Europa ya tiene Tratado, ahora busca Presidente


  Por:  Adriano Bosoni * 

03/11/2009 - 21:46 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
La UE, en construcción - Imagen: Union Europea
 
     

La cumbre de Bruselas, que los pasados 29 y 30 de octubre reunió a los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, permitió al bloque regional cerrar el tortuoso proceso de ratificación del Tratado de Lisboa. Pero, al mismo tiempo, abrió un nuevo frente de batalla: la designación del flamante Presidente del Consejo Europeo. Ahora que la agonía política por el Tratado ha terminado, es momento de que se inicie formalmente la discusión por el máximo cargo de la diplomacia continental.

Sin dudas, el principal vencedor de la cumbre de mandatarios fue Václav Klaus, el inefable presidente de República Checa. Luego de mantener en vilo a sus socios europeos durante meses, el líder checo se salió con la suya y consiguió que su país quedara excluido del marco legal que dispone la Carta Europea de Derechos, una concesión que exigió a cambio de poner su firma en el documento.

Klaus era el único jefe de gobierno que aún no había rubricado el Tratado de Lisboa, y se encargó de manipular esta situación a su favor. Así, consiguió a último momento un beneficio que ya habían alcanzado el Reino Unido y Polonia durante las negociaciones iniciales por el texto regional. En rigor, Klaus busca evitar que los aproximadamente tres millones de alemanes que fueron expulsados por Checoslovaquia luego de la Segunda Guerra Mundial puedan solicitar reparaciones al Estado checo.

El euroescéptico mandatario se mostró complacido con el éxito de su estrategia de presión política. “Conseguido el resultado máximo posible, no voy a plantear nuevas condiciones para la ratificación del Tratado de Lisboa”, afirmó luego de la cumbre. Tras ello, y con una importante cuota de alivio, el francés Nicolás Sarkozy aseveró que el documento continental entrará en vigor probablemente el próximo 1 de diciembre. Cuando ello ocurra se pondrá fin a un largo proceso de ratificaciones, que se extendió durante casi dos años e incluyó un doble referendo en Irlanda, tras el rechazo ciudadano en la primera consulta popular.

Tras la trascendental decisión de Klaus, a sus colegas euroescépticos en Inglaterra no les quedó más remedio que abandonar su intento de derogar el texto. Cuando todo era incertidumbre respecto del Tratado, los conservadores británicos anunciaron que, de ganar las elecciones, convocarían a un referendo sobre el documento. Pero tras el giro de Klaus se vieron obligados a reconocer que tal posibilidad se esfumó. En las horas posteriores a la cumbre de Bruselas, diferentes emisarios del partido de David Cameron reconocieron que cuando el Tratado de Lisboa entre en vigor será imposible que el gobierno británico lo derogue.


Los debates que vienen

Ahora que se resolvió el obstáculo de la ratificación, aparece un nuevo desafío, de corte aún más político que el anterior. Se trata de la designación del Presidente del Consejo Europeo, una figura que crea Lisboa con el objetivo de dotar a la Unión de un representante diplomático estable. Junto con este puesto, se crea también el rol de Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, otro cargo que también aspira a coordinar mejor la política externa de la UE.

Ya a mediados de 2008, el nombre del ex Primer Ministro británico Tony Blair comenzó a sonar con fuerza para ocupar el flamante asiento de Presidente de Europa. Como era de esperarse con una figura tan controvertida, la posible designación de Blair pronto generó polémica en el viejo mundo. Para sus defensores, el líder laborista cuenta con una extensa trayectoria como dirigente y un profundo conocimiento de los juegos de poder europeos, condiciones éstas que lo harían idóneo para un cargo de tan elevado perfil político. Sus detractores, en cambio, recuerdan que Blair nunca fue un europeísta convencido, y que contribuyó a la desunión del bloque cuando apoyó la invasión norteamericana a Irak o cuando decidió que su país no adoptara el euro.

A medida que la polémica en torno a Blair aumentaba, comenzaron a surgir otras posibles candidaturas menos problemáticas. Entre los nombres que se barajaron recientemente figuran el Primer Ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker; el ex Presidente español Felipe González; el ex Canciller austriaco, Wolfgang Schüssel; y el Primer Ministro holandés, Jan Peter Balkenende, por sólo citar algunos. De hecho, son muchos los políticos y diplomáticos europeos que apuestan por la designación de una figura proveniente de un país “chico” o “mediano”.

El último miembro de esta creciente lista de candidatos es Herman Van Rompuy, Primer Ministro de Bélgica. Según informan medios europeos, el líder belga contaría con el visto bueno de Francia y Alemania, los motores políticos y económicos del bloque. Ahora bastaría que la Inglaterra de Gordon Brown lo apoyara para que Van Rompuy pueda hacerse con el novedoso cargo. Si bien Brown todavía defiende la candidatura de Blair, muchos analistas consideran que sólo lo hace para negociar el nombramiento de su ministro de exteriores, David Miliband, como Alto Representante. En rigor, Brown “cedería” en el caso Blair para “contentarse” con la designación de Miliband.

Aunque los nombres finales todavía son un misterio, algo es seguro en la Unión: el cargo de Presidente de Europa será para un representante del Partido Popular Europeo, mientras que “la familia socialista” elegirá al Alto Representante. Así lo acordaron las dos grandes agrupaciones continentales en el Parlamento Europeo, en una decisión que refleja la victoria de los conservadores en las elecciones continentales del pasado junio.

Sin importar quiénes ocupen finalmente estos cargos, subyace un problema de fondo: el Tratado de Lisboa no establece con claridad los alcances y las atribuciones de estas trascendentales figuras. Así, luego de la polémica por la designación del Presidente del Consejo Europeo y del Alto Representante para la política exterior, probablemente surja un debate sobre el rol que dichos funcionarios deberán cumplir en el bloque regional.

De hecho, existe la dicotomía entre quienes sostienen que ambos cargos deberán cumplir funciones más bien “administrativas” y quienes, en cambio, aseveran que la Presidencia de Europa deberá tener una fuerte impronta política. A todas luces, se avecinan meses turbulentos en la Unión Europea.


* Editor General de Observanto - contacto: abosoni@observanto.net


Inicio | Latinoamérica | EE.UU.| Europa | Global | Académica | Anteriores | Publicidad | Acerca De | Contacto
Observanto ® Copyright 2008-2010. Todos los derechos reservados.


Creative Commons License

Observanto - Análisis Internacional is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 2.5 Argentina License. Based on a work at www.observanto.com y/o www.observanto.net. Permissions beyond the scope of this license may be available at http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/ar/.