En plena crisis, Irlanda apuesta por Europa
Por: Adriano Bosoni * |
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El SÍ irlandés - Imagen: EU Observer |
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Europa respira con alivio: la entrada en vigor del Tratado de Lisboa está más cerca que nunca. Los irlandeses volvieron a las urnas y ratificaron en masa el crucial documento, casi un año y medio después de haberlo rechazado. Y esta vez el apoyo fue contundente: el “sí” alcanzó el 67,1% de los sufragios, muy por encima del 32,9% que votó por la negativa. Incluso la tasa de participación fue notable, puesto que seis de cada diez ciudadanos participaron de los comicios, frente al 53% que lo había hecho la vez anterior. De este modo, el país dejó atrás el cimbronazo de junio de 2008, cuando el 53,4% de los irlandeses votaron en contra del Tratado.
La situación interna de Irlanda, una vez más, resultó crucial para inclinar las tendencias. Así como en 2008 buena parte de los irlandeses buscaron convertir el “no” al Tratado en un castigo para el primer ministro Brian Cowen, esta vez los votantes acudieron a las urnas con la mente puesta en la situación económica del país. Ocurre que Irlanda, otrora una próspera nación que protagonizó su propio “milagro” económico, enfrenta actualmente una descomunal caída de su PBI, estimada en torno al 8% para este año.
En este marco, el electorado llegó a la conclusión de que la salida a la crisis sólo se conseguirá mediante una mayor integración con el bloque regional. En plena tempestad, un lazo estrecho con la Unión ofrece mayores garantías de recuperación que el aislamiento, razonan muchos. El propio Cowen hizo patente este sentimiento, al declarar que "Irlanda está preparada para crecer y prosperar junto a Europa. El voto de hoy nos ayudará a conseguir el objetivo común de empujar a Irlanda hacia la prosperidad y el futuro".
De hecho, no sorprende que numerosas multinacionales que operan en la isla hayan hecho campañas activas a favor del Tratado. Gigantes de la industria como Microsoft e Intel –que resultan cruciales en un país que apunta a la producción de tecnología- apoyaron abiertamente el voto por el “sí”. El mensaje parece claro: las empresas valoran el mercado y la mano de obra que ofrece Irlanda, pero aprecian aún más el puente que dicho país les abre hacia Europa continental.
El significado del Tratado
El Tratado de Lisboa, un documento que apunta a modificar el orden institucional y operativo de la Unión Europea, es la solución más viable que los Veintisiete pudieron encontrar luego del fracaso de la iniciativa para que el continente tuviese una Constitución. Durante su presidencia, ejercida en el primer semestre de 2007, Alemania convenció a sus socios europeos de que firmaran un documento que recuperara los principales aspectos del Tratado Constitucional. Así, el 13 de diciembre de 2007 los miembros de la Unión firmaron en Portugal un nuevo texto, también conocido como Tratado de Reforma.
Al igual que la fallida Constitución, el flamante documento otorga personería jurídica a la UE. Gracias a ella, la Unión podrá establecer acuerdos internacionales en las materias previstas por los Tratados. Asimismo, crea la figura del Presidente del Consejo Europeo, cuyo cargo durará dos años y medio. Además, el Tratado implica el fortalecimiento de la figura del Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común, quien se convertirá en representante del Consejo para sus relaciones exteriores, vicepresidente de la Comisión y presidente del Consejo de Asuntos Exteriores. Y se incorpora un cambio no menor: por primera vez en la historia, se prevé explícitamente la posibilidad de que un Estado se retire de la Unión.
A su vez, el texto atribuye un mayor poder al Parlamento en materia legislativa, presupuestaria y de control político. En este marco, la codecisión entre Consejo y Parlamento se convierte en el procedimiento normal para legislar. Al mismo tiempo, los Parlamentos nacionales podrán manifestar su parecer desde la fase inicial de una propuesta, antes de que la estudien a fondo el PE y el Consejo.
Pese al optimismo inicial, la ratificación del Tratado pronto experimentó dificultades cuando el texto fue rechazado en un referéndum realizado en Irlanda a mediados de 2008. En rigor, dicho Estado es el único miembro de la Unión cuya Constitución establece explícitamente que los Tratados deben ser sometidos al voto popular, a diferencia de los demás partners que decidieron evitar ese impredecible mecanismo.
La situación comenzó a destrabarse a comienzos de este año, cuando el gobierno irlandés expresó sus condiciones para repetir el referendo. El Ejecutivo de Brian Cowen utilizó la situación para reclamar prerrogativas especiales para su país: principalmente, respeto de la neutralidad militar irlandesa, autonomía fiscal y la garantía de que la UE no interferirá en las leyes nacionales sobre “el derecho a la vida”. Pese a la variedad de los reclamos, y a la incertidumbre sobre cómo éstos serían incorporados en un documento ya ratificado por 25 Estados, los socios comunitarios respiraron con alivio cuando el colega díscolo informó que repetiría la consulta popular que estancó la implementación del texto.
El objetivo: enero de 2010
Sin dudas, con el segundo referendo irlandés la UE se ha quitado una importante piedra del zapato. El “no” de 2008 había hundido al bloque en la incertidumbre y había despertado los fantasmas de 2005, cuando Francia y Holanda rechazaron la Constitución europea. Ahora, el apoyo masivo de los irlandeses le devuelve al documento el impulso político que había perdido, y pone presión sobre los países que todavía no lo ratificaron, especialmente República Checa y Polonia.
No obstante, el Tratado sigue despertando recelo entre muchos conservadores. El más prominente de ellos es el euroescéptico presidente checo Vaclav Klaus, quien ha puesto varios impedimentos legales para bloquear el documento. Aunque el parlamento de República Checa ya dio el visto bueno al Tratado, aún resta la firma del polémico primer mandatario. Junto a Klaus aparece el británico David Cameron, líder de los conservadores que aspiran a destronar a los laboristas en Inglaterra. De hecho, el dirigente torie prometió que si llega al poder antes de que el Tratado entre en vigencia, convocará a un referendo sobre el texto.
Así las cosas, los más optimistas esperan que la ratificación checa y polaca llegue en lo que resta del año, para que el atribulado documento comience a regir el funcionamiento de la Unión a partir de enero de 2010. Si ello ocurre, la UE habrá cerrado otro complicado capítulo en su ya larga historia de marchas y contramarchas institucionales.
* Editor General de Observanto - contacto: abosoni@observanto.net
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