Afganistán sigue sumando problemas para Obama
Por: Adriano Bosoni * |
![]() |
||
Obama en visita a Karzai - Imagen: AP |
||
En las últimas semanas, Afganistán no cesó de generarle problemas a Barack Obama: al ya longevo combate contra la insurgencia se le sumó la crítica cada vez más abierta de la oposición republicana y de un sector de las Fuerzas Armadas respecto del manejo de la guerra. Para complicar más el panorama, el presidente afgano, Hamid Karzai, debió admitir que hubo fraude en los comicios de agosto y el país será convocado nuevamente a las urnas para un ballotage de resultados impredecibles.
El crecimiento de las milicias talibán, que combaten al Ejército afgano y sus aliados occidentales, no es una novedad. Luego de estar al borde de la desaparición a fines de 2001, estos grupos rebeldes fueron recuperando fuerzas hasta poner en jaque a Estados Unidos y sus socios de la OTAN. En este contexto, numerosos analistas –políticos y militares- alertaron que si Washington no cambia su estrategia en el país, la derrota será un escenario más que probable.
Lo que sí resulta novedoso es el creciente fastidio que algunos militares estadounidenses sienten respecto del modo en que Obama está manejando el problema. Aunque el flamante Premio Nobel de la Paz se comprometió a enviar 40.000 soldados adicionales a Afganistán, dicha medida todavía no se concretó y son muchos los que se impacientan ante la demora. Según una nota reciente del diario The New York Times, algunos oficiales del Ejército habrían expresado preocupación por la “lentitud” con la que se está moviendo el presidente.
El incremento de las tropas que actualmente se desempeñan en Afganistán es un anhelo del general Stanley McChrystal, líder de la embestida norteamericana en el país asiático. Semanas atrás, el militar había admitido que, si Estados Unidos no envía refuerzos en forma veloz, existen posibilidades concretas de derrota. Obama manifestó en reiteradas oportunidades que está de acuerdo con ese punto de vista, pero los tiempos se extienden, las noticias que llegan desde oriente son cada vez peores y muchos comienzan a manifestar su disconformidad en público. En contrapartida, el equipo político del presidente considera que los militares deberían mantener sus críticas en privado.
Como si ello fuera poco, Obama tampoco termina de encontrar en Karzai al aliado fuerte que necesita. Cuando el pasado 20 de agosto Afganistán celebró elecciones presidenciales, Washington esperaba que una reelección contundente del actual mandatario le otorgara al régimen de Kabul la legitimidad suficiente para continuar juntos el combate contra los talibán.
Pero ello no ocurrió ni antes ni durante los comicios. En las semanas previas a la elección, Karzai escandalizó a sus socios occidentales al negociar con líderes locales de turbio pasado y escaso prestigio nacional e internacional. Y durante la jornada electoral las irregularidades se multiplicaron, al grado de que tanto la oposición afgana como los observadores extranjeros denunciaron fraude. La principal acusación radicaba en que Karzai no había llegado al 50% de los votos, porcentaje necesario para imponerse en primera rueda.
La segunda vuelta y sus interrogantes
Luego de desestimar estas denuncias durante semanas, y bajo fuerte presión internacional, Karzai aceptó presentarse al ballotage contra el candidato opositor Abdulá Abdulá. La conferencia de prensa donde se anunció esta medida resulta ilustrativa de las condiciones en que el mandatario tomó la decisión: lo flanqueaban el Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense, John Kerry, y el máximo representante de la ONU en Afganistán, Kai Eide. De acuerdo con el anuncio, la segunda rueda tendrá lugar el próximo 7 de noviembre.
Aunque buena parte de Occidente recibió con alivio la noticia, no está garantizado que la celebración de nuevos comicios contribuya a despejar la situación en Afganistán. En primer término, porque nada asegura que el fraude esta vez pueda evitarse. Si las elecciones vuelven a generar resultados cuestionados, el país se sumergirá en una anarquía social y política aún más grave que la existente. Lo cual no es poco decir en una nación que posee una estructura institucional de alarmante fragilidad.
En segundo lugar, la convocatoria a las urnas representa un gigantesco desafío para las fuerzas de seguridad, tanto afganas como extranjeras. Los comicios del 20 de agosto exigieron al máximo a las tropas estadounidenses y de la OTAN, que cargan con la pesada tarea de prevenir ataques de los talibán. Ocurre que los centros electorales constituyen un blanco valioso para la insurgencia, y es virtualmente imposible controlar los miles de puntos de votación esparcidos a lo largo y lo ancho de la intrincada geografía afgana.
Aunque la ONU pretende abrir menos mesas que en la primera vuelta (16.000 en vez de 25.000), es altamente probable que en algunas de ellas se produzcan atentados. El temor ciudadano explica buena parte del elevado ausentismo que se registró en agosto. De hecho, se estima que en dicha oportunidad la participación popular no llegó al 40%, y es probable que sea aún menor en noviembre, cuando el país además sufrirá los efectos de su implacable invierno.
Finalmente, la prolongación de la incertidumbre política en Afganistán demora aún más la decisión que Obama debe tomar respecto del futuro de la incursión militar en ese complejo país. Es lícito que el presidente desee esperar a los resultados del ballotage para aplicar cambios en la estrategia estadounidense para la región. Pero esta demora sólo crispará aún más a los sectores políticos y militares que le exigen a Washington mayor presteza en la campaña afgana.
En síntesis, la convocatoria a nuevas elecciones es un gesto que debe ser bienvenido, porque contribuye a la transparencia de las débiles instituciones afganas y puede constituirse en el germen de una incipiente pacificación del país. No obstante, encierra gigantescos desafíos e impredecibles peligros. Nuevos dolores de cabeza para el Premio Nobel de la Paz y sus asesores.
* Editor General de Observanto - contacto: abosoni@observanto.net
Inicio | Latinoamérica | EE.UU.| Europa | Global | Académica | Anteriores | Publicidad | Acerca De | Contacto
Observanto ® Copyright 2008-2010. Todos los derechos reservados.
Observanto - Análisis Internacional is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 2.5 Argentina License. Based on a work at www.observanto.com y/o www.observanto.net. Permissions beyond the scope of this license may be available at http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/ar/. |
|




