Kirguistán y el rebrote de la inestabilidad en el Asia central


  Por:  Juan B. Scartascini del Río * 

12/06/2010 - 21:56 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
Disturbios en Osh - Imagen: Globovisión/AFP
 
     

La aislada y poco conocida República de Kirguistán, en el montañoso corazón del Asia central, vuelve a ser noticia luego de los incidentes de abril pasado generados por una revuelta contra el entonces presidente Kurmanbek Bakiyev. El actual conflicto, que en principio tendría características más bien interétnicas, se da entre minorías uzbekas y la población kirguís del límite sur con Uzbequistán.

Todo comenzó la noche del 10 de junio en varios puntos de la fronteriza ciudad de Osh, la segunda más grande del país. Los enfrentamientos entre jóvenes kirguís y uzbekos han obligado a que el gobierno decretara el estado de emergencia en varias ciudades de la región.

Más aún, debido al descontrol y la violencia generalizada que desbordó a las fuerzas del país, la presidente kirguís, Roza Isakovna Otunbayeva, pidió ayuda a la Federación de Rusia para que intervenga y logre controlar el caótico ambiente. "Desde ayer la situación se volvió incontrolable. Necesitamos ayuda militar foránea para impedir su ulterior agravación. La hemos solicitado a Rusia". Así, con total franqueza, y sin mayores tapujos, Otunbayeva solicitó la intervención rusa, país con quien tiene relaciones muy estrechas y en quien basa gran parte de su dependencia. La respuesta rusa ha sido igualmente franca. Según un portavoz del Kremlin, se trata de un conflicto interno en el que "por ahora" Rusia no va a intervenir, pues no ve las condiciones para tomar parte en su resolución, aunque sí ha ofrecido ayuda humanitaria.

Es ciertamente llamativo que las altas autoridades rusas se nieguen a intervenir en lo que ellos consideran su “extranjero cercano”, su área de influencia. Sin dudas algo pareciera estar cambiando en el Kremlin, y la imagen de la ex República Socialista Soviética de Kirguistán -otrora parte de la extinta URSS- parece justificar la negativa rusa para prestar la ayuda necesaria para detener la escalda de violencia.

Pareciera que Bishkek no sólo está tornándose muy inestable desde la denominada “Revolución de los tulipanes” de 2005 que derrocó al autocrático presidente Askar Akayev, de íntima relación con el Kremlin desde épocas soviéticas, sino que la deposición en similares y violentas circunstancias de su sucesor en abril pasado -Bakiyev- hbaría generado cierta desconfianza por parte del Kremlin.

Más aún, Otunbayeva -quien asumió el poder luego de que Bakiyev abandonara el país en la revuelta de abril para ser asilado por el autocrático presidente de Belarús Alexander Lukashenko- posee un perfil más socialdemócrata, además de la clara distinción de género que sin dudas genera un fuerte impacto en la dirigencia política de la región.

Asimismo, las declaraciones de la interina presidente de mayo pasado que anunciaron la postergación de las elecciones generales par elegir al sucesor de Bakiyev y la automática extensión de su mandato hasta fines de 2011 no ofrecieron factores de estabilidad. Por el contrario este anuncio maximiza aún más las dudas que el Kremlin posee hacia las todavía indefinidas posturas de Otunbayeva, que pendulan entre tendencias democratizadoras pro-occidentales y la tradicional rusodependencia.


Temor a la regionalización del conflicto

La negativa rusa y la consecuente agudización del conflicto han provocado que los enfrentamientos étnicos se extiendan y, en los primeros tres días, se hayan cobrado la vida de unas 80 personas y cerca de mil de heridos. No obstante, las organizaciones de derechos humanos que observan la situación prevén que el número de víctimas sería bastante mayor al oficialmente difundido. Para contrarrestar tal situación, además del toque de queda decretado en varias ciudades y del movimiento de tropas militares, Bishkek ha anunciado la activación de sus reservistas y la movilización hacia la frontera sur-oeste con Uzbequistán.

Asimismo, el conflicto étnico se entremezcla con lo político, y se extiende de Osh a la vecina Jalal-Abad, región de nacimiento de Bakiyev, y desde donde en mayo -luego de las declaraciones de Otunbayeva- se anunció una contra-ofensiva para debilitar el poder interino e intentar retomar el poder.

Asimismo, cabe destacar que la ciudad de Osh se encuentra en el corazón del Valle de Fergana, una región geográficamente apartada de Bishkek y Tashkenk -capitales kirguís y uzbeka respectivamente- y que a su vez interconecta con la igualmente inestable Tajikistán. Esta región históricamente ha sido testigo de varias y conflictivas revueltas fuertemente reprimidas por los sucesivos poderes centrales, entre ellos la conocida como “masacre de Andiján” en Uzbequistán en 2005, y la “revuelta de Osh” de 1990, todavía en épocas soviéticas y una de los escasas movilizaciones políticas en la zona que fueron generadas por el espíritu que la caída del muro de Berlín sí impregnó en Europa central y oriental.

A todo esto, no hay que descartar el componente islámico, de activa participación en las revueltas de uigures en la occidental provincia china de Sinkiang, como en los sucesos de Andiján de 2005, o bien los conflictos con los talibanes en Tajikistán y obviamente Afganistán y Pakistán.

En definitiva, el conflicto interétnico que va acrecentándose con el pasar de los días amenaza con regionalizarse y expandirse por una región que es, prima facie, muy estable. Pero en realidad queda claro que la “pax social” reinante en muchos de los países conocidos como “los tanes” no logra suprimir la inestabilidad de pueblos oprimidos por décadas y que poco a poco comienzan a hacer sentir sus acalladas voces.


* Director General de Observanto - contacto: jscartascini@observanto.net


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