Elecciones en Hungría: amplia victoria conservadora y neo-nazis 3ra fuerza


  Por:  Juan B. Scartascini del Río * 

07/05/2010 - 18:29 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
Magiar Gárda en Budapest - Imagen: Laestrella.com.pa
 
     

Hungría, al igual que varios de los países de la Europa central y oriental, parece seguir una tambaleante y no menos preocupante senda que conduce -más allá del generalizado conservadurismo que cubre el continente- hacia posturas políticas extremistas que adoptan tintes xenofóbicos.

Los resultados que arrojaron las últimas elecciones generales de fines de abril parecen no sólo confirmar este fenómeno continental, sino que despiertan gran preocupación en la clase política europea y en más de un analista. De hecho, los comicios generaron una aplastante victoria para el partido de la oposición, los conservadores de Fidesz-KDNP o Unión Cívica Húngara, quienes obtuvieron 52,73% de los votos equivalentes a 263 bancas en el Parlamento, 99 más que en la anterior elección de 2006.

Por su parte los oficialistas socialdemócratas del MSZP sólo obtuvieron un 19,30% de los sufragios, perdiendo 131 de las 190 bancas en el Parlamento. En efecto, las apenas 59 bancas que obtuvieron representan una catastrófica elección para el actual partido de gobierno que nunca logró recuperarse de la profunda crisis de 2006 causada por la confesión del entonces primer ministro, Ferenc Gyurcsány. En su momento, este líder declaró que su país había mentido y retocado los índices exigidos por la Unión Europea para ingresar a tal bloque.

Tales declaraciones no sólo debilitaron a un Gyurcsány que se aferró al poder hasta 2009, sino que los violentos sucesos acaecidos en 2006 -al poco tiempo de filtrarse la información- durante las movilizaciones por el 50 aniversario de la sangrienta invasión soviética a Hungría, darían origen a una nueva amenaza en el intrincado escenario político de país magiar. Entonces surgiría un minoritario pero violento movimiento para-político conocido como la Guardia Magiar (Magyar Gárda Mozgalom), un grupo neo-nazi que persigue a las minorías raciales, principalmente a los Roma o “gitanos”, judíos e inmigrantes de color.

De acuerdo a sus líderes fundadores -una mistura entre antiguos veteranos y jóvenes excluidos-, su accionar de base étnico-racial se fundamenta en el resguardo de una “física, espiritual e intelectualmente indefensa Hungría”, y recupera gran parte de la simbología y los uniformes de las “Arrow Cross”, las viejas estructuras pro-nazis de la Hungría de la Segunda Guerra Mundial.

Disuelto por orden judicial poco más de un año atrás, el movimiento fue acogido por el partido de extrema derecha “Jobbik” o “Movimiento por una mejor Hungría”. Liderados por un grupo de jóvenes con Gábor Vona a la cabeza, obtuvieron el 16,67% del electorado en las presentes elecciones, que representan no sólo 47 bancas en el histórico parlamento húngaro sino también el fortalecimiento de tal partido como una tercera fuerza de relevancia, con un caudal de votos muy cercano al diluido electorado socialdemócrata.

Cabe destacar que tal fuerza política había tenido un desempeño no menos que llamativo en las últimas elecciones europeas del año pasado. En aquella oportunidad habían obtenido un prometedor 14,77% de los votos enviando tres eurodiputados a Estrasburgo.


En busca de explicaciones

El actual fenómeno experimentado por el país centro-europeo no es ajeno a varias experiencias más o menos similares a lo largo de la “Nueva Europa”. Pero sí resulta llamativo y preocupante el grado de extremismo que comienza a tener lugar en el país magiar.

En tal sentido, la actualidad húngara presenta tintes de difícil explicación, aunque no obstante pareciera existir cierto vínculo persistente e indisoluble entre la realidad político-electoral húngara y las no tan lejanas protestas del otoño de 2006. Estas revueltas, a su vez interrelacionadas con el pasado soviético y las cambiantes dinámicas pro-europeas, debilitaron sobremanera el gobierno de un Gyurcsány que aletargó su renuncia más de un bienio, para dejar su desgastado gobierno en manos de Gordon Bajnai, el actual primer ministro saliente.

Desde entonces, Bajnai tuvo a cargo un breve período de transición que anticiparía una victoria opositora y que se suponía conllevaría cierto giro a la derecha de la política húngara. Pero nadie imaginó que tal giro sería tan profundo y radical que conduciría a un partido que acoge a extremistas violentos a posicionarse como una tercera fuerza que amenaza incluso con superar la capacidad electoral de unos alicaídos y deslegitimados socialdemócratas que aprovecharon para purgar su partido y hacer crecer a sus líderes más jóvenes. Tal el caso de Attila Mesterházy, que con sólo 36 años se hizo cargo de liderar la facción electoral y hoy se presenta como uno de los líderes de la oposición del victorioso y electoralmente poderoso gobierno conservador de Viktor Orbán, líder de la coalición triunfante y electo primer ministro de Hungría.


* Director General de Observanto - contacto: jscartascini@observanto.net


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