Triunfo personal y político para Merkel en Alemania
Por: Adriano Bosoni * |
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Merkel, victoriosa - Imagen: Reuters |
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Angela Merkel está feliz. No le faltan motivos: su partido, la Democracia Cristiana (CDU), superó ampliamente a los socialdemócratas (SPD) y logró el primer puesto en las elecciones alemanas. Se termina entonces la llamada “Gran Coalición”, esa incómoda alianza que obligó a las dos agrupaciones más grandes del país a compartir el gobierno durante cuatro años. Tras el holgado triunfo, los democristianos podrán asociarse con los Liberales (FDP, que salieron terceros) y formar un gabinete orientado a la centro-derecha.
Fue una jornada triunfante para la actual canciller, que vio revalidado su liderazgo al frente de la principal potencia europea. Con el 34% de los votos, la CDU aplastó al SPD, que apenas consiguió el 23% de los sufragios. Merkel consiguió así borrar el sabor amargo que le dejaron los comicios de 2005, cuando ambos partidos alcanzaron un empate técnico y se vieron forzados a formar un gobierno conjunto tras intensas negociaciones. En dicha oportunidad, muchos dudaron de la capacidad de Merkel para conducir el país. Y aunque la líder democristiana finalmente se quedó con la dirección del Ejecutivo, pocos pudieron olvidar que su gobierno era el resultado de una atípica configuración de fuerzas.
Por lo tanto, los actuales comicios significan un retorno a la “normalidad” electoral en Alemania. Tradicionalmente, los Liberales han funcionado como el “partido pivote”, es decir, la tercera fuerza que se alía con cualquiera de los dos grandes para formar un gobierno. Así, el FDP ha compartido coaliciones tanto con la CDU como con el SPD. Sin embargo, esta vez el Partido Liberal Demócrata accede al poder desde una inusual posición de fuerza, tras obtener un sorprendente 14,6% de los votos.
En consecuencia, muchos analistas consideran que este pequeño partido buscará empujar Alemania hacia la derecha. En su plataforma electoral, los Liberales defendieron la reducción de impuestos, la flexibilización laboral (para abaratar los costos de contrataciones y despidos), la continuidad de la energía nuclear y la intervención limitada del Estado en asuntos económicos.
Ante este panorama, los próximos meses demostrarán cómo responde Merkel a tales presiones, sobre todo cuando la crisis internacional llevó a su gobierno a proponer mayores mecanismos de supervisión financiera y un incremento de la presencia estatal en la economía. Si bien durante la campaña los Liberales habían anunciado su intención de aliarse con los democristianos, también criticaron su postura “moderada” en materia económica.
Además el titular de los Liberales, Guido Westerwelle, se quedará con el Ministerio de Relaciones Exteriores. En los últimos tiempos, esta crucial cartera se vio opacada por la arrolladora presencia de Merkel a nivel internacional. De hecho, la líder germana eclipsó a su ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, quien ocupaba este puesto en representación del SPD durante la “Gran Coalición”. Por su personalidad, es factible que Westerwelle no tolere que dicha situación se prolongue y exija un mayor protagonismo en la conducción diplomática del país.
Pero si el desempeño de los socialdemócratas decepcionó por su pobreza, la performance de los partidos pequeños dio la sorpresa de los comicios. No solamente los Liberales lograron su mejor resultado histórico, sino que otras agrupaciones “menores” dieron el zarpazo. Es el caso de La Izquierda, que arañó el 12% de los sufragios, y de los Verdes, que obtuvieron casi el 11%. A todas luces, la prolongada hegemonía de los dos partidos grandes se ve actualmente debilitada por el crecimiento de entidades alternativas, que amenazan con modificar el escenario electoral del país.
Merkel consolida su liderazgo
En rigor, la continuidad de Merkel estaba prácticamente asegurada. El único interrogante que se extendió durante toda la campaña fue quien acompañaría a los democristianos en el gobierno. Si los socialdemócratas hubieran obtenido un resultado positivo, la “Gran Coalición” hubiera prolongado su existencia. Sin embargo, el pobre desempeño de este tradicional partido parece demostrar que los germanos optaron por un leve cambio político, que no altere los lineamientos generales pero que incline al país levemente hacia la derecha.
En materia política, las coincidencias entre los competidores eran más que los disensos. De hecho, durante los debates previos a la elección no se observaron grandes diferencias ideológicas en cuestiones cruciales como la posición germana en Europa, el vínculo con Estados Unidos o incluso la presencia de tropas en Afganistán. Sólo el desafortunado bombardeo en el norte afgano a comienzos de septiembre logró sacudir durante algunos días una contienda de inusual tranquilidad.
Así las cosas, las elecciones abren una nueva etapa en la asombrosa vida política de Angela Merkel. Tras llegar a la cabeza del Ejecutivo germano en el contexto de la atípica “Gran Coalición”, esta nativa de ex Alemania del Este se consolidó como una líder inteligente, mesurada y hábil. No sólo construyó su prestigio a nivel interno, sino que también tuvo una marcada presencia internacional.
Por cierto, le tocó responder a desafíos globales de toda índole, y la mayor parte del tiempo lo hizo con paso firme. En 2007, tomó las riendas de la Unión Europea y dio impulso al Tratado de Lisboa, la solución que el viejo continente diseñó para salir de la crisis generada por el fracaso del proyecto constitucional. Un año más tarde, encabezó los esfuerzos europeos para sacar a la región de la descomunal crisis financiera. Semanas atrás, su país se convirtió en el primero de la UE en salir de la recesión. Ahora, la victoria democristiana ratifica la confianza de la ciudadanía alemana en su líder. De aquí en adelante, la confirmación de que los votantes tomaron la decisión correcta está en manos de la propia Merkel.
* Editor General de Observanto - contacto: abosoni@observanto.net
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