Chechenia: frente a los avances rusos el conflicto se regionaliza


  Por:  Luis Schenoni * 

03/10/2009 - 17:18 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
Mapa del conflicto - Imagen: BBC
 
     

La información sobre la guerra que Rusia libra en Chechenia desde 1999 ha adquirido este año un cariz de especial interés. Mientras la OTAN y los intereses norteamericanos se encuentran empantanados en Afganistán, la prensa rusa pareciera reflejar la continuidad de una contundente victoria en el Cáucaso Septentrional a punto tal que Moscú ha llegado a asegurar este año la inminente finalización de sus operaciones militares en la región.

A juzgar por los trascendidos debiéramos creer que la victoria de los rusos no sólo es contundente, sino verdaderamente asombrosa, desde que esta semana el mismo presidente del país, Ramzan Kadyrov, lideró “personalmente” una operación que abatió a ocho rebeldes sin dejar bajas en las fuerzas de seguridad o, sólo por citar otra noticia de la semana, los guerreros fedayin han comenzado a inmolarse sin causar bajas civiles o de las fuerzas de seguridad.

Nuestra interpretación de las noticias sobre Chechenia no puede llevarse a cabo sin rememorar, aunque sea brevemente, la historia reciente del manejo mediático del conflicto desde Moscú. La primera guerra ruso-chechena (1994-1996) dejó en este sentido una clara enseñanza al Kremlin. Durante esta campaña la prensa hizo públicas las prácticas de tortura llevadas a cabo por las fuerzas de seguridad rusas (que involucraron prácticamente a toda la población masculina entre 16 y 60 años del sur del país caucásico) y las atrocidades de los bombardeos sobre la población civil, propiciando en occidente y el mundo musulmán una imagen encomiástica del rebelde checheno que favorecería a los intereses separatistas tanto mediante la presión diplomática de la OSCE como a través del financiamiento privado externo a los rebeldes.

En las vísperas del nuevo conflicto desatado en 1999, Rusia ya había comprendido la importancia de controlar a la prensa. La imagen positiva de la guerra (que entre otras cosas llevaría a Putin a su primera presidencia) se logró a partir de una restricción casi absoluta al ingreso de los periodistas extranjeros en la región. Todo aquello que logró ocultarse sólo podemos deducirlo a partir de las cifras de la campaña militar (más del doble de efectivos desplegados y varias semanas más de bombardeos a los centros urbanos en relación a 1994) y sobre todo a la luz de la contundente reducción de las operaciones rebeldes chechenas durante los años siguientes. Una nota de la crueldad con que Rusia se decidió a combatir esta insurgencia puede verse en la frialdad con que las autoridades de Moscú decidieron reducir los operativos de toma de rehenes de los rebeldes, dejando en algunos casos centenares de civiles muertos.

Los acontecimientos del 11-S y la expansión de las operaciones de Al-Qaeda hacia objetivos en Europa han hecho desaparecer las críticas que algunas democracias occidentales efectuaron inicialmente a Rusia por el autoritario manejo de la prensa chechena. En adelante, incluso la desaparición de algunos periodistas independientes pasaría prácticamente inadvertida.

Pero el hecho de no poder conocer con exactitud aquello que sucede en el Cáucaso ruso, no nos quita la posibilidad de analizar la situación actual si eliminamos los visos de espectacularidad con que se nos presentan las victorias rusas y nos concentramos en la cantidad y frecuencia de los episodios de violencia.

Mismo en la “periferia cercana” de Chechenia las noticias no han sido en absoluto positivas para Moscú. El pasado mes el presidente de Ingusetia, Yunus-Bek Yevkurov, fue víctima de un atentado que puso en peligro su vida y causó la muerte de cinco de sus guardaespaldas. La semana pasada un alto funcionario y el jefe de la policía de Daguestán fueron asesinados. Las noticias de las repúblicas lindantes con Chechenia evidencian dos realidades; en primer lugar, que la situación dentro de Chechenia no puede ser lo estable que aparenta; en segundo lugar, que el conflicto se ha regionalizado al punto de amenazar la estabilidad de todo el Cáucaso Septentrional y por qué no, la estabilidad de los conflictos latentes en la inmediata Transcaucasia georgiana (Abjasia y Osetia del Sur) vinculados a esta región por el crimen organizado en sus muy diferentes formas y hasta el momento en un delicado equilibrio.

En lo que a Chechenia respecta, difícilmente Rusia pueda finiquitar sus operaciones militares en una región que lleva diez años en constante rebelión. Por más que las operaciones de los rebeldes hayan alcanzado niveles mínimos de intensidad y frecuencia estas continúan y tienen un alto potencial de resurgir frente a menores niveles de represión.

En síntesis, a pesar de las portentosas victorias militares que la prensa nos acerca, Rusia sigue empantanada en Chechenia, en su guerra personal contra el terrorismo. Habrá que estar atentos en un futuro a la evolución de la criminalidad y el terrorismo en las restantes regiones caucásicas. Quizás lo que en Afganistán provocó un cambio integral de estrategia hacia la región (bajo el nombre de AfPak) deba ser emulado por Rusia en una estrategia integral para el Cáucaso.


* Analista internacional. Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina y Coordinador del Programa de Estudios sobre América Latina de la misma. Director de la revista Ágora Internacional de la Asociación para las Naciones Unidas de Argentina (ANU-AR).


Inicio | Latinoamérica | EE.UU.| Europa | Global | Académica | Anteriores | Publicidad | Acerca De | Contacto
Observanto ® Copyright 2008-2010. Todos los derechos reservados.


Creative Commons License

Observanto - Análisis Internacional is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 2.5 Argentina License. Based on a work at www.observanto.com y/o www.observanto.net. Permissions beyond the scope of this license may be available at http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.5/ar/.