Grecia: crónica de una crisis anunciada
Por: Ana María Chiani * |
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Geórgios Papandréou - Imagen: AFP/BBC |
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La crisis griega comenzó mucho antes de que asumiera Geórgios Papandréou como primer ministro en octubre de 2009. Su antecesor Kostas Karamanlis (2004-2009) no dudó en aplicar políticas esctrictamente neoliberales que llevaron al país a tener la tasa de desocupación más alta de la zona euro y un altísimo nivel de corrupción.
Ya en 2007 comenzó a deternerse un crecimiento económico que no iba acompañado de mejoras sociales, por lo que las huelgas y los reclamos se hicieron sentir cada vez más en las calles. La situación estaba candente y finalmente explotó. Ante la decisión del gobierno de llevar a cabo la privatización de la enseñanza superior y el recorte de las partidas presupuestarias para la educación, se produjo una manifestación estudiantil de miles de jóvenes, enmarcados por una desocupación crónica y una alta precarización laboral.
En esta manifestación de fines de 2008 fue asesinado Alexis Grigoropulos, de 15 años, por la policía; un momento que significó la antesala de la ascendente conflictividad social que advendría en los meses siguientes. Las calles de las principales ciudades griegas fueron tomadas por miles de manifestantes que protestaban contra el asesinato, sumado a la rabia popular contra el gobierno y los efectos de la crisis económica. Esta revuelta social de gran magnitud conmocionó al resto de los miembros de la Unión Europea.
En este marco, el desgastado gobierno de Karamanlis no tuvo otra opción que convocar a elecciones y así el Partido Socialista Helénico (PASOK) volvió al poder de la mano de Papandreu –hijo y nieto de anteriores primeros ministros- y de la promesa de luchar contra la crisis económica creando puestos de trabajo y saneando las finanzas del Estado. El flamante gobierno anunció nuevas leyes para redistribuir los ingresos entre los sectores más desafortunados, dar un impulso a las inversiones públicas y luchar contra la corrupción. Promesas similares a la de su antecesor que ninguno pudo cumplir.
Actualmente Grecia se encuentra sumergida en una crisis socioeconómica sumamente profunda. Su deuda aumentó en 90.000 millones de euros, al tiempo que el déficit se disparó: pasó de alrededor del 7,5% al final de 2008, a 13,6% al final de 2009. Además el gasto público es enorme y, para colmo de males, los mercados comenzaron a especular en contra del país.
En este marco el parlamento griego aprobó a comienzos de mayo un plan de austeridad que incluye medidas como la reducción de hasta un 30% del sueldo de los funcionarios, la cancelación del aguinaldo, el congelamiento de las contrataciones del sector público y una baja en la pensiones de los jubilados. Estas medidas inmediatamente causaron protestas que dejaron tres muertos tras el incendio de un banco en Atenas.
Pese al rechazo que generaron las iniciativas adoptadas por el Parlamento, Papandreu aseguró que se trata de "un paquete de ayudas sin precedentes para un esfuerzo sin precedentes de los ciudadanos griegos. Estos sacrificios nos darán el aire y el tiempo que necesitamos para hacer grandes cambios".
Con este plan de ajuste a tres años, la republica helénica acordó con sus socios europeos recibir 146.000 millones de dólares y otros 40.000 millones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Así, finalmente tendrá el dinero que necesita para hacer frente a los vencimientos de deuda con sus acreedores el 19 de mayo y que no puede conseguir en los mercados, pues los intereses que los inversores requieren por darle préstamos son excesivamente altos.
El objetivo exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea para conceder la ayuda es situar el déficit por debajo del 3% en el año 2014, tarea nada sencilla para Atenas si no consigue el apoyo del pueblo y de los mercados.
El costo de pertenecer a la Unión Europea
Se teme que la debacle griega genere un efecto dominó hacia otros países de la Unión, principalmente Portugal, Irlanda y España, que junto con Grecia integran los denominados "países PIG", por sus siglas en inglés.
Por otro lado Grecia adoptó el euro en 2002, y hoy muchos especulan que de tener su propio dinero otra hubiera sido la salida. En rigor Europa no ha conseguido aún el nivel de integración política y económica que son necesarios para el mantenimiento de la moneda, por lo que numerosos analistas consideran un error la veloz adopción del euro sin una consolidación más profunda de las variables económicas de los países miembros.
En definitiva, las autoridades de la Eurozona conocían perfectamente el tamaño del déficit fiscal griego y que el porcentaje de deuda pública/PBI era del 115%, mucho antes de que fuera transparentado por el flamante gobierno de Papandreou a fines del año pasado. Por consiguiente, tanto el Banco Central Europeo como la Comisión Europea debieron haber salido a su rescate casi medio año atrás.
Finalmente, se debería tener en cuenta experiencias previas que por su similitud con la crisis helénica dan a entender que la aplicación de ciertas medidas de escasa flexibilidad no ofrecen ninguna la solución definitiva. En efecto, es muy difícil que Grecia cumpla con el plan exigido y, como de costumbre, la más perjudicada será la sociedad griega.
* Analista internacional, Licenciada en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y Doctorando en RRII de la Universidad Nacional de La Plata. Especialista en Política Internacional y en Cooperación Internacional. Es Directora del Instituto de Cooperación Internacional de la Asociación Civil Estudios Populares (ACEP). Contacto: achiani@observanto.net
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