20 años de la caída del Muro: festejos de la noche que cambió la historia
Por: Juan B. Scartascini del Río * |
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Celebraciones en Berlín - Imagen: EFE |
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La noche del pasado lunes 9, Berlín, Alemania y Europa celebraron el XXº aniversario de la caída del muro del Berlín. En una pomposa celebración en la que el gobierno alemán simuló olvidar los efectos de la crisis económica y la recesión, vistió de fiesta la capital alemana para celebrar la historia; un suceso lleno de significados y no carente de polémicas.
Una multitud cercana a las 100.000 almas, berlineses, alemanes, europeos y muchos turistas, se reunieron en la capital alemana a lo largo de 1000 piezas de dominó gigantes, que fueron derribadas para representar aquel histórico momento, quizás el más significativo de la segunda mitad del Siglo XX.
Los actos centrales habían comenzado en la mañana, con una misa ecuménica en la iglesia de Gethsemane, a la que asistieron, entre otros, el presidente federal Horst Köhler y la canciller alemana Angela Merkel. Continuaron en la Bornholmer Strasse, el primer paso fronterizo abierto aquel histórico jueves de noviembre de 1989; siguieron con un concierto de la Staastkapelle de Berlín que dirigió el argentino-palestino-israelí Daniel Barenboim, haciendo sonar los acordes nada menos que de Richard Wagner; y finalizaron al caer la noche en la Puerta de Brandemburgo, el ícono de la ciudad y de toda una nación, que estalló en un espectáculo de luces, sonidos, colores y muchos fuegos de artificio.
Allí se congregaron los diversos mandatarios, encabezados por una rebosante y recientemente reelecta Angela Merkel –que además de ser la primer canciller mujer de Alemania, es la primera máxima autoridad proveniente de la antigua Alemania del Este-, el británico Gordon Brown, el francés Nicolás Sarkozy y el ruso Dmitri Medvédev, entre otros.
El gobierno estadounidense estuvo representado por su secretario de estado, Hillary Clinton, quien extendió su gira por Medio Oriente para asistir a la velada, aunque Barack Obama, quien no quiso perderse las celebraciones, envió un mensaje por teleconferencia repetido para la multitud congregada para celebrar lo que se denominó, “la fiesta de la libertad”.
Con la ausencia del entonces canciller alemán Helmut Khol, los históricos Mijaíl Gorbachov y Lech Walesa, no quisieron perderse el evento. El propio Walesa –entonces líder del sindicato polaco “Solidaridad”- estuvo a cargo de derribar el primero de las mil piezas de dominó gigantes que asemejaban a los bloques de hormigón con los cuales se alzó el muro en 1961, y simulaban las “olas”, el “efecto dominó” que la caída del muro significó para el bloque oriental y la mayoría de los regímenes socialistas en el mundo.
El mundo celebra
Conmemoraciones similares se vieron en diferentes ciudades del orbe, principalmente de Europa, celebrando lo que se comienza a conocer como “el día de la libertad y de la democracia”. En Londres un matrimonio de artistas levantó un muro de hielo de 3,5 metros de altura frente a la embajada alemana de Belgrave Square, que se fue derritiendo paulatinamente con las temperaturas otoñales.
Los franceses no quisieron ser menos y en Paris 100 artistas, cantantes y músicos representaron artísticamente el camino de la división de Europa a la reunificación. "La ceremonia simboliza la amistad y la solidaridad de Francia con el pueblo alemán", subrayó el secretario de Estado para Asuntos Europeos, Pierre Lellouche.
En Roma, en las escalinatas de Piazza Spagna fue montada una instalación multimedia en la que resonaba la canción "Another Brick In The Wall" de Pink Floyd. El alcalde de la capital italiana, Gianni Alemanno, aseguró que la caída del Muro marca el "año cero" de la época actual.
Viena, Sofía, Varsovia fueron otras de las capitales en donde se celebró la caída. Desde el Vaticano, se recordó la memoria del Papa Wojtyla, el polaco Juan Pablo II, uno de los mayores artífices de los sucesos de entonces; mientras que en Cisjordania, activistas israelíes derribaron un trozo del muro erigido por Israel en el territorio palestino. Un centenar de manifestantes participaron en la protesta, en la que se utilizó un camión para tirar abajo un bloque del muro de hormigón, de varios metros de altura, al este del campo de refugiados de Kalandia.
Las consignas comunes en todos los actos fueron las mismas, no sólo recordar los eventos de hace dos décadas, sino celebrar la libertad y la democracia, llamando la atención de la comunidad internacional para derribar todos los muros que aún persisten en el mundo, no sólo en los remanentes socialistas a los cuales el efecto dominó nunca llegó, sino a los nuevos muros que se erigen física y políticamente entre los pueblos.
Bomba periodística
Berlín oriental 18hs, caía la tarde y la conferencia de prensa en el Centro Internacional de Prensa de Mohrenstrasse Günter Schabowski, un reconocido y prestigioso funcionario del Partido Socialista de la Alemania Democrática –la del Este o RDA- se aprestaba a dar comienzo a una más de las tantas conferencia que como portavoz del régimen acostumbraba a dar.
Sin embargo, en la acartonada conferencia comenzaba a respirarse un aire diferente. Era la primera vez que los periodistas de la Alemania oriental hacían preguntas con un marcado tono crítico al régimen comunista, dando cuenta además, de la existencia de información que aparentemente no habría llegado a manos de los reporteros internacionales.
Hacia el final de la conferencia de prensa, pasados unos 50 minutos sin mayores sobresaltos que algunos tibios reclamos por el culto personalista a Erich Honecker –entonces depuesto líder de la RDA- un periodista italiano que había llegado tarde a la conferencia –recién a las 18:53 habiéndose perdido el desarrollo de la misma- accedió a realizarle su única pregunta.
Con un marcado acento italiano, Riccardo Ehrman, el corresponsal de la agencia ANSA, “a caballo” de los errores destacados por Schabowski sobre el culto personalista de Honecker lanzó “la bomba” periodística. “Usted ha mencionado algunos errores. ¿No le parece que ha sido un grave error haber presentado días atrás el proyecto que reglamenta los viajes?”.
El vocero en un principio intentó eludir la provocación; nada había mencionado al respecto… No obstante, buscando en sus papeles el mencionado proyecto comenzaba a demostrar signos de desconfianza y nerviosismo. El auditorio ya se había dado cuenta de la existencia de nuevas regulaciones al movimiento de personas y la atmósfera era poco menos que electrizante.
Dubitativo e indeciso, Schabowski comienza a leer un documento relacionado con el polémico proyecto. Reconoce la existencia del proyecto y dice: “…hoy decidimos aprobar una regulación que posibilita a todo ciudadano de la RDA salir del país por cruces de frontera de la RDA.” Investigaciones periodísticas señalarían que esa nueva regulación de viaje era sólo un proyecto y que se aplicarían en un futuro cercano.
De todas maneras Schabowski le confiesa al auditorio que el creía que ya conocían la existencia del proyecto, algo que era imposible dado que no había sido difundido a la prensa. Inmediatamente el reportero del sensacionalista matutino alemán Bild Zeitung, Peter Brinkmann, quien estaba sentado justo en frente al miembro del Politburó, le replica: “¿Cuando entran en efecto estas reglamentaciones, de inmediato?” El acorralado vocero responde que “en mi opinión, por lo que tengo entendido, entran de inmediato, sin demora”. Ante la automática réplica de Brinkmann si regía también para Berlín occidental, Schabowski declara categóricamente que sí, “la gente puede viajar de la RDA directamente a través de Berlín occidental…”; la bomba había estallado.
La caída
Las distensiones entre las dos superpotencias eran por entonces mucho más evidentes que el tirante ambiente que se respiraba en la conferencia de prensa de Schabowski, siendo la misma, una nítida reproducción de la vida en la RDA, incluso a fines de los 80’s. Para entonces Hungría había abierto la frontera con Austria, y los alemanes orientales, y muchos “turistas internos” del bloque oriental viajaban a Hungría para pasar a occidente a través de Austria. El mismo Berlín occidental comenzaba a plagarse de “alemanes del este” y ni bien conocida la noticia en parte emitida por error por Schabowski y en parte inducida por la prensa occidental, miles de alemanes, a través del boca a boca comenzaron a reunirse hacia ambos lados del muro que durante 28 años había dividido a una misma nación en dos países completamente diferentes.
En esos momentos, ni las tropas de control de fronteras ni los funcionarios del ministerio encargados de regularlas estaban precisamente informados. La manía por el manejo de la información de los burócratas de la RDA, sin dudas había tenido una fisura. Inmediatamente, sin una orden concreta, sino bajo la presión de la gente, el punto de control de Bornholmer Strasse se abrió a las 23.00hs, seguido de otros puntos de paso, tanto en Berlín como a lo largo de toda la frontera con la Alemania Federal.
Era una noche mágica, esperada durante décadas, en donde los alemanes se fundían en un fraterno abrazo que finalizaría con la reunificación el 3 octubre de 1990, e impulsaría el derrumbe del bloque oriental y la implosión de la Unión Soviética. En efecto, la caída del fatídico muro significaba mucho más que la simple unidad alemana, significaba el fin de la Guerra Fría, el fin del conflicto ideológico-bipolar a escala universal, el fin del Siglo XX en términos históricos, un siglo que superaba décadas de divisiones y conflictos bélicos y políticos, y que aprestaba a la humanidad a vivir esperanzada en un nuevo siglo, un nuevo orden que a la larga, permanecería en deuda, o que al menos hasta ahora, no ha llenado las expectativas generadas por los abrazos y las lágrimas de los berlineses de aquella noche de noviembre, la noche que en definitiva cambiaría la historia.
* Director General de Observanto - contacto: jscartascini@observanto.net
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