Obama retira misiles de Europa: ¿Adiós “Primacy”, bienvenido el Concierto?


  Por:  Juan Manuel Pippia * 

19/09/2009 - 13:05 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
Obama y Medvedev - Imagen: NPS Global
 
     

En una nota publicada en diciembre de 2008, el académico argentino Carlos Escudé, advertía sobre tres nodos de intereses encontrados. En primer lugar, Medio Oriente, luego el Sur de Asia y por último, pero no menos importante, el espacio post-soviético. Dichos nodos presentan la mayor conflictividad global y los mayores desafíos en materia de seguridad, para Washington. Los mismos se articulaban como un nudo gordiano, siendo imposible ser abordados al mismo tiempo.

Para reforzar la presencia en Afganistán (Asia del Sur) los estadounidenses deberían retirar tropas de Irak. Pero si retirasen tropas del convulsionado país, podrían poner en peligro la reciente estabilidad lograda tras la consolidación de la estrategia surge. De esta manera, dejarían un escenario ideal para la proyección de influencia iraní; quien, aprovechando el vació de poder dejado por los americanos, podrían comenzar a evaluar, seriamente, la posibilidad de transformarse en la verdadera potencia regional del primer nodo: Medio Oriente.

Al mismo tiempo, si India incrementa el despliegue de tropas en su frontera con Pakistán, como producto de la actividad terrorista que el 2008 dejara -un sangriento saldo- Islamabad se verá en la obligación de trasladar tropas a su frontera con India y desproteger su caliente y porosa frontera con Afganistán.

En cuanto al tercer nodo, el espacio post-soviético, Rusia siempre ha tenido cartas que jugar, y la actual decisión de dar marcha atrás con el escudo misilístico propuesto en Polonia y en República Checa, dejará un tendal de repercusiones no sólo relacionadas con Irán y las probables sanciones que provendrían del Consejo de Seguridad, sino al alto perfil que ahora adopta Rusia frente al avance de la expansión europea hacia el Este, y el rol que la OTAN juega en el mismo.

En cuanto a Medio Oriente, su carta consiste en la asistencia científico-tecnológica a favor del programa nuclear iraní y la venta de modernos sistemas de armas, como misiles antiaéreos que buscan proteger a Irán de una eventual agresión estadounidense o israelí. Estás dos cartas que juega con Irán, perfectamente, podría presentárselas a otros Estados de la región, ansiosos de no quedarse rezagados.

En cuanto a Asia del Sur, las cartas de Rusia son principalmente dos. En primer lugar se encuentra la competencia geopolítica con Washington en Asia Central. Más precisamente, en cuanto a la colocación de bases. Los americanos necesitan bases aéreas en Asia Central para proveerse de suministros vitales que nutren al esfuerzo bélico en Afganistán. En este sentido, la carta de Moscú sería dejar de presionar a las republicas de Asia Central para que estas cedan territorio para el alquiler de bases. La cooperación en materia de inteligencia contra-terrorista podría ser otra carta que, eventualmente, Moscú ofrecería.

En definitiva, lograr la cooperación de Moscú en los nodos de Medio Oriente y Asia del Sur solo se podría lograr aceptando ceder en el nodo del espacio post-soviético. Esto significa, abandonar los planes de expansión de la OTAN hacia Ucrania y Georgia y archivar la colocación del escudo misilístico en Europa Oriental. En palabras de Escudé “El precio de la cooperación del Kremlin frente a los ayatolas iraníes parece ser, por lo menos, la eliminación de la estrategia estadounidense de tender un cerco militar alrededor de Rusia”.

La decisión del presidente Obama, de cancelar el proyecto misilístico, parece indicar –a todas luces– que Washington ha evaluado a Rusia como una amenaza menor que la conflictividad de los nodos de Medio Oriente y Asia del Sur. Como para que no queden dudas, al día siguiente de las declaraciones de Obama, el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, afirma que se debería explorar el potencial de ligar los sistemas balísticos de defensa de los EE.UU., la OTAN y Rusia.

Aún siendo muy temprano para evaluar las implicancias que este anuncio tendrá, si podemos especular con respecto a que señales se encuentra emitiendo Washington y de esta forma, dilucidar cuales son sus nuevas prioridades estratégicas.

En el plano de la Grand Strategy, la administración Obama parecería que se encuentra dispuesta a sincerar la futilidad de la estrategia de Primacy. Dicha estrategia, seguida con mayor o menor intensidad desde la era Clinton, y que tuvo su apogeo con la invasión de Irak, afirmaba que la mejor garantía para la paz y estabilidad global era asegurar la preponderancia del poder militar de los EE.UU. La desarticulación del escudo, junto a una diplomacia más consensual y a un menor ejercicio del poder de forma unilateral, parecería indicar que los EE.UU. buscan ahora una estrategia de Concierto; definida esta como el sostenimiento del liderazgo internacional estadounidense, pero sobre la base del consenso y dialogo con las otras Grandes Potencias.

Un análisis desde la geopolítica, nos indicaría que la expansión de la OTAN y, de forma más indirecta, de la influencia de EE.UU. en Europa Oriental, parecería llegar a su límite. El abandono del proyecto misilístico desjerarquiza a Europa de la agenda estratégica de los EE.UU. Finalmente, se le reconocería a Rusia una esfera de influencia en Europa Oriental –con epicentro en Ucrania- pero con mayor intensidad, en el Caucáso. Al mismo tiempo, confirmaría la profundización de la inserción norteamericana en Asia, particularmente, el Medio Oriente, Asia Central y, en menor medida por ahora, en Asia del Sur.

En un plano más táctico, el anuncio de Obama, ratifica que la Guerra de Afganistán es la prioridad número uno de su Administración. Efectivamente, la cancelación del escudo y, de forma más indirecta, la desarticulación de la hipótesis de conflicto con Moscú, liberará fondos que –de otro modo- hubiesen ido hacia sistemas de armas y equipo convencionales (como tanques, blindados, bombarderos estratégicos y otras “armas grandes”). En cambio, ahora serán transferidos hacia el sector no convencional (como fuerzas especiales, aviones de apoyo cercano, helicópteros y otras “armas ligeras” que son más propias para combatir una guerra de guerrillas).

En síntesis, el anuncio de la suspensión del escudo misilístico, abre la posibilidad de una amplia reconfiguración de las prioridades estratégicas de Washington.

Aún desconociendo sus alcances reales, no sería desatinado especular con la posibilidad de ver a unos EE.UU. cada vez más concentrados en los asuntos asiáticos y que gradualmente comienza a desentenderse de la defensa de Europa. Este desentendimiento, no lo hace en orden de delegar el poder hacia una Europa más autosuficiente en materia de seguridad, sino por una obligada economía de recursos a la que Washington debe someterse, de no querer ser presa de lo que Paul Kennedy denomino over-stretching. Es decir, hacer sangrar a su economía nacional en función de cumplir con una desbordante agenda de compromisos estratégicos, desparramados por todo el globo.

En definitiva, la cancelación del Escudo misilístico y la probabilidad de entrar en una estrategia de Concierto pueden explicarse como una nueva apreciación que realiza Washington de su poder (en baja), del desgaste de la unipolaridad y del cansancio (sobretodo en términos de recursos militares) del ejercicio del poder de forma unilateral. La estrategia de Primacy, que imperó casi por completo desde el fin de la Guerra Fría, podría estar llegando a su fin y dado la prioridad de Afganistán, el primer frente a ceder sería Europa Oriental.


* Analista internacional. Licenciado en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (Argentina) y Magister en Relaciones y Negociaciones Internacionales (FLACSO-San Andrés)


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