Se profundiza el conflicto en Medio Oriente

Juan B. Scartascini del Río *   | 08/01/2009 - 13:28 |  | Enviar por e-mail |
Bombardeo sobre Gaza - Imagen: AP
“Holocausto de Gaza” señalan algunos medios europeos; “Solución Final” denominan otros a la desarticulación de Hamas impulsada por Israel desde el 27 de Diciembre pasado. Lo cierto es que a la ofensiva aérea por parte de las FDI (Fuerzas de Defensa Israelíes), dio paso al bloqueo marítimo, la invasión terrestre y el combate cuerpo a cuerpo en la Franja de Gaza.

Desde entonces, la situación humanitaria se ha tornado desastrosa, no sólo por la falta de insumos médicos, el acceso al agua y a alimentos básicos, sino principalmente por la imposibilidad de desplazamiento que la población civil posee en Gaza.

Si a la pequeñez del territorio occidental palestino de escasos 360 kilómetros cuadrados (aproximadamente una franja de 40 por 10 km. en los sectores más anchos), se le suma el bloqueo físico, los más de 1,5 millones de palestinos que allí sobreviven ven imposibilitadas sus esperanzas de huir del infierno de la guerra. Al bloqueo del “muro de contención” que bordea la frontera con Israel, se le suma el bloqueo naval israelí; y además, el cierre de la frontera con Egipto -el paso de Rafah- por parte del vecino país, aduciendo razones de seguridad. Este último hecho en particular, ha dado inicio a un sinfín de acusaciones, salpicando incluso al presidente de Egipto Hosni Mubarak, por supuesta complicidad y condescendencia con las autoridades israelíes, quienes lo visitaron dos días antes de iniciados los ataques.


Regionalización del conflicto

En efecto, el nuevo conflicto armado comienza a repercutir en la política regional. El Líbano, a pesar de poseer hoy autoridades más occidentalizadas, cuenta con la presencia de Hezbolla, organización terrorista que desde el sur del Líbano, ataca posiciones del norte de Israel. La vecina Siria intenta entablar vías diversas de diálogo con Israel, aunque no deja de hacer la vista gorda a las actividades de Hezbolla en su territorio.

Por su parte, Irán pareciera regocijarse en el caos colectivo en el que la región deviene. Aliado a Siria, su líder Mahmud Ahmadineyad no deja de hacer sentir la ambición regional que alimenta la necesidad de influencia que los persas, como antiquísima civilización, demandan. En efecto, el poderío de Irán no se sonroja en vincularse abiertamente con Hamas; y aunque los iraníes –Ahmadineyad a la cabeza- interpretan que este es un conflicto en cual ellos no son los actores centrales, sino más bien periféricos, entienden que la agenda regional que se impone es funcional a sus intereses nacionales.

Finalmente restan las monárquicas Jordania y Arabia Saudita y el Egipto de Mubarak, hoy ya históricamente neutralizado y acercado a Occidente. Éste último se presenta como la figura regional más dialoguista. De hecho, de Egipto -en conjunto con la “multiactiva” Francia de Sarkozy- provendría una propuesta de Paz, o al menos de cese al fuego.


Sospechosas coincidencias

La operación “Plomo Fundido” que comenzó como una ofensiva aérea devenida en invasión y bloqueo de la Franja de Gaza, despierta un sinnúnmero de sospechas por las coincidencias con las cuales directamente se relaciona.

En primer lugar, el conflicto reviste cierta sistematización con la ofensiva contra Hezbolla en el Líbano en 2006 (Segunda Guerra del Líbano). Del mismo modo, la ofensiva devenida en invasión se registra a menos de cuarenta días de las elecciones anticipadas en Israel, en los cuales se prevé la actual Ministro de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, sería la victoriosa por el partido Kadima, coronándose en tales comicios como nueva Primer Ministro.

En este sentido, y teniendo en cuenta el perfil aguerrido de Livni –en los ochenta fue miembro del Mossad- pareciera encumbrarse bajo la sombra de Golda Meir, la recordada “Mujer de Hierro” del belicoso Israel de los sesenta y setenta. Ciertamente, la actual aventura israelita en la Franja de Gaza, no deja de contener un profundo tamiz electoralista. Pareciera representar una acción externa “de consumo interno” con el objetivo de convencer a los sectores más conservadores del electorado israelí.

Asimismo, la coincidencia más casual pareciera ser la que el destino le deparó al influyente pensador norteamericano Samuel Huntington… El autor que supo ilustrar el “choque de civilizaciones” falleció en la pasada Navidad, a pocos días de iniciarse una nueva confrontación entre dos pueblos enemistados desde tiempos bíblicos.

Sin embargo, la coincidencia más causal se refiere a la gran potencia norteamericana, no sólo por la ineludible sospecha de connivencia que el poder norteamericano puede significar a cualquier ofensiva israelí, sino más bien por el momento más que preciso, en el cual se va desarrollando el conflicto.

Es más que conocida la costumbre que estadistas de diferente calibre ponen en práctica durante el ocaso de su gestión. A días de traspasar el mando al presidente electo norteamericano Barack Obama, el todavía en ejercicio George W. Bush ofrece un corolario digno a su administración… En plena transición, y antes de que los demócratas tomen posesión, el gobierno israelí lanza una ofensiva militar, reaccionando desproporcionadamente a los aislados pero continuos ataques de grupos terroristas palestinos sobre poblados del sur del territorio israelí.


Obstáculos para la paz

Como se vislumbra, el presente es un conflicto que, o bien muere en la encrucijada pre-electoral israelí y en el corolario de la era Bush, o bien puede llegar a convertirse en un conflicto de escala regional que se extienda un plazo considerable a lo largo de continuas intermitencias. Aunque en parte contando ya con implicancias regionales, donde más profundamente influye el conflicto es en el corazón de la misma Palestina; en Ramallah.

En la capital de la cisjordana Ribera Oriental y sede de la Autoridad Nacional Palestina, los efectos del conflicto son más que devastadores. En principio profundizan la brecha de desunión que desde hace tiempo persiste dentro de las diversas vertientes palestinas, suponiendo en efecto, el mayor obstáculo para encontrar la paz regional.

En concreto, el poder palestino se encuentra profundamente dividido, especialmente luego de la muerte de Yasser Arafat en 2004. La fuerza del líder de la laica OLP (Organización para la Liberación de Palestina) hoy está bajo el mando de Mahmud Abbas, un líder calificado como excesivamente dialoguista por Hamas. La OLP, ya en el marco de la ANP (Autoridad Nacional Palestina) e institucionalizado a través de Al Fatah, pasó a ser el gobierno de los palestinos internacionalmente reconocido. Hoy día, su poder no se extiende más allá de Cisjordania.

Por su parte, Hamas controla la estrecha Franja de Gaza, luego de una victoria electoral en 2006 sobre Al Fatah, el movimiento de Arafat, entonces al frente de la OLP y de todos los palestinos. Hamas se obstina en no reconocer al Estado de Israel, y en numerosas ocasiones, ha jurado la reconquista de toda Palestina, lo que conllevaría a la desaparición de Israel como Estado.

Finalmente existen diversas vertientes que se extienden en la región: Hezbolla en el Líbano, sus aliados de Damasco en la vecina Siria, y aquellos en Egipto los “Hermanos Musulmanes”, quienes son la mayor oposición de Mubarak y a quien no vacilan en llamarlo traidor. Más atrás se encuentra Irán, que desde el chiísmo fundamentalista no deja de oponerse virulentamente a Israel, amenaza su existencia, y permanece como un “gigante dormido” mientras observa hacia dónde se dirige el ojo de la tormenta en el presente conflicto.

En definitiva, y ante este escenario, tanto la paz como la guerra, se encuentran en poder de Israel, de sus autoridades y –en parte- de sus aliados políticos internacionales. Resta a la comunidad internacional, explotar su capacidad de influencia sobre líderes, empecinados más en conseguir objetivos belicistas, que en construir la difícil convivencia de dos pueblos históricamente enemistados.

* Director General de Observanto - contacto: jscartascini@observanto.net

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