Ballotage en Chile: victoria de Piñera y ejemplo de un país
Por: Juan B. Scartascini del Río * |
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E. Frei abraza a Piñera - Imagen: Mercurio-EFE |
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El enigma sobre la continuidad del gobierno de la Concertación chilena fue finalmente develado en la segunda vuelta de las presidenciales del pasado 17 de diciembre. Aunque el resultado fue reñido, se ajustó a las previsiones estadísticas provistas por las más prestigiosas consultoras del andino país.
De acuerdo al definitivo computo oficial provisto por el Ministerio del Interior chileno, el empresario Sebastián Piñera Echenique, representante de la Coalición por el Cambio, obtuvo el 51,87% del caudal de votos, mientras que su competidor de la Concertación de Partidos por la Democracia, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, llegó al 48,12%.
Así, por primera vez en las dos décadas de recuperada la democracia, el país chileno dejará de ser dirigido por la Concertación –usualmente caracterizada con cánones de centro-izquierda- para pasar a ser dirigido por una coalición de reconocida tendencia liberal.
Algunos dirán que la derecha chilena llega por primera vez al poder después del extenso interregno pinochetista, otros que los conservadores regresan al poder a través de las urnas después de más de medio siglo… Lo cierto es que la popularísima Michelle Bachelet con índices de aceptación récord para la historia de su país, será sucedida por el mayor exponente de la oposición.
No obstante, y más allá de la denominación electoral de la coalición de centro-derecha, pocos son los cambios que se vislumbran en el horizonte chileno, una sociedad que logró superar gran parte de los obstáculos en los que se hunden muchos de sus vecinos latinoamericanos, y que logró trazar directrices claras y precisas sobre las cuales transitaron las políticas de Estado que a lo largo de dos décadas, el gobierno de la Concertación supo implementar.
Aunque aún con déficits y no con menos errores, Chile ha logrado mostrarse como una sociedad cohesionada, sin dejar de lado ni olvidar los costos y las enemistades por las cuales ha tenido que pasar. La última elección presidencial, y más precisamente la segunda vuelta de la misma, ha sido fiel reflejo de tal situación.
En primer lugar, cabe destacar la celeridad y la limpieza de los comicios. Antes de caer la tarde, ya se conocía el sucesor y para entonces, el propio Eduardo Frei fue al mismísimo bunker del victorioso Piñera a felicitarlo y, en tal acto de hidalguía, reconocer la derrota.
La imagen no podría ser más brillante; refleja la cohesión política de un país que supo sufrir largas y profundas enemistades; refleja la aceptación de cánones políticos poco asiduos en Latinoamérica; y, en definitiva anticipa que la gestión del multimillonario empresario Piñera poco diferirá de la gestión de su antecesora Michelle Bachelet, al igual que ésta y Ricardo Lagos, éste y el propio Eduardo Frei y su antecesor demócrata cristiano, Patricio Aylwin.
El más que llamativo y no menos efusivo abrazo del derrotado Eduardo Frei, quien pareciera colgarse de su victorioso competidor, seguramente quede en la memoria colectiva de los chilenos, como el paradigma de la “cambiante continuidad” que se ve venir a partir del 11 de marzo próximo al asumir Piñera, el máximo sitio de poder de su país.
O tal vez, tal muestra de emotividad, ponga al descubierto los cortocircuitos evidentes en la Concertación, saliendo a la luz en el preciso momento en que el desgastado candidato, Senador y ex Presidente, no pudo llegar a un segundo mandato, continuar con el gobierno de la centro-izquierda, y suceder a la popular Bachelet, quien finalmente absorbe la derrota.
Emociones más emociones menos, lo cierto es que el mismo Frei Senador de la oposición, al momento de saludar junto a su esposa, a Piñera y su señora, declaró que desde su banca, ofrecerá un rol constructivo aunque no menos opositor.
Inicio de la continuadora transición
Sebastián Piñera y Michelle Bachelet ya se encuentran concentrados en transitar por el proceso que alejará a uno y recibirá a otro en el gobierno. A la mañana siguiente un desayuno de trabajo dio la bienvenida al presidente electo, por parte de la primer mandataria.
Desde entonces ambos se han mostrado activos y juntos en diferentes situaciones y apariciones públicas, aunque la sinergia comienza a romperse en la declarada ausencia de Piñera a la “re-asunción” de Evo Morales a su segunda presidencia en la vecina Bolivia, acto del que participaron mandatarios y enviados de toda Hispanoamérica. En la –ya histórica- primera asunción al gobierno de Morales, la entonces recientemente electa Bachelet acompañó al saliente Lagos, algo a lo que Piñera se resistió, anticipando que los primeros roces llegarán de la cartera de exteriores, y más precisamente con el gobierno Boliviano en las antípodas de su vecino.
El dilema de la popularidad y la frustrada sucesión
El caso de Michelle Bachelet comienza a marcar una tendencia que quizás empiece a determinar las suertes de más de un gobierno latinoamericano. Desde tiempos inmemoriales, la descomunal popularidad de grandes líderes se ha visto frustrada por la incapacidad de continuarla a través de un sucesor. El paradigma se ha repetido incontablemente en ámbitos mayormente latinos, y en especial en los diferentes gobiernos iberoamericanos a lo largo de los últimos dos siglos.
El caso chileno, aunque atenuado por el hecho de que Bachelet es la cuarta etapa de un mismo gobierno, no escapa a tal dilema. Aunque ningún líder ha obtenido índices de aprobación tan altos como la actual primer mandataria, Bachelet no fue capaz de mantener una sucesión del mismo color político.
Al igual que el Brasil del popularísimo Lula, quien no es capaz de ubicar a la no menos polémica Dilma Roussef como una clara sucesora, Chile, Bachelet y Piñera quizás hayan dado el puntapié inicial de líderes sumamente populares pero incapaces de retener el poder para su partido. A lo largo de los meses siguientes evidenciaremos qué tan contagioso es tal efecto, que ya amenaza con las aspiraciones de los partidos gobernantes en Brasil, Colombia, y quizás den sorpresivas muestras en otros países de la región.
* Director General de Observanto - contacto: jscartascini@observanto.net
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