Israel incomoda a sus amigos y fotalece a sus enemigos
Por: Adriano Bosoni * |
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El Mavi Marmara - Imagen: Ariel Schalit/AP |
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Israel sigue incomodando a sus aliados y dando argumentos a sus adversarios. El reciente ataque militar a la flota que transportaba ayuda humanitaria hacia la franja de Gaza consiguió, en una misma movida, despertar la condena de la comunidad internacional, obstaculizar aún más el proceso de paz en Oriente Medio, generar la ira de un aliado vital como Turquía y ocasionar un nuevo dolor de cabeza al gobierno de Barack Obama.
Aunque los detalles aún son confusos, existe un hecho innegable: fuerzas israelíes abrieron fuego sobre los tripulantes del Mavi Marmara, uno de los seis barcos que integraban la llamada “Flotilla de la libertad” y cuya misión manifiesta era llevar 10.000 toneladas de ayuda humanitaria para los palestinos que viven bajo el bloqueo.
De acuerdo con Tel Aviv, la expedición había sido organizada por un grupo extremista turco e incluía entre sus integrantes a varios combatientes de Hamás. La versión oficial sostiene, además, que los tripulantes del barco atacaron a los soldados y que éstos actuaron en defensa propia. Lo cierto es que el incidente produjo entre diez y veinte muertos, en su mayoría turcos. Esto generó la inmediata respuesta del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, quien calificó al episodio como un “inhumano terrorismo de Estado”. En consecuencia, Ankara retiró a su embajador de Tel Aviv, canceló una serie de entrenamientos militares conjuntos y propuso llevar a Israel ante el Consejo de Seguridad de la ONU.
De este modo Israel enfrió aún más su vínculo con Turquía, país que desde finales de la Guerra Fría era el principal aliado del Estado judío en el mundo musulmán. Aunque los lazos, que florecieron en la década de 1990 bajo el auspicio de Estados Unidos, habían comenzado a deteriorarse desde la llegada al poder del partido islamista moderado que conduce Erdogan, ahora tocaron su punto más bajo. Con la muerte de los activistas turcos todo indicaría que Israel está a punto de perder a un amigo que ostenta una posición inmejorable para la normalización del vínculo entre Tel Aviv y sus vecinos.
“Una vez más Israel demuestra claramente que no valora la vida humana ni las iniciativas pacíficas al atacar a civiles inocentes”, sostuvo un comunicado del Ministerio de Exteriores turco. Según el mismo texto, este episodio “tendrá consecuencias irreparables” en la relación entre las dos naciones.
Israel consiguió también generarle un nuevo dolor de cabeza a Estados Unidos. Desde que Obama llegó a la Casa Blanca, el gobierno de Netanyahu se esmeró en empantanar el proceso de paz en Oriente Medio, uno de los principales anhelos del presidente afroamericano. Las dos últimas cumbres entre Obama y Netanyahu se vieron empañadas por el anuncio de que Israel seguirá edificando asentamientos sobre territorio palestino. Curiosamente, el ataque a la “Flotilla de la libertad” se produjo un día antes de la reunión en la que ambos mandatarios iban a anunciar la reanudación de las negociaciones entre judíos y palestinos.
Una vez más, un escándalo internacional precedió y anuló una ronda de negociaciones. Una vez más, Obama se ve en la incómoda posición de respaldar a un “aliado histórico” que se muestra muy poco dispuesto a destrabar el conflicto en Oriente Medio. Netanyahu parece estar convencido de que Obama no le soltará la mano y que, sin importar el comportamiento de Israel, Estados Unidos apoyará a su amigo. El problema es que las acciones de Tel Aviv minan la credibilidad de la Casa Blanca frente a los palestinos. Con cada nuevo escándalo, Obama se convierte en un interlocutor menos creíble para el mundo musulmán y el proceso de paz en la región se vuelve más lejano.
Paradójicamente, el accionar de Israel no sólo vuelve más precaria la relación con sus vecinos sino que además favorece indirectamente a Irán. Mientras más golpeada esté la imagen de Estados Unidos entre los musulmanes, más difícil le resultará aislar diplomáticamente a la República Islámica e impulsar sanciones contra su polémico proyecto nuclear.
Esta situación, a su vez, debilita a los sectores moderados y fortalece a los segmentos más extremistas de la comunidad palestina. Con cada desaire de Israel, el titular de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) Mahmoud Abbas pierde crédito entre sus seguidores. Con cada accionar violento de Tel Aviv, los partidarios del diálogo ceden terreno ante quienes proponen la violencia como mecanismo para defender el derecho de los palestinos. Dicho de otro modo, tanto la prolongación del bloqueo a Gaza como la extensión de los asentamientos en Cisjordania y los constantes ataques en suelo palestino no sólo no debilitan al extremismo de Hamás sino que consolidan su posición.
Tal vez el único resultado positivo de este incidente sea que el mundo volvió a posar su mirada sobre la crítica situación de la Franja de Gaza. Israel mantiene cerrados los accesos a dicho territorio palestino desde que Hamás se hizo con el control de la zona en 2007. Sin embargo, el asedio no logró expulsar del poder al grupo extremista y cada vez son más las voces de la comunidad internacional que reclaman el fin de un bloqueo que hasta ahora sólo consiguió empeorar las condiciones de vida de un millón y medio de personas. De momento, Netanyahu se mantiene inflexible: “Gaza es un Estado terrorista financiado por Irán y, en consecuencia, debemos impedir que le lleguen provisiones por tierra, aire y mar”, declaró el premier.
En este punto, los beneficios de Netanyahu apenas se computan a nivel interno. Como cada vez que el país afronta una situación difícil, buena parte de la prensa y del arco político apoyó las acciones militares y cerró filas detrás el Poder Ejecutivo. De hecho los principales diarios locales no objetaron la decisión de detener a la flotilla extranjera, sino que se limitaron a criticar la mala planificación del operativo.
Al mismo tiempo, Netanyahu es consciente de que su accionar no le traerá grandes complicaciones en lo inmediato, puesto que Estados Unidos y Europa seguirán apoyando a su país. Pese a que las grandes potencias criticaron a Israel por los asesinatos, tanto Hillary Clinton como la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, evitaron condenar a Tel Aviv y sólo reclamaron “investigar” los acontecimientos. En igual sentido, el Consejo de Seguridad de la ONU lamentó la pérdida de vidas humanas pero no discutió sanciones concretas.
Así, el Primer Ministro continúa practicando su deporte favorito: medir hasta dónde puede tensar la soga con sus amigos y sus enemigos. Se trata sin dudas de un juego peligroso, en donde las victorias del presente pueden derivar en amargas derrotas en el futuro.
* Editor General de Observanto - contacto: abosoni@observanto.net
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