Luces y sombras del primer semestre de Obama en la Casa Blanca


  Por:  Adriano Bosoni * 

22/07/2009 - 09:41 |  | Enviar por e-mail 

 

 
 
 
"Super" Obama - Imagen: abc.es
 
     

Barack Obama llegó a los primeros seis meses de su presidencia con una mezcla de objetivos cumplidos y asignaturas pendientes. Mientras que su propuesta de establecer “un nuevo comienzo” en la relación de Estados Unidos con la comunidad internacional fue bien recibida en todo el mundo, la monumental crisis financiera todavía golpea con fuerza a la economía doméstica, al tiempo que el ambicioso proyecto de reforma del sistema de salud podría consumir rápidamente el cuantioso caudal político del carismático líder demócrata.

A grandes rasgos, podría decirse que la flamante Administración Obama atendió tres temas centrales durante este semestre. En primer término, buscó reconstruir la deteriorada imagen de Estados Unidos en el resto del planeta. De la mano de George W. Bush y sus guerras preventivas, el país sufrió en los últimos tiempos los índices más bajos de reprobación global. A fin de saldar esta deuda, Obama procuró consolidar la tradicional alianza con Europa, reestablecer las relaciones con el mundo musulmán e incluso acercarse tibiamente a la desatendida América latina.

Hábil en el uso de la palabra, el presidente norteamericano ofreció conmovedores discursos en los que prometió un retorno al multilateralismo y buscó marcar diferencias con el belicoso estilo de la gestión republicana. En Egipto y en Ghana, en Rusia y en Trinidad y Tobago, el afroamericano defendió el valor del diálogo y la comprensión entre naciones. Incluso se mostró dispuesto a conversar con adversarios, como el régimen teocrático iraní; con detractores, como la Venezuela de Chávez; y con socios intermitentes, como la Rusia de Putin y Medvedev.

En otros aspectos, los logros son más tenues. Respetó su promesa de campaña y ordenó el cierre de Guantánamo, pero sus asesores todavía no consiguen resolver el complejo entramado legal que supone la reubicación de los prisioneros. También procuró un tibio acercamiento con la Cuba de los hermanos Castro, pero las medidas fueron más cosméticas que de fondo. A su vez, aunque criticó las torturas cometidas en nombre de la “lucha contra el terror”, Obama afirmó que prefiere “mirar hacia delante” y no emprender una caza de brujas contra funcionarios del gobierno de Bush. Y pese a que el anunciado retiro de las tropas norteamericanas en Irak se está produciendo, la creciente violencia en el frente AfPak (Afganistán-Pakistán) está todavía muy lejos de su fin.

Finalmente, muchos analistas critican el protagonismo excesivo del presidente en materia de política exterior, mientras que la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el vicepresidente, Joe Biden, quedaron eclipsados ante el carisma arrollador del ex senador. Consciente de ello, en las últimas semanas la gestión demócrata se esforzó en levantar el perfil de la esposa de Bill Clinton. Con ello se busca, además, calmar al sector del partido que durante las primarias apoyó a la ex primera dama y ahora reclama una mayor exposición pública de la experimentada dirigente.

El segundo gran desafío de Obama fue la respuesta norteamericana a la descomunal crisis económica internacional. En este sentido, el presidente destinó buena parte del monumental programa de estímulo (calculado en casi 800.000 millones de dólares) a la reactivación del sistema financiero y a la reestructuración de algunas empresas clave, con General Motors como caso paradigmático.

Sin embargo, el desempleo se disparó a niveles récord, al tiempo que el ya abultado déficit público sigue creciendo fuera de control. Con una tasa de desocupación en torno al 10%, y con un déficit por encima del billón de dólares (ello es, un millón de millones), el equipo económico del líder afroamericano tiene por delante una ardua tarea de saneamiento de las cuentas nacionales y de generación de puestos de trabajo.


El desafío inmediato: la reforma del sistema sanitario

Aunque los dos ejes anteriormente mencionados –la política exterior y la economía- serán de gran relevancia en el mediano plazo, no es en ellos donde Obama se juega el futuro inmediato de su gestión. En rigor, el ex senador tiene por delante un desafío aún mayor: la reforma del monumental, costoso e ineficiente sistema de salud norteamericano. Un sistema que gasta más recursos que sus contrapartidas europeos, pero que deja sin cobertura a unos 40 millones de estadounidenses. Varios gobiernos anteriores buscaron, sin éxito, modificar esta estructura. Ahora es el turno de Obama, y la tarea no resultará nada sencilla.

Si bien el presidente asegura que el nuevo sistema será económicamente viable, son muchos los ciudadanos que dudan respecto de tal promesa. A ello se suman numerosos legisladores, tanto republicanos como demócratas, quienes temen que dicha reforma sólo consiga aumentar aún más el descomunal déficit del Estado. Así las cosas, el debate en el Congreso promete ser arduo y desgastante, y Obama arriesgará en él buena parte de su caudal político.

De hecho, aunque la popularidad del líder sigue siendo elevada (en torno al 59% según encuestas recientes), cada vez son más los norteamericanos que ven con escepticismo el devenir de la economía y desconfían de la tan anunciada reforma sanitaria. Para ellos, el desempleo y la cobertura médica son asuntos más urgentes que la guerra contra el terrorismo o la oferta de diálogo a socios y adversarios.

En síntesis, el primer semestre de Obama en la Casa Blanca estuvo plagado de turbulencias y frentes abiertos. Lógicamente, gran cantidad de los problemas actuales forman parte de la herencia recibida tras ocho años de un gobierno republicano que dejó un país endeudado, desprestigiado y sumido en dos guerras. El nuevo mandatario destinó buena parte de sus energías a enmendar los desaciertos de su antecesor, al tiempo que comenzó a incluir algunos temas propios en la agenda de debate nacional. Tras medio año de gobierno, la credibilidad del presidente todavía es gigantesca. Los desafíos presentes y futuros, también.


* Editor General de Observanto - contacto: abosoni@observanto.net


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