Dubai, Abu Dhabi y la amenazante sombra de la “W”
Por: Juan B. Scartascini del Río * |
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Burj al Arab y Burj Dubai - Imagen: Imre Solt/Wikimedia |
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Los desplomes financieros de Dubai y Abu Dhabi, los dos mayores de los siete Emiratos Árabes Unidos, han generado la primera luz de alarma en una economía global ansiosa por continuar por la senda de la recuperación. Con el estallido de una nueva burbuja inmobiliaria, o más bien con el desplome financiero de una de las mayores constructoras del Golfo, vuelven a surgir dudas respecto a la anhelada recuperación, la forma que la misma tendrá y la eficacia de los planes de estímulos y rescates financieros aún en ejecución.
Con el anuncio del consorcio público Dubai World -el miércoles pasado- de que pedirá una moratoria de por lo menos seis meses en el pago de 59.000 millones de dólares de su deuda, la semana bursátil local abrió con fuertes caídas que en algunos casos llegaron al 10% para los rubros inmobiliario, energía y comunicaciones.
Inmediatamente, las principales instituciones clasificadoras de riesgo respondieron degradando la deuda de entidades de Dubai e indicaron que podrían considerar al plan como un impago. El efecto se transmitió a Abu Dhabi, y las bolsas del mundo sintieron los coletazos, aunque abrieron la semana con caídas moderadas dando cuenta de que el “efecto arrastre” pareciera no ser tal.
No obstante, el mundo financiero comienza a hacerse la gran pregunta: ¿es Dubai la última escala de la actual crisis económica mundial, un evento aislado, o bien el anuncio de una andanada de “minicrisis” y shocks financieros regionales? Por lo pronto, cabe destacar que la rapidez y contemporaneidad de los eventos hacen poco probable una afirmación al respecto. No obstante, algunas conclusiones pueden ser obtenidas del más reciente foco crítico de la economía global.
En primer lugar, el efecto Dubai representa la primer “alarma temprana” en el marco del recientemente creado Consejo de Estabilidad Financiera del flamante G-20 para el ejercicio efectivo de una mayor regulación financiera global.
Asimismo, aunque relevante el ciclo crítico y a su vez originado en la misma “gran crisis” económica actual (ver “El origen…”), se vislumbra un contagio moderado al resto de las principales economías. Al respecto, cabe destacar que los Emiratos, y las economías del Golfo en general, a pesar de ser extremadamente ricos y de representar el “nódulo” energético del mundo, no es lo suficientemente representativo para el contexto global. Es decir, los Emiratos no son los Estados Unidos, ni el gigante asiático ni la economía europea.
Sin embargo, el escaso contagio reside en la naturaleza misma de sus finanzas, puesto que la economía de los Emiratos está sostenida financieramente por Gran Bretaña y el resto de Europa. De acuerdo al NYT, los Emiratos Árabes Unidos están financiados por más de 50.000 millones de dólares provenientes de la economía británica, otros 42.000 millones de Europa, siendo que sólo 13.400 millones provienen de la alicaída economía norteamericana.
En efecto, es muy probable que la crisis en Dubai, aunque no sea local o regional, sólo se expanda de manera tibia a través del globo, teniendo grandes implicancias en la economía europea, principalmente en la occidental y más aún en la británica, dejando de lado efectos resonantes en otros grandes epicentros económicos, como los Estados Unidos y Japón, y más aún los fortalecidos mercados emergentes, China, Brasil, India, etc.
Pese a ello, sería imprudente menospreciar el “Efecto Dubai”, dado que no habría que dejar de lado los fuertes vínculos económicos y financieros anglo-norteamericanos, tanto como el foco económico que los Emiratos y el Golfo en general, representan para economías emergentes de Asia, no tanto para China, sino principalmente para India y el ASEAN.
Más allá de todo, algunas cuestiones son evidentes. La crisis en los Emiratos genera un freno a la regenerada aversión por el riesgo en los mercados bursátiles, quizás el primer indicio de que había comenzado la recuperación; de hecho, en algún momento alguien tenía que empezar a comprar mientras todos se empecinaban en vender…
De igual modo, se evidencia que la recuperación de la que se hablaba no era tal, de hecho, aunque palpable en las finanzas, no era tal en la economía real, la producción y el comercio; mucho menos aún en el empleo.
De tal modo se desprende que gran parte de la recuperación se debe a la aplicación y efectividad de los rescates estatales y a los diversos planes de estímulos de los cuales aún dependería la actividad económica global. Sin los mismos, muchos aducen que la “V” de la recuperación económica global se transformaría en una “W” (entre ellos el Nobel de Economía 2008 Paul Krugman), es decir que el “Gran ciclo” de la crisis global iniciada en 2008 sería testigo de un devenir de altibajos o “mini crisis” de escasa profundidad y contagio tal el actual “Efecto Dubai”.
Otros en cambio (el economista argentino Mario Blejer y antiguo Presidente del Banco Central) aducen que la “V” se transformará en una “raíz cuadrada” en la que la recuperación se mantendrá –principalmente a causa de la interacción entre los planes de estímulo y las consecuentes crisis- en una “planicie a mitad de camino”, sin alcanzar, a corto plazo, los índices globales de 2007.
Más allá de las diversas predicciones, es clara la persistencia de focos críticos y consecuentes ciclos de altos y bajos en diferentes escenarios financieros regionales. Resta saber cuales serán los próximos mercados golpeados por los vaivenes financieros de la presente gran crisis global. ¿Será el turno de los países en desarrollo? ¿Seguirán mostrando los mismos una fuerte solidez macroeconómica? Todo pareciera apuntar a las economías de mayor dinamismo y que más estuvieron atadas a las finanzas internacionales. Europa del Este, los bálticos, el mediterráneo, Irlanda, Rusia, el sudeste asiático, son sólo algunos de los que ya están tomando medidas para evitar futuras debacles como la que están atravesando los Emiratos.
El origen: la propia crisis
Un año después de que la crisis global frenara el espectacular crecimiento de Dubai -esa pequeña “tierra de maravillas” impulsada ya no sólo por las riquezas petroleras, sino más bien por la transformación económico-financiera de los emiratos- las cesaciones de pago y la cancelación de faraónicos proyectos inmobiliarios irrumpen en la “siempreverde” economía del Golfo. De hecho, ya se había anticipado la postergación del final de obra del Burj Dubai -originalmente anunciado para el 2 de diciembre de 2009, o sea hoy mismo- la que con sus más de 800 metros de altitud, será por lejos la más alta construcción de la humanidad.
Resulta que en los últimos años, Dubai y Abu Dhabi se desarrollaron muy aceleradamente en base a la mano de obra extranjera al punto tal que 75% de su población es “no nacional”. Con la esperanza de convertirse en una meca del turismo mundial, la construcción y el emplazamiento de colosales maravillas arquitectónicas, los emires se hundieron en un frenesí financiero que hoy parece tener un final. En ese proceso, las empresas respaldadas por el Estado acumularon una deuda de 80.000 millones de dólares.
En ese escenario, el gigante inmobiliario Nakheel -promotora filial de Dubai World- pidió la moratoria de seis meses, hasta el 30 de mayo, del pago de una deuda de 3.500 millones de dólares de obligaciones islámicas que expiran el 14 de diciembre estallando así lo que en la jerga ya se conoce como el “efecto Dubai”.
El retroceso de los mercados, no sólo provocó el anuncio de una reestructuración de las empresas de Dubai World que incluiría a Nakheel y Limitless World, dos de sus mayores subsidiarias, sino que urgió el pedido por parte del Emirato de Dubai, un plan de rescate a su vecino Abu Dhabi, capital del país y mayor productor de petróleo de los Emiratos Árabes Unidos.
El crítico contexto se da durante los festejos por el 38º aniversario de la fundación del pequeño estado del golfo, e incluso el propio presidente del país, Jalifa bin Zayed al Nahyan, incluyó la cuestión en su mensaje por la festividad. El Emir de Abu Dhabi afirmó que la economía del país es sólida y que la población no debe temer las repercusiones de la crisis económica mundial. "Seguiremos manteniendo con confianza y optimismo nuestra capacidad nacional y la sólida economía" señaló el Jeque.
* Director General de Observanto - contacto: jscartascini@observanto.net
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