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Tras un nefasto 2009 se abre un nuevo capítulo en Afganistán


  Por:  Luis Schenoni * 

19/12/2009 - 02:57   

 
 
 
Karzai, Obama y Zardari - Imagen: Gerald Herbert/AP
 
     

Con la determinación de la administración Obama de desplegar treinta mil efectivos norteamericanos más en suelo afgano durante el 2010, comienza una nueva etapa en la historia de este conflicto que promete un mayor compromiso de los Estados Unidos en el intento de ir consolidando su posición e ir diseñando alguna estrategia sólida que contrarreste los muchos retrocesos sufridos durante el 2009.

El año que termina fue sin lugar a dudas el peor en los ocho años que ya lleva la campaña en Afganistán. Aunque las condiciones para que esto sucediera se gestaron durante la era Bush, tocó a la recién estrenada administración Obama lidiar con al menos tres problemas fundamentales que caracterizaron lo que fue un nefasto 2009 para la alianza: los problemas de legitimidad del gobierno afgano, el resurgimiento y recrudecimiento de la resistencia del Talibán y la regionalización del conflicto.

Aunque cronológicamente fue el último de los problemas del año, el surgimiento de conflictos entre las diversas elites locales que participan del gobierno y de los esfuerzos de guerra junto con la OTAN, es seguramente el problema que más oscurece el panorama futuro. Después de las elecciones fraudulentas que confirmaron a Hamid Karzai en el poder, el panorama político del país es de extrema fragmentación en torno a las tradicionales líneas étnicas y a las figuras de importantes señores de la guerra con efectivo control territorial que cada vez se distancian más entre sí.

Cuando el tayico Abdullah Abdullah retiró su candidatura denunciando un fraude (luego comprobado) aún cuando había alcanzado el ballotage, se generó en Afganistán un caldo de cultivo para los sentimientos antioccidentales y para los opositores al presidente Karzai que comenzaron a aglutinarse y podrían llegar a conformar un frente disidente hacia el interior de una alianza hasta el día de hoy uniforme. Aunque este escándalo fue pronto olvidado por la prensa, la legitimidad de Karzai y de las fuerzas extranjeras a los ojos de los principales líderes tribales del país es una prioridad que no escapa a los ojos del Pentágono. La libertad con que estos warlords manejan sus territorios y negocios personales (muchas veces ligados al narcotráfico) es muestra de que las potencias occidentales conocen bien su importancia.

El 2010 será un año de definición en cuanto a cómo lidiar con estos líderes tribales ¿Puede producirse una fractura entre pashtunes y no pashtunes al interior de la alianza? Karzai, el representante de los pashtunes (la etnia que exceptuando algunos breves períodos siempre ha gobernado el país), es esencial para una eventual apertura a los sectores moderados del Talibán y el inicio de negociaciones, pero ¿Hasta qué punto sigue siendo redituable para los Estados Unidos sustentar a Karzai en el poder? ¿Hay alguna figura alternativa? Estas y muchas más preguntas deben recorrer los pasillos de Langley y de Washington en estos momentos sin ninguna respuesta clara.

Más allá de los problemas domésticos que como hemos visto son muchos y sustanciales, la mismísima situación militar de la OTAN y el Ejército Nacional Afgano se ha deteriorado notablemente este año, especialmente en las regiones orientales del país y en la provincia meridional de Helmand. El número de bajas de la OTAN durante 2009 (cerca de 600 hombres) fue el mayor de los ocho años de campaña y el despliegue territorial del Talibán también fue mucho más amplio.

En los últimos meses la idea de que Afganistán se convertirá en un segundo Vietnam comenzó a tener asidero en muchos de los intelectuales dedicados al estudio de la temática. En Argentina, el especialista Khatchik Der Ghougassian (UDESA) admitió que aunque él intentó rehuir siempre la analogía, ese escenario parece cada vez más probable. Desde West Point, el presidente norteamericano aseguró que la situación norteamericana dista de parecerse a la de la Guerra de Vietnam.

Las primeras distinciones que remarcó son la legitimidad internacional de la campaña y la ausencia de una insurgencia masiva y popular, la última fue menos feliz, en tanto se refirió a la imposibilidad de Washington de retirarse del país sin una victoria contundente: “… a diferencia de Vietnam el pueblo americano fue intencionalmente atacado desde Afganistán y sigue siendo el blanco de aquellos grupos extremistas que se complotan en la frontera. Abandonar la región en este momento (confiando en los esfuerzos contra Al-Qaeda a la distancia) pondría en riesgo nuestra habilidad de mantener a Al-Qaeda bajo presión y generaría un riesgo inaceptable de nuevos ataques en nuestro suelo y el de nuestros aliados” dijo Obama.

Para quien quiera analizar estas declaraciones con ironía, la conclusión puede ser que la situación es aún peor que aquella de Vietnam en tanto los Estados Unidos no son conscientes de que se enfrentan a una insurrección masiva y popular, cargan con el peso de la guerra y no reciben fuertes presiones internacionales para retirarse (en tanto gozan de cierta legitimidad), no consideran posible la opción de retirarse; y lo que es más grave, no planifican cómo hacerlo. En síntesis, es posible que Washington esté en un pantano más peligroso que aquel de la Indochina.

Asimismo, el apoyo a la estrategia del Gral. McChrystal de incrementar en cuarenta mil hombres las fuerzas de la OTAN y consolidar el dominio territorial de la alianza en Afganistán, evitar a toda costa el contacto del Talibán con la población local y fortalecer a las fuerzas de seguridad afganas, intenta revertir esta situación y fue apoyada por todos (incluso por el Emb. Eikenberry, reticente a incrementar la presencia militar por los problemas domésticos que enfrenta el país).

Pero ahí no acaban los problemas. El pasado 1° de diciembre, Obama remarcó desde la academia militar de West Point que los Estados Unidos se comprometerán firmemente a estabilizar “Afganistán y Paquistán”. El concepto mismo de “AfPak” -acuñado a comienzos de la era Obama- refleja que el conflicto trasciende las fronteras del país para ser un problema regional en una región donde, dicho sea de paso, convergen los intereses de importantes potencias como Rusia, China, Irán y la India.

Aunque este año las victorias más importantes se lograron en territorio Paquistaní (la recuperación del Valle del Swat y algunos golpes asestados en Waziristán, como el asesinato del líder talibán Mehsud), el vecino país, hogar de gran parte de la etnia pashtuna y de muchos grupos fundamentalistas, sigue siendo el territorio más afectado por el conflicto. En tanto cada avance realizado en Afganistán repercute en un incremento de la violencia en Paquistán y viceversa, la casi duplicación de las tropas occidentales en territorio afgano implicará importantísimos desafíos a un Islamabad en una situación extremadamente frágil. Basta recordar que hace poco más de dos meses el Talibán logró tomar por unas horas el cuartel de las ISI (inteligencia paquistaní) para ser concientes de la gravedad que la situación adquiere en este país.

Hasta el momento todo ha sido anunciado pero poco llevado a la práctica. El envío de tropas se efectuará recién durante el año próximo y dosificadamente, mientras que ninguna solución a los conflictos políticos internos del país ha sido planteada, y no se define cuándo y cómo se negociará con el Talibán.

Entre los sobrios avances de las últimas semanas, el reclutamiento de milicianos locales para conformar las fuerzas de seguridad afganas se incrementó notablemente (más de un 400% respecto del mes de septiembre) en base al reajuste del salario de los combatientes que últimamente supera a las seductoras ofertas del Talibán. Alemania aportó al fondo para el incremento salarial de las fuerzas de seguridad afganas (Law and Order Trust Fund Afganistán) la nada despreciable suma de 13 millones de euros esta semana.

Pero el apoyo de los aliados europeos es bastante magro en otros aspectos. Una de las características más cuestionables del plan para el 2010 es la forma unilateral en que los Estados Unidos están asumiendo los costos. El pobre incremento de 7000 efectivos que ofrecieron los miembros europeos de la OTAN tres días después del discurso de West Point y tras arduas negociaciones diplomáticas, fue interpretado como un retroceso en la multilateralidad (e indirectamente la legitimidad internacional) de la iniciativa de Washington.

Todos estos problemas cierran un año especialmente caótico para el conflicto, plagado de reveses militares y políticos. En tanto la nueva estrategia recién se está diseñando sólo queda esperar por los resultados de un 2010 que aparentemente será un año de definiciones importantes en Afganistán.

 

* Analista internacional. Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina y Coordinador del Programa de Estudios sobre América Latina de la misma. Director de la revista Ágora Internacional de la Asociación para las Naciones Unidas de Argentina (ANU-AR).

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