La derrota demócrata abre interrogantes sobre el futuro de Obama

Adriano Bosoni *   | 03/11/2010 - 22:13 |  | Enviar por e-mail |
Obama acepta la derrota - Wikimedia Commons
Como era de esperarse, Barack Obama recibió una derrota aplastante en las elecciones legislativas de mitad de mandato. El Partido Demócrata perdió el control de la Cámara de Representantes, al tiempo que el Senado quedó en situación de virtual empate. En consecuencia, el hombre que hace menos de dos años llegó al poder despertando la esperanza de millones de estadounidenses ahora enfrenta la posibilidad de que su gobierno quede bloqueado ante la tenaz obstrucción de sus adversarios republicanos.

Obama no sólo asumió la total responsabilidad de la derrota de su partida, sino que además la calificó como “una paliza”. En su primer discurso tras la divulgación de los resultados, el líder afroamericano tendió la mano a la oposición y les ofreció el camino del diálogo, incluso para introducir modificaciones en la reforma sanitaria y otras legislaciones que el presidente había defendido con firmeza.

De aquí en más, las posibilidades son varias. Por un lado, es posible (pero muy poco probable) que los republicanos acepten la invitación de Obama y la vean como una oportunidad para dar marcha atrás en aquellas políticas que consideran que deben ser revertidas. En tal sentido, el presidente se comprometió a reunirse con los flamantes legisladores antes de que asuman sus cargos, para “escuchar todas las ideas” con “una mente abierta”.

Sin embargo, la alternativa más factible parece ser el obstruccionismo absoluto. En los últimos meses, numerosos candidatos del Partido Republicano se han convertido en rehenes de los sectores más reaccionarios de la derecha, con el promocionado Tea Party como exponente más notable. El objetivo de estos sectores es claro: bloquear la presidencia de Obama, poner fin a su “proyecto comunista” y expulsarlo de la Casa Blanca en cuanto sea posible.

Esta segunda posibilidad, a su vez, encierra incertezas. Si los republicanos realmente consiguen anular la presidencia de Obama, el ex senador enfrentará serias dificultades para introducir las reformas que él considera que mejorarán la calidad de vida de los ciudadanos. Pero si la oposición se excede en su obstruccionismo y exagera su viraje hacia la derecha, es factible que los votantes se cansen de tanto fanatismo y decidan devolver el apoyo a un Obama decididamente moderado y conciliador. Esto es lo que le ocurrió a Bill Clinton, quien logró la reelección en 1996 tras haber perdido las legislativas de 1994.

El caso de Clinton es importante por otros motivos. Aunque el líder demócrata consiguió recuperarse de la derrota que sufrió a mitad de su mandato, el resto de su administración tuvo un tono considerablemente más conservador. Dicho de otro modo, tuvo que “moverse hacia el centro” para no perder definitivamente al electorado que lo había abandonado en las legislativas. Es muy probable que Obama también tenga que acomodarse en el centro y sacrificar sus ideales, en un giro que tal vez le permita recuperar votos por derecha pero que seguramente irritará a los sectores progresistas de su propio partido.

Al mismo tiempo, es cierto que Obama no es Clinton. Luego de una formidable campaña electoral, en la que consiguió despertar admiración y esperanza en millones de votantes, Obama parece haber perdido la capacidad de conectar con la gente. Son muchos los norteamericanos que lo ven como un líder demasiado frío, demasiado académico y demasiado distante, algo que nunca ocurrió con Clinton. En buena medida, la reinvención de su gobierno también deberá tener en cuenta este aspecto.

Como de costumbre, el desempeño de la economía encierra la clave para la reelección del presidente. Si Obama logra reducir un desempleo que se mantiene en niveles inusualmente altos y consigue sacar del estancamiento a una economía que crece de manera demasiado tímida, el mandatario no tendrá problemas para ocupar la Casa Blanca durante un segundo período.

Pero dicho objetivo parece difícil, sobre todo ante una oposición republicana que desprecia la implicación del Estado en la economía y rechaza de plano toda medida que se parezca remotamente al intervencionismo. Atento a ello, Obama declaró que algunas de sus medidas más polémicas –como los paquetes de estímulo a la economía o las ayudas a la industria automotriz- constituyeron “un programa de emergencia". Resta ver cómo se las ingeniarán los asistentes del presidente para idear medidas de reactivación económica que resulten digeribles para un Congreso dominado por los republicanos.

* Editor General de Observanto. Licenciado en Periodismo (Universidad del Salvador, Argentina) y Master en Relaciones Internacionales (Università di Bologna, Italia). Realizó cursos de posgrado sobre instituciones políticas y desarrollo económico. Posee amplia experiencia en prensa gráfica, radiofónica y digital, y escribe asiduamente columnas de análisis y opinión. En 2009 publicó el libro “La Unión Europea y sus instituciones”. - Contacto: abosoni@observanto.net

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