Putin amenaza con abrir un nuevo capítulo de la “guerra del gas”


  Por:  Juan B. Scartascini del Río * 

04/11/2009 - 01:25 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
El gaseoso poder de Putin - Imagen: Tom Trow/NYT
 
     

El invierno boreal se acerca, el follaje otoñal deja paso a las blancas y frías nevadas en el hemisferio norte, y a medida que el frío avanza, en el viejo continente retornan las amenazas de falta de suministro del preciado gas que calefacciona los cálidos hogares europeos.


La UE debe pagar la deuda de gas de Ucrania y no ser “mezquinos”

“Ya hemos pagado 2,5 mil millones de dólares a Ucrania por el tránsito del gas. En otras palabras, les hemos hecho un gran favor económico a nuestros socios ucranianos con el pago por el tránsito hasta el primer trimestre de 2010 inclusive. Dejemos que los europeos paguen al menos mil millones. ¿Por qué están siendo tan tacaños? Ellos también tienen dinero”. Así el ex-presidente ruso y actual primer ministro, Vladimir Putin, advirtió el lunes pasado en una rueda de prensa -luego de reunirse con su par danés- amenazando al continente con volver a abrir un nuevo capítulo de la larga “novela del gas”; una fría y gasificada guerra por el hidrocarburífero suministro de energía.

Resulta que Ucrania, el gran “jamón” del sándwich ruso-europeo y por donde transita cerca del 80% del gaseoso suministro, tendría problemas para pagar sus deudas al gigante euroasiático para el propio consumo de gas. En efecto, el propio Putin no desaprovechó la ocasión para culpar a la Comisión Europea y a la presidencia sueca de la Unión por el hecho de no ocuparse de los potenciales problemas de pago de la parte ucraniana.

Es que la grande e históricamente inestable Ucrania, habiendo este año superado a tientas la última de sus recurrentes crisis políticas, espera ansiosa las elecciones presidenciales de enero próximo, en la que la lucha política promete ser extenuante; entre el líder opositor Víctor Yanukovych, antiguo primer ministro y paladín pro-ruso en el país, y la actual primer ministro, Yulia Tymoshenko, conocida como la “dama de hierro” y la “Juana de Arco de la Revolución Naranja”.

En un multipolar y caótico sistema de partidos, se descarta que alguno de los al menos siete “presidenciables” gane en primera instancia; de hecho es difícil que alguno supere el 30%. No obstante, Yanukovych lidera las encuestas en una hipotética segunda vuelta. Así las cosas, se espera que Tymoshenko esté dispuesta a agotar todos los recursos financieros necesarios para acortar algunos puntos y tener alguna oportunidad de convertirse en la primera presidente mujer del país.

En agosto pasado, la UE le había concedido a Ucrania un préstamo de mil millones de euros para asegurarse el suministro de gas durante el invierno y así evitar lo ya experimentado en las anteriores crisis de gas. Sin embargo, parte de los fondos se habrían desviado generando un sinfín de acusaciones cruzadas entre el presidente y su primer ministro.

Ante este escenario electoralista, se vislumbra una regresión aún mayor de las posibilidades de pago a Rusia por el transporte del gas para consumo propio y para transporte al continente. Ante tal situación el primer ministro ruso respondión: “es tiempo de hacer algo”. Con tono amenazador Putin se quejaría de la falta de cumplimientos en los pagos por parte de la UE, y a las puertas de las elecciones ucranianas, ya vaticinó que evalúa con cortar el suministro de gas en el invierno, por tercera vez en 4 años.

De todos modos, el FMI está otorgando un rescate de 11 mil millones de euros para sanear la economía ucraniana que estaría enfrentando una profunda recesión y un vaciamiento de sus arcas. Así y todo, la compañía estatal de energía Naftogaz, anticipó que el pago del mes de octubre está cancelado en tiempo y forma, por lo cual no se esperarían cortes en el suministro. Sin embargo, dada la situación, el devenir electoral y el gasto desenfrenado para tales fines, es la que a la larga, definirán cuan calefaccionados estarán este invierno los hogares europeos.


Obama y la “Nueva” Guerra Fría

Una de los grandes temores que despertaba Obama, el entonces desconocido candidato demócrata que se postulaba para las presidenciales de fines de 2008, era justamente el tratamiento de la política exterior. En primera instancia habiendo superado tal debilidad al nombrar como Secretaria de Estado -de manera no menos atrevida- a su ex contrincante demócrata, Hillary Clinton, algunos analistas comienzan a vislumbrar algunos déficits de la administración Obama en lo que a política exterior se refiere.

Los mismos hacen hincapié justamente en la Europa central y oriental, una región que desde caído el muro de Berlín, hace exactamente 20 años, ha sido un área de gran relevancia para las diversas administraciones. Actualmente etiquetada en la Casa Blanca como un “Bush administration Project” –para la desventura de millones de europeos centro-orientales- se acusa a Obama de “olvidar” la región, o más bien de no prestarle la debida atención.

Habiendo Obama realizado una jugada ciertamente audaz al levantar los misiles de Polonia y República Checa, la actual administración ha pasado por alto los avatares de esta región, ciertamente de la más castigadas por la actual crisis económica y financiera internacional. El acercamiento a Rusia y la concentración en sus mayores aliados en la OTAN, quienes juegan papeles vitales en Irak y el Af-Pak, han generado una tendencia a dejar de lado ese gran cúmulo de países entre Rusia y el más occidental núcleo duro de la UE.

Puntualmente, el autor del libro “La Nueva Guerra Fría”, el británico Edward Lucas, señala que el nuevo concepto de Rusia sobre a una “arquitectura de seguridad” en Europa, implica el establecimiento de un “conglomerado” en el centro del continente, es decir entre Rusia y los grandes países europeos; que excluye a los Estados Unidos de la escena continental, prevalece sobre los intereses de los pequeños países de la Unión -sus vecinos menores orientales-, y desestima el rol de la OTAN en Europa, en particular el de los newcomers orientales en tal organización.

La dilatación de soluciones concretas a irresueltos conflictos regionales como los de Kosovo y Georgia, son algunas de las mayores evidencias de tal fenómeno. Asimismo, la tendencia a negociar bilateralmente entre grandes poderes se refleja en la UE, al ser la presente discordia entre Rusia y la Unión, un claro síntoma de que la Comisión emula a los EE.UU. al intentar remediar problemas en su oriental “área de influencia”.


* Director General de Observanto - contacto: jscartascini@observanto.net


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