Una convulsionada España se alista a recibir la presidencia europea
Por: Juan B. Scartascini del Río * |
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Logos de las presidencias - Imagen: María Ramírez/El Mundo |
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Habiendo entrado en vigor el Tratado de Lisboa el pasado 1º de diciembre instituyendo un conjunto de profundas reformas propuestas a la de por sí compleja estructura institucional de la Unión, una convulsionada España se prepara a recibir la primer presidencia europea “post-Lisboa”, estrenando el Tratado de Reforma que dos largos años les llevó ratificar a los europeos.
De allí que la nueva presidencia española a inaugurarse con la llegada del nuevo año conllevará una serie de diferencias respecto a las anteriores presidencias rotativas de la Unión. En primer lugar, cabe destacar que con España se inaugura una tríada, en la cual se interconectan las dos presidencias sucesoras –Bélgica y Hungría, ya en el primer semestre de 2011- instaurándose un triple sistema de comunicación que augure una mayor organización y entendimiento entre las presidencias, siempre ante la atenta mirada del flamante presidente de la UE, el belga Herman Von Rampuy y la Mrs. PESC, Catherine Ashton que reemplazara al español Javier Solana.
Es así que el país ibérico no tendrá tanta influencia como en las presidencias de turno anteriores, aunque seguirá ejerciendo un papel importante. Sin embargo, muchas son las críticas organizativas que han caído sobre el gobierno español, acusado no sólo de no prever las principales directrices que dominarán la política europea del primer semestre, sino incluso en cuestiones tan sencillas como la puesta en línea del sitio web correspondiente a la presidencia, o la escasa divulgación de un logo que para algunos, ha caído en demasía en la identificación de la tríada en detrimento de la tradicional simbología de la Unión.
No obstante, aunque las prioridades de los seis meses de presidencia rotativa que ejercerá el presidente de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, han sido expresadas, muchas son las críticas que llueven sobre el primer mandatario español, agobiado por la crítica situación de un desgastado gobierno, más preocupado por resolver la problemática local, que de hacerse cargo de la política continental.
Ante esta situación el gobierno español se apresta a quitarse cuanto antes el pesado mote de “imprevisores” y ya ha delineado algunas de las principales líneas de acción de su presidencia en la reciente reunión entre el flamante presidente de la Unión, Von Rampuy, con el Rey Juan Carlos y el presidente de gobierno, para acelerar los tiempos y establecer al menos tres prioridades que se evidenciarán en el semestre entrante, a saber:
Hispanoamérica: las relaciones con Iberoamérica han sido siempre una prioridad para la Moncloa. No obstante, los vínculos entre la UE y América latina ya no son considerados como algo de mayor relevancia para el resto de la Unión, salvo para el vecino Portugal. Sin embargo, la presidencia española hará hincapié en las negociaciones entre la UE y el Mercosur y la CAN, algo que se prevé surtirá un nuevo fracaso para la gestión, en este caso la española, debido a las múltiples trabas y obstáculos que limitan el avance en las negociaciones hacia un acuerdo específico.
Medioambiente: el mundo hoy sigue atento a los sucesos de la –hasta ahora fracasada- Cumbre del Cambio Climático de Copenhague. La humanidad esperanzada en avanzar en las negociaciones que limiten el calentamiento global, ve en España un actor que tiene mucho para ofrecer. De hecho, el país ibérico posee gran experiencia en transformación energética y el uso intensivo de energías renovables.
Economía: la crisis económica es por antonomasia el principal foco de atención que recibirá la presidencia europea de España. La crisis de las hipotecas afectó de manera profunda la economía europea, no sólo las economías más pujantes de la Europa occidental, sino principalmente los paradigmas más dinámicos hacia el este del continente. Los coletazos de la crisis en Dubai y las amenazas del default en Grecia, hacen pensar que Europa será el “ojo del huracán” de los próximos vaivenes económicos.
La pregunta es ¿cómo enfrentar los desafíos de una crítica economía global sin poder resolver la problemática local?.
Es la economía…
Más allá de algunos focos de tensión política como la crisis generada por el ingreso a España de la deportada activista saharaui Aminatou Haidar, o los cismas generados por el debate pro y anti-abortista entre diferentes partidos políticos, hoy es el desempleo, la mayor preocupación para el español medio, y obviamente para su gobierno.
Es que el país ha sido una de las economías europeas más afectadas por la crisis económica internacional desatada en 2008, y la dilapidación de puestos de trabajos ha ido in crescendo desde entonces. Hoy los índices de paro de la economía española rozan los 20 puntos porcentual, el más alto por lejos de los países de la OCDE y la zona Euro, y entre las mayores de Europa duplicando la media.
El panorama es poco alentador, más aún teniendo en cuenta que la recesión continúa con un crecimiento del PBI que todavía no supera el terreno negativo, demostrando que la economía española no logra remontar las tendencias globales de recuperación económica. Los efectos no se tardan en hacerse sentir, y el pasado sábado se dio una masiva manifestación en Madrid, convocada por los dos grandes sindicatos, UGT y Comisiones Obreras (CCOO) en defensa del empleo en España.
De igual modo, dos de los factores históricamente esenciales de la economía española no logran remontar. Por un lado persiste la caída de la venta de propiedades y en consecuencia del sector de la construcción; y por otro la crisis ya estructural del sector turismo, quizás la base del “milagro español” de su economía en los noventa.
Finalmente el escenario se completa con la creciente disminución de los fondos estructurales de la Unión Europea, algo fundamental para el desarrollo de la península, hoy destinados mayormente a las zonas más relegadas de la Europa oriental y mediterránea.
Fracaso del referéndum catalán
Todo escenario desalentador usualmente estimula las fuerzas centrípetas de una nación, y la política española no es una excepción a la regla, por el contrario, las inherentes tendencias han salido a la luz con la consulta independentista de Cataluña, la región más desarrollada de la península.
El fracaso de la consulta radica en la escasa participación del electorado catalán, quizás agobiado por la crisis económica y más preocupada por el empleo que por el status autonómico. Así fue que la consulta por la independencia de la región del pasado domingo en 166 municipios catalanes se acercó al 30 por ciento, lo que representa unos 200.000 votos, según datos provisionales ofrecidos por la coordinadora, que calificó la jornada de "heroicidad" teniendo en cuenta los medios de los que han dispuesto los organizadores.
Aunque la respuesta a la pregunta de si "¿Está usted a favor de que Cataluña sea un Estado soberano, social y democrático?" obtuviera el 95 por ciento de votos a favor, la escasa participación de los 700.000 catalanes llamados a votar, sumado al carácter no vinculante de la consulta, desestima el efecto jurídico-político de la misma en la política española, aunque si permanecerá como un válido antecedente pro-independentista no sólo para Cataluña, sino para las varias regiones autónomas ávidas de una mayor independencia.
* Director General de Observanto - contacto: jscartascini@observanto.net
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