[OPINION] Cumbre de Copenhague: otra oportunidad desaprovechada


  Por:  Ana María Chiani * 

23/12/2009 - 21:56 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
Imagen: AFP
 
     

La Cumbre de Copenhague (COP 15) llegó a su fin y, tal como se predecía, no consiguió un acuerdo satisfactorio y obligatorio. Los líderes políticos que participaron del encuentro no estuvieron a la altura de las expectativas puestas alrededor del mundo en esta conferencia convocada para dar respuestas al cambio climático, un problema cuyos efectos cada día afectan a más y más poblaciones.

El evento estuvo rodeado de paradojas. Si bien participaron representantes de 193 países, el texto final fue negociado entre unos pocos: Estados Unidos, China, Brasil, India y Sudáfrica, bajo el liderazgo de Barack Obama y a puerta cerrada. No se puede dejar de mencionar que tanto EEUU como China no ratificaron el Protocolo de Kyoto y son los mayores emisores de gases que producen el efecto invernadero. Pero así y todo fueron estos países los que decidieron en nombre de la humanidad.

Más allá de las duras críticas y objeciones que manifestó un bloque compuesto por Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia y Sudán, impulsado por el presidente venezolano Hugo Chávez, se aprobó un acuerdo que no es vinculante y que tampoco fija metas de reducción en las emisiones de gases contaminantes, obligación eludida que posee un alto costo para todos.

Lo que sí se plasmó fue una ayuda a los más pobres, que resultó posible por una jugada de último momento de la diplomacia estadounidense. De este modo, el documento final promete que los países ricos donarán 30.000 millones de dólares entre 2010 y 2012 (10,6 mil millones por la Unión Europea, 11 mil millones dólares por Japón y 3,6 mil millones de dólares de los EEUU) para que los países más vulnerables afronten los efectos del cambio climático, y 100.000 millones anuales a partir de 2020 para mitigación y adaptación.

Los países desarrollados “donan” dinero a los más vulnerables como si estuvieran haciéndole un favor cuando en verdad son ellos los mayores emisores de dióxido de carbono y los que transfieren la contaminación. Esta estrategia resulta más rentable, porque si las naciones poderosas tuvieran que asumir su responsabilidad los costos serían mayores y no están dispuestas a poner en riesgo su estabilidad económica.

De todas maneras, el monto es muy inferior al que se había planteado originariamente y tampoco quedó claro cómo se concretará la financiación. Lo que sí se planteó es la necesidad de verificar las emisiones de todos los países a los que se da dinero. China se sintió tocada por esta exigencia, impulsada por EEUU, y se negó a aceptar la supervisión de algún organismo internacional. “Nuestras acciones de reducción de emisiones se harán de forma transparente, con la supervisión de la ley y ante los ojos de la prensa”, dijo el delegado Hu Yafei.

La reducción de las emisiones por parte de Pekín sería entre el 40% y 45% en función de su PBI. Washington, por su parte, no modificó sus pretensiones ya anunciadas de recortar sus emisiones en un 17% en 2020 respecto de 2005 (equivalente a tan sólo un 4% respecto de 1990), 30% en 2025 y 42% en 2030.

En definitiva, lo alcanzado en Copenhague está muy lejos de las metas urgentes que se debían aprobar. Si bien existe un consenso respecto de que la temperatura promedio del planeta no debe subir por encima de los 2 grados, los líderes pusieron sus intereses políticos y económicos por encima de las necesidades globales.

En consecuencia, el futuro de la humanidad se sigue postergando. De hecho, apenas terminó el encuentro se empezó a hablar de que las soluciones aparecerán en la próxima Cumbre de México, a celebrarse en diciembre de 2010. Queda claro que, año tras año, los líderes del mundo posponen el problema del calentamiento global, como si la vida de toda la humanidad no estuviese en juego.

Se necesita un fuerte compromiso y un acuerdo ya, porque el peligro es inminente y la respuesta no se puede dilatar más. Exijamos desde nuestros lugares, hagamos oír nuestras voces. Es un compromiso y obligación de todos dado que la amenaza en que se encuentra el planeta tierra no hace ningún tipo de distinción entre pobres o ricos.


* Analista internacional, Licenciada en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y Doctorando en RRII de la Universidad Nacional de La Plata. Especialista en Política Internacional y en Cooperación Internacional. Es Directora del Instituto de Cooperación Internacional de la Asociación Civil Estudios Populares (ACEP). Contacto: achiani@observanto.net


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