Tragedia aérea polaca: conmoción, fortalezas y estabilidad de una nación


  Por:  Juan B. Scartascini del Río * 

14/04/2010 - 00:03 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
Kaczyński abordando avión - Imagen: EUObserver.com
 
     

La nación polaca enfrenta horas trágicas; para algunos el momento más crítico de las últimas décadas. El accidente aéreo que se cobró la vida de un centenar de personas incluyendo a su presidente y la primera dama, ha consternado no sólo la cotidianeidad de toda la extensa nación polaca sino la europea. La tragedia ocurrió a las 10:56 hora de Moscú, en las cercanías de Smolensk, en la frontera entre Rusia y Bielorrusia, un bastión del nordeste europeo que desde tiempos inmemoriales se disputaron las parcialidades rusas y la mancomunidad polaco-lituana.

El avión, un anticuado Tupolev Ruso -Tu 154- había partido de Varsovia luego de que el presidente regresara de una breve visita a la vecina Lituania en donde se reunió con su par Dalia Grybauskaite. Al parecer, la nave se disponía a aterrizar en una zona de difíciles condiciones de visibilidad en tal ciudad rusa cuando sufrió un accidente en el cual no se registraron sobrevivientes. Las causas del accidente se encuentran bajo investigación de las autoridades rusas, y aunque el suceso se preste para más de una suspicacia dada la mala relación entre Kaczynski y Putin -la cual refleja, en parte, el sentimiento que ambas naciones comparten- se ha descartado cualquier sospecha de ataque o atentado terrorista.

Lo cierto es que en el avión viajaban no sólo el polémico Lech Kaczynski y su esposa Maria Kaczynska, sino gran parte de la dirigencia política polaca, miembros de su gabinete, el general jefe del Estado Mayor, el presidente del Banco Central de Polonia, miembros del Sejm -el parlamento polaco- y otras autoridades civiles, religiosas y militares polacas. Asimismo, en el accidente también pereció Ryszard Kaczorowski, el último presidente del gobierno polaco en el exilio, quien en 1990 le entregara el mando a Lech Walesa.

La conmoción de “la nueva tragedia de Katyn” como comienza a reconocerse, ha generado más de un replanteo en la nación polaca. Entre ellas, su relación con Rusia, la utilización política de tragedias históricas, las enemistades políticas internas, y hasta la polémica por la morada final del recientemente fallecido matrimonio presidencial en el Castillo de Wawel, en Cracovia, junto a los reyes y las figuras más destacadas de Polonia.

No obstante, la sufrida nación polaca ha sabido mostrarse fuerte ante más de una adversidad, y aunque la conmoción y la sorpresa ha sido inmensa, no se ha traducido directamente en inestabilidad ni crisis política inmediata. Rápidamente, el sistema semipresidencialista polaco ha provocado que el presidente del Sejm, Bronislaw Komorowski, haya sido declarado por tal cuerpo como presidente interino, quien llamaría a elecciones generales en los próximos 60 días, con fecha aún por definirse.


Víctimas de la historia y la política

Las investigaciones rusas han señalado que el accidente se habría causado por una falla eminentemente humana, en la que el piloto habría ignorado los consejos de los controladores aéreos rusos que no le autorizaban el aterrizaje. Algunos medios han especulado que el propio Kaczynski podría haber ordenado el aterrizaje en Smolensk, aunque el fiscal jefe polaco ha asegurado que de momento no hay pruebas que sostengan esa idea.

Las especulaciones sobre quien podría haber ordenado el aterrizaje derivan de un incidente de agosto de 2008, en pleno conflicto ruso-georgiano por Osetia del Sur. Entonces Kaczynski había volado a Tbilisi para mostrar su solidaridad al presidente Georgiano, Mijaíl Saakashvili. Según los medios el Jefe de Estado polaco se habría enfurecido cuando su piloto se negó a aterrizar en el aeropuerto de la capital por motivos de seguridad. Tal visita marcaría el perfil de un siempre activo Kaczy&324;ski, que junto a Saakashvili se acercarían hasta la mismísima línea de fuego, en donde -según cuentan las crónicas- habrían recibido una balacera por parte de las líneas enemigas rusas; hecho que el propio Kaczynski se ocupó de denunciar y difundir a lo largo y ancho del continente europeo.

No obstante, las vueltas de la historia no terminan allí. Luego de su visita a Lituania, la extensa comitiva polaca se dirigía a Smolensk, casualmente para conmemorar los 70 años de la Masacre de Katyn, uno de los más sangrientos hechos de la Segunda Guerra Mundial en el que el ejército soviético acabó con la vida de 22.000 oficiales polacos previamente trasladados a las cercanías de Smolensk, en donde -por orden directa de Stalin- serían ejecutados de un tiro en la nuca.

Desde el fin del comunismo, la sociedad polaca ha puesto empeño en recuperar el dolor generado por la Masacre de Katyn, un hecho que durante mucho tiempo se acusaron mutuamente entre nazis y soviéticos. El mismo ocurrió en algún momento del otoño de 1940, poco después de que la Alemania nazi y la Rusia soviética firmaran en agosto de 1939 el pacto de no agresión mutua Mólotov-von Ribbentrop, que dejó las manos libres a Adolf Hitler para atacar Polonia e iniciar la Segunda Guerra Mundial, mientras que el Ejército Rojo irrumpió asimismo en las regiones orientales de una convaleciente Polonia.

Reconocida la masacre por los soviéticos recién en 1989 gracias a Gorbachov, aunque nunca esclarecidos los hechos de la matanza ni mucho menos aceptado las acusaciones de genocidio, el conservador presidente Lech Kaczynski -en el poder desde 2005- junto a su hermano gemelo Jaroslaw Kaczynski, su anterior primer ministro, encarnaron las pretensiones y reivindicaciones polacas sobre Katyn, obteniendo de tal tragedia, un gran rédito político.

La elección a fines de 2007 de Donald Tusk, líder del partido de centro-derecha Plataforma Cívica y fuerte opositor de los gemelos Kaczynski, había comenzado un proceso de apaciguamiento con los rusos, y a su vez con gran parte de Europa. Se dice que previo al accidente, Kaczynski y muchos de su entorno a bordo del trágico Tupolev, no estaban satisfechos con los intentos para efectuar una reconciliación sobre la masacre de 1940 en una ceremonia especial en Katyn el miércoles, convocada por el primer ministro ruso Vladimir Putin, quien había invitado a su homólogo Donald Tusk para asistir a una ceremonia especial en recuerdo del hecho.

No obstante, el presidente polaco, quien no había sido invitado a la ceremonia, decidió volar a Katyn él mismo en compañía de sus aliados políticos en un abierto desafío a Putin. “Querían tener su propia ceremonia en Katyn para darle al aniversario la importancia que creían que merecía, pero sentían que le había sido negada por Rusia”, dijo ayer una fuente cercana a la oficina del presidente.

Así, los asistentes rusos y polacos a la ceremonia de Katyn fueron los primeros en absorber la gran conmoción de la desaparición de gran parte de la elite política, militar y social de Polonia; una nación que hoy se siente desconcertada, pero que en éste “Segundo Katyn”, ha logrado enterrar sus diferencias para despedir a su presidente y a gran parte de sus líderes nacionales.


Perfil de un hombre polémico

El nombre de Lech Kaczynski sin dudas hace referencia a la de una figura polémica, en su Polonia natal, en Europa y el mundo occidental. Admirado por muchos, criticado por otros, representa a un líder que más allá de sus aciertos y errores, poseía fuertes convicciones. Aliado de los sectores más conservadores de su país, la influyente iglesia católica y con gran cintura política a nivel europeo-regional, logró convertirse en alcalde de Varsovia primero, y luego presidente de su país al haber superado entonces en 2005, a su histórico oponente, el actual primer ministro Donald Tusk.

No obstante, la peculiaridad de su figura trasciende su vida política. Característico es el hecho de que su hermano Jaroslaw, su antiguo jefe de gobierno, es su hermano gemelo, poseedor de una sorprendente similitud. Ya de pequeños ambos serían estrellas infantiles de una llamativa película de aventuras de un ya lejano 1962: “Los dos que se robaron la luna”.

No obstante, su reaparición pública no llegaría sino hasta estrenada la década del 80, que junto a Lech Walesa, se convirtió en uno de los estandartes de Solidaridad luego de las huelgas de Gdansk; encarcelado durante la Ley marcial impuesta por los comunistas, y que, luego al quedar en libertad, volvió a dedicarse a las actividades del Solidaridad haciéndose cargo de la dirección clandestina de tal sindicato.

Poseedor de un tórrido historial en sus relaciones con sus pares europeos, llegó al cenit de su polémica popularidad cuando entredichos con la canciller alemana Ángela Merkel provocó la publicación de un fotomontaje en un amarillista periódico de la propia “matrona germana” amamantando a ambos gemelos polacos.


* Director General de Observanto - contacto: jscartascini@observanto.net


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