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Un Marine recorre Marjah - Imagen: AP |
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Mientras en el norte de Afganistán las fuertes nevadas retrasan el despliegue de operaciones militares tanto por parte de la insurgencia como de las fuerzas aliadas, en el sur del país el clima permite comenzar el año con una ofensiva de gran magnitud contra los bastiones talibanes a la vez que importantes operativos de inteligencia asechan a los líderes del movimiento en suelo paquistaní.
El controvertido despliegue de las tropas norteamericanas que se sumarán a los esfuerzos de guerra este año apenas ha comenzado, y las noticias en el frente reflejan ya notables cambios. La recuperación de una importante ciudad en la conflictiva provincia de Helmand y la captura del número dos del Talibán parecen confirmar que los supuestos estratégicos que llevaron a la campaña de Afganistán a su calamitoso estado actual han sido efectivamente revisados y el compromiso de los aliados vuelve a ser tan sólido como en los inicios del conflicto.
La ofensiva sobre el bastión talibán de Marjah –que pareciera prefigurar una victoria aliada- es un claro indicio del nuevo rumbo que tomará el conflicto. A diferencia de la falta de coordinación y la escasez de hombres que caracterizaron a los operativos de los últimos años, Marjah fue recuperada con más de 15.000 hombres -las cifras son más imponentes si consideramos que en 2006 el total de tropas occidentales en todo el país apenas ascendía a 36.000- de seis naciones de la OTAN más dos mil miembros del ejército afgano.
El objetivo estratégico de la Operación Moshtarak –que abarca la recuperación de Marjah y otros operativos conexos- también es muy diferente al de las operaciones de años atrás, puesto que intentará por primera vez aplicar un cordón de seguridad -estrategia que había sido utilizada por los soviéticos tres décadas atrás- protegiendo las principales ciudades de las provincias de Helmand y Kandahar y acorralando a los rebeldes. Entre las muchas utilidades de recuperar el control de esta región está el interés por cortar los flujos financieros provenientes del narcotráfico que solventarán la insurgencia del Talibán durante el año.
Además de recuperar una importante población afgana de manos del enemigo –más de 80.000 personas viven en Marjah al día de hoy-, una victoria durante esta semana significaría un mayor control sobre la ruta de la droga hacia Irán y otras fuentes de abastecimiento vitales para los insurgentes.
Aunque en el campo militar la batalla por Marjah representa un hito, quizás el acontecimiento más importante para el futuro de la guerra haya sucedido en Paquistán, donde la captura del Mulá Baradar -mano derecha del Mulá Omar, fundador y líder del Talibán- es un claro indicio de que las presiones sobre Islamabad dieron sus frutos y tanto la Inter-Services Intelligence –ISI, inteligencia paquistaní- como el Ejército colaborarán finalmente con la CIA en la captura de los más importantes líderes del otro lado de la frontera.
Baradar era el representante del movimiento talibán en la ciudad de Quetta, capital de la provincia paquistaní del Beluchistán, considerada casi unánimemente desde hace más de un año como el epicentro de la insurgencia fundamentalista afgana. Haber logrado que el ISI y el ejército paquistaní colaborasen en desbaratar al Talibán en su territorio es un complemento fundamental para el esfuerzo de los militares aliados en Afganistán.
Acorralados entre la ofensiva de la OTAN en Helmand y la presión sin precedentes de las autoridades paquistaníes, los insurgentes se enfrentan al peor panorama en ocho años de conflicto. Sin embargo, no parece haber señales de importantes deserciones o divisiones que permitan anticipar futuras negociaciones; si la insurgencia retoma la estrategia defensiva de sus primeros años probablemente pueda resistir mucho más tiempo.
A pesar de los importantes aciertos hay aún muchos talones de Aquiles en la estrategia de la OTAN para Afganistán. El más notorio es un problema táctico: la desmesurada utilización del respaldo aéreo en las operaciones de la OTAN seguirá causando un intolerable número de bajas civiles –hasta el momento unas 20 en la batalla de Marjah- y por lo tanto pondrá en riesgo, no sólo la imagen de las fuerzas occidentales, sino la misma supervivencia política de Karzai.
El segundo problema notable no es un error sino una omisión: ¿Cuál es el rol que jugarán los señores de la guerra afganos en este proceso? ¿Soportarán sin más el deterioro de los ingresos por narcotráfico y la concentración de poder en el gobierno que son pilares de la estrategia? No parece haber respuestas claras a este tipo de preguntas.
El tercer problema es estratégico, pues aunque todas las acciones que se tomen durante el 2010 sean acertadas, de nada servirán si la idea de Washington es, como se sugirió durante estos meses, comenzar una retirada apresurada durante 2011 y dejar el conflicto en manos de Kabul. En vistas de los vínculos internacionales que la insurgencia posee vía Al Qaeda y de la conocida capacidad del Talibán para permanecer en la oscuridad y regenerarse, sería un craso error pensar que este nivel de compromiso puede durar un año y nada más.
Las operaciones militares masivas y los rápidos operativos de inteligencia dejan entrever algo de la prisa con que se esta operando frente a un enemigo que lleva más de treinta años en guerra y maneja con destreza sus tiempos. Marjah es un objetivo central. Si se pierde en esta ciudad estará en riesgo el futuro mismo de la guerra para la OTAN, pero las batallas definitivas se librarán seguramente más allá de la provincia de Helmand y ciertamente no tendrán lugar durante el invierno.
Las operaciones contundentes de esta semana han impresionado al mundo entero y dan mucho que pensar en cuanto al futuro de Afganistán. Su realización demuestra que el replanteo estratégico y el mayor compromiso que los aliados prometieron bajo el ala de los Estados Unidos ya son una realidad. Si esta determinación se mantiene, la OTAN recupera y asegura los bastiones talibanes del sur y Paquistán conserva el compromiso y su estabilidad interna, entonces habrá comenzado un promisorio 2010 para las fuerzas aliadas. |