¿Bruselas “belga” o Bruselas “europea” en la nueva presidencia de la UE?
Por: Pablo Maldonado * |
![]() |
||
Imagen:Unión Europea |
||
Las pujas entre Francia y Alemania por el manejo político y económico de la Unión Europea, la convulsión en España, Portugal y Grecia por la seria situación de ajuste y el leve compromiso de una Gran Bretaña cada vez más euroescéptica desnudan un complejo escenario que se presenta como una de las peores eras de la historia de la Unión.
Sin embargo, hay Estados dentro de esta Comunidad que tradicionalmente han mantenido un fuerte compromiso comunitario y que no detentan las cuotas de poder de las grandes potencias europeas. Tal es el caso de Bélgica, una monarquía constitucional, liderada por el Rey Alberto II y administrada frágilmente desde el punto de vista político–institucional, por Yves Leterme.
En efecto, una convulsionada Bélgica reemplazará a la “presidencia invisible” española. El semestre de Madrid al frente de la Unión recibió dicha calificación por el rol intrascendente de un Rodríguez Zapatero que estuvo más preocupado por el incendiario escenario interno de una España afectada por la crítica situación económica que conjuga falencias propias y efectos globales, que por la gestión de la igualmente acuciada Unión. De hecho el logro máximo de la presidencia española fue el relanzamiento de las relaciones con el Mercosur, con la intención de reforzar el vínculo con América latina y el Caribe.
No obstante, y más allá de toda predicción, la gestión belga en Europa podría servir como salvoconducto para la propia situación de fragilidad interna de Bélgica. En consecuencia, la presidencia europea puede permitirle al dividido país reacomodar piezas dentro del entramado interno y lograr la tan ansiada estabilidad que el frágil y provisional nuevo gobierno busca. El Reino hoy espera por mayores definiciones políticas, especialmente una lectura provechosa de lo expresado por el electorado flamenco en las elecciones generales del pasado 13 de junio.
En efecto, el país afronta dos desafíos. Por un lado, la “Bruselas europea” deberá dilucidar cómo serán los pasos a seguir en Europa, cómo lograr mejorar la situación del continente, cómo repercutirán en la vida de los comunitarios y de los extra-comunitarios los efectos del plan de ajuste en toda la Unión, y cómo se lograrán mantener las fuertes disputas y la influencia alemana en los gobiernos domésticos.
Por otro lado, la “Bruselas belga” tratará de aquietar las aguas de sus asuntos internos y de los sectores sociales culturalmente opuestos, con la obligación de absorber la fuerte señal electoral que la mayoría flamenca expresó en las urnas, a saber; cambios autonómicos y descentralización política.
En definitiva, Bélgica y su frágil gobierno tienen hoy un profuso trabajo. Salir completamente ilesos de tal escenario resulta difícil, aunque sea cual fuere el camino a tomar por la Bruselas “europea” y “belga” al mismo tiempo, deberá conjugar tanto las apetencias europeas, como resolver los urgentes problemas de sus regiones.
* Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y Maestrando en Comercio Internacional de la Universidad del Salvador.
Inicio | Latinoamérica | EE.UU.| Europa | Global | Académica | Anteriores | Publicidad | Acerca De | Contacto
Observanto ® Copyright 2008-2010. Todos los derechos reservados.
Observanto - Análisis Internacional is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 2.5 Argentina License. Based on a work at www.observanto.com y/o www.observanto.net. Permissions beyond the scope of this license may be available at http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/ar/. |
|




