Un ecosistema y dos potencias afectados por el derrame de petróleo


  Por:  Ana María Chiani * 

11/06/2010 - 01:13 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
Obama y el petróleo - Imagen: CBS News
 
     

El derrame de crudo en el Golfo de México amenaza con convertirse no sólo en un desastre ambiental sin precedentes, sino también en un serio dolor de cabeza para los gobiernos de Estados Unidos y de Gran Bretaña.

El accidente se inició en la noche del 20 de abril con la explosión de la plataforma estadounidense Deepwater Horizon con un saldo de once trabajadores desaparecidos. 48 horas más tarde el pozo se hundió y el crudo comenzó a esparcirse rápidamente sin poder ser controlado.

British Petroleum (BP) es la operadora que tenía arrendada esta plataforma y es la mayor extractora de petróleo del Golfo de México. Esta empresa no solamente cuenta con una importantísima presencia en las perforaciones petrolíferas de Estados Unidos, sino también en América Latina.

Los daños causados por la explosión crecen día a día. A la fecha, el derrame cubre ya unos 1550 kilómetros cuadrados y avanza hacia el este, desde las costas de Luisiana a las de Misisipi y Alabama, lo que ha desatado la alarma de “marea negra” y desastre ambiental. Además se estima que podría afectar la costa yucateca y, en menor medida, a la cubana.

El derrame alcanza unos 160 mil litros diarios, lo que equivale a unos mil barriles diarios de crudo, que contaminan la superficie marítima con una espesa y aceitosa mancha negra, provocando, indefectiblemente, consecuencias tremendas en el ecosistema. Los más afectados suelen ser los ecosistemas que dependen de algas y plantas. Asimismo, se ven perjudicadas las especies que viven en la parte superficial del mar, como las tortugas, los delfines y las ballenas, y también las aves.

Los técnicos de BP han intentado por varias vías contener el vertido de crudo. Para tal fin, han movilizado 32 naves con las líneas de flotadores y otros equipos adecuados para contener y recoger el crudo, empleando vehículos robóticos submarinos en el pozo dañado a más de un kilómetro y medio de profundidad, bajo las aguas del Golfo de México. Pero las maniobras para contener los daños surtieron escaso efecto.

Ante este escenario Estados Unidos no ha permanecido inactivo, aunque reconoce que los planes de la Casa Blanca para afianzar la política energética con exploraciones en aguas profundas que disminuyan la dependencia que el país sufre respecto del carburante de otros países enfrentan un desafío casi insuperable.

Estos últimos días, y ante la presión pública, la administración de Barack Obama incrementó sus exigencias para que BP cubra todos los costos derivados del desastre, incluyendo millones de dólares en salarios de trabajadores despedidos por la moratoria de las perforaciones en el Golfo y que pague las demandas que enfrenta por daños económicos. Hasta el momento las demandas sólo han quedado en el terreno de las amenazas, el gobierno no ha levantado cargos por acción criminal contra BP y sus socios en perforación, al tiempo que ha dejado que la petrolera británica fracase una y otra vez en su intento por controlar el delicado derrame.

Claramente, se puede dilucidar que la extracción petrolera en EE.UU. se encuentra poco controlada tanto por la agencia reguladora de estas prácticas como por el Congreso y el gobierno federal. Esta actividad mueve grandes sumas de dinero, y es indudable que mucho tiene que ver el poder de influencia económica y política de BP- a lo largo de 2009 embolsó unos 327 mil millones de dólares por sus actividades-.

En este contexto, la paciencia de los norteamericanos comienza a agotarse. En las últimas semanas la popularidad de Obama descendió con la misma velocidad que el derrame se extendía. Aunque el presidente viajó en reiteradas ocasiones a la zona del desastre y procuró mostrarse activo, son cada vez más las voces que critican la respuesta del gobierno ante la crisis ecológica.

Por su parte, el flamante primer ministro británico, David Cameron, comunicó que Gran Bretaña ayudará a BP en la limpieza tras el derrame y que dialogará con Obama, a través de una llamada telefónica, sobre el manejo de parte de BP y las consecuencias generadas por la fuga de crudo.

En efecto, el conflicto que rodea a BP está convirtiéndose en un fuerte dolor de cabeza para el recientemente asumido Cameron y representa el primer gran obstáculo que enfrenta desde que accedió al poder como primer ministro por el partido conservador en coalición con los Liberales Demócratas un mes atrás.

Mientras tanto pasan las semanas y la fuga no se puede detener. BP intenta limpiar su imagen pública –principalmente a través de una campaña en los buscadores más importantes de la web- pero fracasa en la limpieza de la zona de desastre.

Por el momento, los expertos estiman que la limpieza y rehabilitación total del área y los ecosistemas afectados tomará muchos años. Por tanto, miles y miles de especies morirán, y algunas que están en peligro de extinción pueden llegar a desaparecer. A su vez, a largo plazo, el derrame provocará daños en el sistema reproductivo y la alimentación de todas las especies que componen el ecosistema. Además se ven afectadas actividades humanas, como la pesca y el turismo. En consecuencia la envergadura de la catástrofe es inadmisible así como la falta de acción por parte de los gobiernos implicados.


* Analista internacional, Licenciada en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y Doctorando en RRII de la Universidad Nacional de La Plata. Especialista en Política Internacional y en Cooperación Internacional. Es Directora del Instituto de Cooperación Internacional de la Asociación Civil Estudios Populares (ACEP). Contacto: achiani@observanto.net


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