimentos provocaron fuertes restricciones al bolsillo de los egipcios. Este aumento de los productos básicos es, desde una visión puramente doméstica, la eclosión de cualquier sentimiento de reparo frente a medidas gubernamentales inapropiadas para el tejido social de una nación. Este es otro de los problemas que debe resolver la transición, acordando medidas que no pulvericen los frágiles acuerdos a nivel político.

Las cifras oficiales del Banco Mundial y CIA Factbook presentan a Egipto como uno de los países de menor tasa de desempleo de todo el mundo árabe, alcanzando un 9,7 por ciento. Sin embargo dista mucho de ser un dato alentador pues se trata del país más poblado de la región, resultando entonces que un alto porcentaje de la población económicamente activa se encuentra parada.
En definitiva, la plaza Tharir es el epicentro donde puede enmarcarse el futuro político no sólo del pueblo egipcio sino de las consecuencias hacia su contexto regional. Esa Plaza no sólo habla de cambios coyunturales sino que muestra la pluralidad de intereses sociales que existen alrededor de los cambios venideros. El desafío de Egipto radica en la carente capacidad de absorber los graves problemas y en la transformación de un patrón político muy distinto al actual para la consecución de las realizaciones de una sociedad en situación de protesta social continua.

* Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y Magíster en Comercio Internacional de la Universidad del Salvador. Profesor de Economía Internacional y Profesor Interino de Teoría del Estado, Universidad del Salvador (USAL, Ciencias Económicas).

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