Turquía y la búsqueda de un mundo multipolar


  Por:  Adriano Bosoni * 

10/06/2010 - 13:36 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
Turquía entre dos mundos - Imagen: ANP
 
     

En un artículo reciente titulado “Brasil y la búsqueda de un mundo multipolar” hacíamos referencia a los esfuerzos de Lula da Silva para incrementar la influencia de su país en la comunidad internacional. En las últimas semanas, otro de los protagonistas del nuevo panorama global ha confirmado la sensación de cambio de época: se trata de la Turquía de Recep Tayyip Erdogan, un país que, ante el desprecio de la Unión Europea, está cada vez más decidida a redireccionar su mirada hacia el mundo musulmán.

Cuando Erdogan llegó al poder en 2002 al frente del partido islamista moderado Justicia y Desarrollo se planteó varios objetivos. Por un lado propuso repensar a la nación desde una postura que, sin abandonar a la Turquía laica que fundó el venerado Mustafa Kemal Atatürk, redescubriera su condición de pueblo musulmán. Al mismo tiempo pretendió mostrarse ante sus vecinos de Occidente como un país confiable y en condiciones de ingresar a la Unión Europea. Finalmente, buscó consolidar sus lazos con el mundo árabe a través de una política exterior conciliadora que evitara los grandes conflictos en la región.

Ocho años después, Turquía está cada vez más cansada del rechazo de sus socios de Occidente y empieza a redescubrir su papel en Oriente. Al tiempo que la Unión Europea continúa esgrimiendo todo tipo de excusas para evitar el ingreso turco al bloque regional, Ankara comienza a gozar de un creciente prestigio entre las comunidades musulmanas. Esta situación se verifica en dos hechos recientes: el apoyo al programa nuclear iraní y la escalada verbal con Israel.

A mediados de mayo Erdogan sorprendió al mundo cuando, acompañado por Lula da Silva, ofreció a Irán la posibilidad de enriquecer uranio en el exterior para que la República Islámica evitara una condena de Naciones Unidas. Desde Teherán, y junto a un sonriente Mahmoud Ahmadinejad, Erdogan y Lula proclamaron el nacimiento de un nuevo escenario multipolar en donde las vetustas potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial deberían aceptar el surgimiento de polos de poder alternativos.

Días más tarde, Brasil y Turquía votaron en contra de las nuevas sanciones contra Irán en el Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque ambos Estados carecen de puestos permanentes en dicho Consejo, su rebeldía resulta incómoda para Estados Unidos. En efecto, la administración Obama dedicó largos meses de delicada negociación para consensuar reprimendas contra la República Islámica, y se propuso aislar política y económicamente al régimen de los ayatollahs. Sin dudas, el creciente apoyo de dos naciones emergentes como Brasil y Turquía le ofrece a Irán algo de oxígeno para sortear tal aislamiento.

Más dramático aún resultó el conflicto con Israel. En las dos últimas décadas, Ankara y Tel Aviv desarrollaron un lazo estrecho bajo el auspicio de Washington. Al tiempo que Israel proveía a Turquía de material militar, el país musulmán prestaba su espacio aéreo para que el colega judío realizara prácticas de aviación. Sin embargo, la relación entre los socios comenzó a enfriarse en los últimos años.

Ya en 2009 Erdogan se solidarizó con la causa palestina y reclamó el fin del bloqueo a la Franja de Gaza. Pero este foco de conflicto entre colegas tuvo una escalada inesperada con el reciente ataque a la “Flotilla de la libertad”, en donde Israel mató a varios ciudadanos turcos que se proponían llevar ayuda humanitaria a los palestinos. Desde entonces, Erdogan recrudeció las críticas a Israel y reclamó al mundo una dura condena contra el Estado judío. A medida que la retórica anti-israelí se agitaba, el Primer Ministro tusco se convertía en el nuevo héroe del mundo musulmán.


¿Hacia un cambio de época?

Tras la desaparición del Imperio Otomano y en pleno contexto de la Guerra Fría, Turquía posó su mirada en Occidente. El ingreso a la OTAN a comienzos de la década de 1950 convirtió al país en un aliado vital de Estados Unidos y puso a la nación a las puertas de la Comunidad Europea. Años más tarde, y a medida que el prestigio de Washington se diluía entre las naciones musulmanas, Ankara se consolidó como un socio confiable para Occidente en el mundo islámico.

Sin embargo, Europa siguió mirando con recelo a Turquía. Aunque es candidato desde 2005, el ingreso a la UE se torna cada vez más difícil frente a la reticencia de pesos pesado como Francia o Alemania. Pero mientras los europeos gastan energías en debates interminables sobre la aceptación del nuevo miembro, Turquía se acerca a sus vecinos y consolida su expansión económica en Rusia, el Cáucaso y Oriente Medio a la vez que lima asperezas con adversarios históricos como Siria. De hecho, el subsecretario de asuntos exteriores Selim Yenel declaró en mayo que “la Unión Europea ya no es una prioridad para nuestro pueblo”. Toda una postal del nuevo panorama.

En un contexto donde los poderes tradicionales comienzan a ser desafiados por el surgimiento de numerosos actores que reclaman mayor protagonismo, la Turquía de Erdogan parece dispuesta a convertirse en un jugador con peso propio. Al tiempo que se acerca al mundo árabe y redescubre su protagonismo dentro de su “área natural” de influencia, le envía a Occidente el mensaje claro de que el panorama internacional ya no es el mismo que hace medio siglo.

Más información: http://www.observanto.com/contenido/260/Brasil-y-mundo-multipolar.html


* Editor General de Observanto - contacto: abosoni@observanto.net


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