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Portada de The Economist - Imagen: The Economist |
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A finales de julio tuvo lugar en Washington, el “Primer Diálogo Estratégico Económico EE.UU.–China”. Para muchos analistas, el encuentro representó tanto el auge de China como la voluntad más consensual y menos unilateralista de la Administración Obama. Durante el encuentro, funcionarios de primera línea de ambos Estados, debatieron sobre distintos temas y arribaron a algunas conclusiones. Entre ellas, el secretario del Tesoro de los EE.UU., Timothy Geithner, destaco el haber logrado establecer un marco de trabajo, para enfrentar la crisis global. Por su parte, el viceprimer ministro chino, Wang Qishan, afirmo que “China se concentrará en el aumento de su demanda doméstica”. Mientras tanto, algunos periodistas afirmaban que la declaración fue un guiño para Washington.
En rigor, se trata de un hecho ya consumado. Frente a una economía internacional en recesión, la reducción de las exportaciones se produce de facto y el enfocarse en el mercado doméstico decanta solo. En síntesis, el objetivo del diálogo fue jerarquizar, en la agenda internacional de Washington, la importancia de la relación con Beijing.
Dos estrategias frente al auge de China
A principio de 2005, una prestigiosa revista de política internacional, comenzó a indagar sobre cual debería ser la estrategia estadounidense frente al creciente poderío chino. Rápidamente, se generó un debate entre dos de los más influyentes académicos de los EE.UU. En una esquina, se encontraba Zbigniew Brzezinski. Ex consejero de seguridad del entonces presidente Jimmy Carter, ideólogo de la Doctrina Carter sobre Medio Oriente y autor de una docena de muy influyentes libros, como “El Juego Estratégico” (1986),“El Gran Tablero Mundial”(1997), etc. En la otra esquina, John Mearsheimer, profesor de la Universidad de Chicago, creador de la teoría del Realismo Ofensivo y autor de “La Tragedia de las Grandes Potencias” (2001).
Brzezinski, pudo resumir su estrategia frente al auge China, con la siguiente muy sencilla frase: has dinero, no la guerra. La postura del creador de la Doctrina Carter, no es otra cosa que una continuidad y profundización de la política iniciada por Nixon, en los años setenta. En ese entonces, aprovechando la ruptura de las relaciones con Moscú, los estadounidenses se acercaron a China con un doble objetivo. Por un lado, asegurarse que China no vuelva a establecer una alianza con la URSS. Y simultáneamente, comenzaron a reintroducir a China al mundo occidental y sus instituciones.
Esta estrategia, cobró un gran impulso cuando Deng Xiaoping, comenzó un gradual pero sostenido proceso de reforma económica. La misma, centrada en la apertura, la atracción de inversiones extranjeras y el impulso a las políticas de mercado, comenzaron a conectar a China con la economía global.
De este modo, comenzó a generarse un proceso de interdependencia entre China y el resto del mundo, en general, y los EE UU, en particular; del cual ambos salieron beneficiados. Para los estadounidenses, China se transformo en una gigantesca factoría desde donde producir y exportar hacia todo el mundo. Para los chinos, EE.UU. se transformó en el principal destino de sus exportaciones y, al mismo tiempo, una fuente de suministro de inversiones y conocimiento. Es por eso, que Brzezinski afirma has dinero.
Mearsheimer, es menos optimista. Afirma que China no puede ascender pacíficamente y, si continúa su vertiginoso crecimiento económico, es muy probable que entre en una competencia de seguridad, contra los EE.UU.
El creador del Realismo Ofensivo, considera que el ascenso de China, no tiene por qué ser distinto al camino recorrido por los EE.UU. Esto significa que Beijing buscará anular la influencia de Rusia, superar económicamente a Japón y expulsar a los EE.UU. del Pacifico Noreste. Y así, podrá alzarse con la preciada hegemonía regional.
De igual modo refuerza su argumentación, advirtiendo que Beijing tiene bien presente qué pasó cuando China era débil y sus enemigos no. Primero, los europeos colonizaron sus regiones costeras. Más tarde, Japón ocupa gran parte de su territorio septentrional, y, por último, dados los conflictos limítrofes con la URSS. De esta forma, Mearsheimer concluye que en el anárquico mundo de las relaciones internacionales, es mejor ser Godzilla que Bambi.
Bajo esta consigna, Mearsheimer, desautoriza la estrategia de introducir a China al mundo. Pide cerrarle la puerta y no favorecer su crecimiento económico. Saliendo del plano económico, deben emprenderse políticas como la firma de los acuerdos de cooperación nuclear y naval con la India, continuar con el despliegue de tropas en Japón y Corea del Sur y, en líneas más generales, seguir implicado en los asuntos de Asia Pacifico vía la participación en sus distintos foros, como ASEAN, APEC, Foro Regional del Asia, etc.
Obama apuesta por Brzezinski
El establecimiento del Primer Diálogo Estratégico Económico EE.UU.–China evidencia que la Administración Obama, parece inclinarse más sobre la que podríamos denominar, tesis de Brzezinski. Es decir, profundizar la interdependencia de China con la economía global, hacerla un stakeholder de la estabilidad internacional e invitarla a “asumir responsabilidades” frente a los desafíos a la seguridad global, como el combate al terrorismo y la aplicación de políticas de no proliferación nuclear y misilística.
Sin embargo, mirando el planisferio desde la perspectiva de Washington, podemos avistar a otros actores que motivan el acercamiento a Beijing. El primero de la lista es Rusia. A pesar de haber reducido las tensiones, la relación todavía se halla lejos de aquel momentum sucedido tras el 11-S. Existen varios puntos en conflicto, aún no resueltos (Escudo Antimisiles en República Checa y Polonia, expansión de la OTAN, situación en el Cáucaso, programa nuclear iraní, etc.)
Corea del Norte es otro Estado que incentiva la cooperación con Beijing. De lograr un compromiso real y efectivo de Beijing, en cuanto a como lidiar con Pyongyang, se podría hablar de una nueva etapa en la Península Coreana.
El Primer Diálogo Estratégico Económico EE.UU.–China nos ofrece dos conclusiones complementarias. Por un lado, el acercamiento y la jerarquización de la relación con China pueden entenderse como la continuidad de la política de Nixon. Paralelamente, también nos habla de la creciente importancia de China, como Raising Power cada vez más asentado, tanto en el ámbito político-militar, como en el económico-comercial. |