La visita de Obama a la India: implicancias para la seguridad internacional

Luis Schenoni *   | 06/11/2010 - 23:15 |  | Enviar por e-mail |
Obama en India - Imagen: Reuters
La mayoría de los análisis sobre la actual visita de Obama a la India han sido influenciados en distinto grado por el contexto de las elecciones de medio término, de manera que la agenda de política doméstica y económica ha ocultado la importancia estratégica que tiene esta visita en términos de seguridad.

Resulta curioso que la información se centre en los aspectos comerciales de dicho viaje, cuando entre los asuntos principales a ser negociados se encuentra la venta de diez aviones de transporte C-17 de Boeing, cien aviones de combate y una reestructuración general del sistema informático de las fuerzas de seguridad indias. Claro está que la visita tiene su lado comercial, pero se ha perdido de vista la relevancia geoestratégica de la India. Esto vale para Rusia y China (que ven con preocupación tales negociaciones) como para otros actores de la región. Por ello se debe tener en cuenta el rol de Pakistán, un aliado fundamental en la lucha contra el terrorismo y con muchos problemas internos que esta situación podría empeorar.

En primer lugar debemos aclarar que la tensión entre la India y Pakistán no es cosa del pasado. Aunque la última guerra entre estos dos países finalizó en 1971, desde entonces se han sucedido una serie de tensiones que no pueden dejar de considerarse. Entre las más recientes, el ensayo cruzado de armas nucleares durante 1998, las escaramuzas en el paso de Kargil durante 2000, el despliegue en alerta roja de ambos ejércitos en la Operación Parakram durante 2002 y otros sucesos de este tenor, demuestran la persistencia del conflicto. Más aún, los actos terroristas que Nueva Delhi ha atribuido directa o indirectamente al gobierno pakistaní se han incrementado notablemente durante los últimos años, llevando la relación bilateral a extremos de desconfianza y tensión.

En segundo lugar, el subcontinente indio y a sus vecinos debe ser visto en un plano integrado, un rompecabezas en donde las alianzas siempre tendieron a mantener el equilibrio regional y donde Estados Unidos simplemente no puede tener buenas relaciones con todos a la vez. La pregunta es si tiene futuro este juego según el cual Washington mantiene buenas relaciones con la India y con Pakistán, una estrategia que comenzó en 2001 en el marco de una alianza esquizofrénica con el entonces presidente pakistaní Pervez Musharraf, al tiempo que se brindan crecientes compensaciones a la India.

La bisagra de 2008

2008 fue un momento clave en la relación indo-americana. Por un lado, fue el año en que Nueva Delhi y Washington acordaron el desarrollo de un plan de cooperación nuclear que implicó el reconocimiento de la India como potencia nuclear de derecho. La relación bilateral había alcanzado su cenit y no había razones para creer que ese rumbo fuera a cambiar. India era uno de los pocos países emergentes con impecables credenciales democráticas y ostentaba una integración complementaria con los mercados americanos a través del sector de servicios. Entre los BRIC era de los menos preocupantes en términos militares y de los menos desafiantes en su discurso.

Pero 2008 también fue el año en que el Talibán comenzó a tomar plazas pakistaníes con la anuencia del ejército. Pakistán estuvo al borde del colapso tras el asesinato de Benazir Bhutto y la precipitada caída del régimen de Musharraf dejaba a la luz los vínculos que existían entre la administración y los extremistas pashtunes. La relación con los americanos alcanzó su nadir en ese año, cuando Washington comenzó a presionar a Islamabad para finalizar este doble juego, presión que se agudizaría durante la administración Obama.

La relación causal entre ambos procesos (es decir, el acercamiento a la India y las crecientes tensiones con Pakistán) no es evidente, pero es una hipótesis que no debería dejarse de lado. 2008 fue también testigo del peor atentado de los últimos años, que dejó 176 muertos en las calles de Bombai. En ese mismo sitio comenzó la visita del mandatario americano ¿Pasará este gesto desapercibido ante los ojos pakistaníes? ¿Puede Obama discutir una transferencia de tecnología militar de estas dimensiones sin que esto repercuta negativamente para los esfuerzos en Afganistán?

Un poco de historia: cuando Estados Unidos armó a la India en los años 60

Cualquier análisis que no tenga en cuenta la larga rivalidad que caracterizó a la relación entre India y Estados Unidos durante la Guerra Fría carece de la suficiente perspectiva histórica para analizar la actualidad de la relación bilateral.

No tener en cuenta este factor podría hacernos olvidar, por ejemplo, la importancia que otorgó Washington a Pakistán como su principal aliado en la región, incorporándolo al Pacto de Bagdad en 1955 y convirtiéndolo en bastión de los intereses occidentales en una región disputada nada menos que por China, la India y la URSS.

La primera luna de miel indo-americana tuvo lugar en este contexto, y sus consecuencias fueron de enorme magnitud. Tras la invasión China del Tíbet y la recepción del Dalai Lama por Nehru las tensiones sino-indias se fueron incrementando hasta estallar en una guerra en 1962. Unas pocas semanas de enfrentamientos dejaron a la India postrada en la más humillante derrota de su historia. Tras haber diezmado a las fuerzas indias en todos los frentes, el Ejército Popular de Liberación se retiró unilateralmente hasta las fronteras del Aksai Chin (parte integral del Tíbet, según Pekín) y declaró el cese de hostilidades.

La respuesta de Washington fue inmediata, ofreciendo su apoyo en una miríada de asuntos (jurídicos, económicos, etc.) y dotando a las fuerzas indias de las capacidades necesarias para repeler una segunda invasión china. Esta situación no pasaría desapercibida en Islamabad, donde el canciller Zulfikar Alí Bhutto propuso un radical alejamiento de Washington. Pakistán cedió voluntariamente a Pekín los territorios del Karakurum (también hoy parte del Tíbet) y viró a una alianza con China que incluiría el acceso a la capacidad misilística y nuclear con fines bélicos. Dos años más tarde Pakistán invadió Cachemira, en la segunda de tres sangrientas guerras que dividieron al subcontinente.

La recomposición de la alianza con Pakistán requirió de una importante ingeniería diplomática. Sólo después de establecer relaciones con Pekín y de la invasión soviética en Afganistán fue posible recuperar la alianza de antaño ¿Pueden Washington darse el lujo de un alejamiento similar en las condiciones actuales? ¿Por qué no se repetiría la crisis de los años sesenta en la actualidad? Más allá del interés comercial de la visita de Obama, estos son temas que no se deberían perder de vista.

En su segundo día de visita, el mandatario norteamericano acuso a Islamabad de flaquear en la lucha contre el Talibán. Presionar a las autoridades paquistaníes desde Washington es una cosa, pero hacerlo desde Delhi, es simplemente peligroso. El último gobierno democrático de Pakistán fue depuesto en el contexto de una crisis con la India, y los militares continúan siendo un actor de peso. En esas latitudes, Obama juega con fuego.

* Becario Doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Analista internacional. Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina y Coordinador del Programa de Estudios sobre América Latina de la misma. Director de la revista Ágora Internacional de la Asociación para las Naciones Unidas de Argentina (ANU-AR).

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